
Puesta en escena impecable, colores brillantes, ropa bien elegida... La comida es lo de menos. FOTO: Ahmed/Pexels.
Que le guste al algoritmo no significa que sea saludable
Si parece ultra saludable, es emocionante y acumula muchos likes, podría no ser un buen consejo nutricional
La informaciones falsas o sesgadas sobre nutrición se alimentan de nuestras emociones. Cuanto más ilusionan, más efectos milagrosos prometen o más nos enfadan, mejor funcionan. Y más rápido se expanden.
24 DE FEBRERO DE 2026 / 14:00
¿Quién no querría comer sin límites y no engordar? ¿O identificar esos alimentos capaces de curarlo todo, cual bálsamo de Fierabrás, desde el acné al cáncer más agresivo? O encontrar a un sabio con unas ideas sobre nutrición tan revolucionarias que no hubiera más remedio que creerle. Son cuestiones que van más allá de la razón. Apelan a nuestros deseos y emociones más irracionales, esos que nos conectan con un universo mágico de buenos y malos, de remedios mágicos y gurús con verdades absolutas. Los bulos sobre nutrición que se adhieren como pegamento a las emociones y hasta cuesta convencerse de que no son ciertos.
Valgan como ejemplos estos mensajes: ‘Hay que beber 2 litros de agua al día obligatoriamente’, ‘El agua deshidrata’, ‘Si es light no engorda‘, ‘Este bizcocho de chocolate es saludable porque lleva eritritol en vez de azúcar’, ‘Esta bebida detox te quita las toxinas del cuerpo y te hará sentirte más ágil’, ‘La leche cruda no es peligrosa si la tomas nada más ordeñarla’… ¿Quién le va a negar a un influencer sin camiseta que luce un sixpack envidiable que no está bien demonizar los hidratos de carbono? El cerebro cree antes lo que ve (un chico o una chica guapo/a y de aspecto deportista) que lo que tiene que hacer el esfuerzo para leer o escuchar de boca de alguien con gesto de profesor de universidad.
Y ese es el problema. En la era de las redes sociales la información vuela rápido y apela a las emociones, a lo irracional, incluso, a lo que nos enfada o nos irrita. Tendemos a creer a quien piensa, viste o actúa como nosotros y pecamos de sesgo de confirmación. Pero el bulo sobre nutrición ya ha engatusado a nuestras emociones. Lo malo es que cuando cala en la salud sus efectos son devastadoramente reales.
Si es demasiado bonito, desconfía
Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo de alimentos, señalaba un webinar organizado por la Academia Española de Nutrición y Dietética que «si algo es demasiado bonito para parecer cierto, quizás no lo sea. Hay que huir de personas que venden alimentos milagrosos o alimentos que son todo lo contario, tóxicos, que enferman. También de perfiles que te hagan sentir mal o culpable, o que lo que dicen nos haga obsesionarnos». Ni el gluten mata, ni es un problema beber leche de vaca si no tienes intolerancia a la lactosa o una alergia a alguna de sus proteínas.
En similares términos se refería Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos y dietista-nutricionista, al destacar que «si un mensaje genera una emoción (cualquiera) muy potente, hay que tener cuidado. La desinformación es información emocional y, a pesar de que la emoción no se puede controlar, sí está en nuestra mano qué hacer con esa emoción».
Su colega Juan Revenga advirtió que «titulares sensacionalistas o clickbait suelen ser sinónimo de alerta». Se refiere a mensajes que todos hemos leído: beber cerveza mejora el rendimiento deportivo o ayuda a tener una melena encomiable (pese a que el alcohol es todo menos saludable), o que tomar una cucharada de aceite de coco en el café (el famoso Bulletproof Coffee) actúa como quemagrasas (cuando, simplemente, añade unas 120 calorías extra a tu dieta).
No todo lo que dice ser científico lo es
Nuestros padres nos enseñaron que hay cosas que no se comen, hábitos nutricionales que no son saludables y platos que son, sencillamente, un riesgo para la salud. Pero, ¿y si no tienen razón? ¿Por qué no voy a creer a ese personaje que dice ser médico, hace sus directos con una bata blanca y en sus vídeos recita cifras de calorías con una rapidez pasmosa? Juan García, fundador del portal Ágora Nutrición, portal que lucha contra la desinformación y los bulos sobre nutrición, destaca que «estamos diseñados para que nos atraiga lo negativo. A ello contribuyen los algoritmos, que controlan los segundos que pasamos mirando la pantalla y viralizan contenidos. Ante este escenario de descontrol, hay que poner un filtro para que los bulos tengan una pared y no puedan seguir».
Para la dietista-nutricionista Xusa Sanz «las palabras ‘evidencia científica’ están en muchos discursos, a pesar de que no tener nada que ver con la ciencia o con el método científico. El concepto de ‘ciencia’ se utiliza muchas veces como reclamo o argumento de venta y no siempre es cierto». Un primer paso para blindarnos frente a quienes se presentan con todo el rigor científico sin tenerlo sería perder el miedo a contrastar información. «Sin embargo, uno de los mayores problemas es que la gente no sabe cribar la información que les llega y que está al alcance de todos. Falta capacidad para saber lo que es cierto y lo que es falso».
Cuatro pilares para que no nos tomen el pelo
- Comprobar la veracidad. Internet lo pone fácil. Si se cita un estudio, podemos buscarlo para ver si existe y si realmente dice eso que cita el creador de contenido.
- Buscar fuentes de solvencia. Desde la web de la propia Academia Española de Nutrición a las webs de hospitales y entidades científicas, como la CUN, el CSIC, AZTI (especializado en el medio marino y la alimentación), IRTA (Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias), AINIA (Asociación de Investigación de la Industria Agroalimentaria)…
- Cuestionar los estudios financiados por marcas. No quiere decir que siempre sean bulos, pero requieren que extrememos las alertas ante el conflicto de interés.
- Desconfiar si la información sugiere comprar un producto. La información interesada no suele ser buena consejera.
Y ahora, ¿qué?
Se suele decir que con la salud no se juega, pero lo cierto es que las redes sociales han convertido la nutrición en un espectáculo. Porque el algoritmo no sabe de ciencia, sino de tráfico y lo que busca es que haya movimiento. En este escenario confluyen quienes buscan hacerse famosos a cualquier precio y saben que las majaderías siempre funciona bien porque atraen a quienes las creen y quienes entran a rebatirlas. También están los negacionistas, los todólogos y los del amimefuncionismo. Los apóstoles de los superalimentos y los de las dietas milagro. Cuanto más incendiarios sean los mensajes, más apelan a ese cerebro reptiliano que nos impulsa a tener reacciones rápidas e impulsivas. Bulos sobre nutrición y emociones se complementan y crecen juntos.
Y es entonces cuando hay que recordar que en nutrición nada es blanco o negro. También, que nadie da duros a dos pesetas y que los alimentos no son la cura universal para nada. Pueden ayudar a mantenernos alejados de la enfermedad siempre que sean saludables, pero ningún alimento va a curar ninguna enfermedad. Y que no solo se trata de contar calorías. Por muchos likes que tenga ese mensaje.
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