
Una cosa es tomarlos en una buena ocasión con amigos y otra bien distinta, beber litros de refrescos light al cabo de la semana. FOTO: Zamrznutitonovi/Getty.
No solo cuentan las calorías
Beber refrescos light y engordar: la ciencia deja entrever lo que la publicidad no cuenta
En una escala de fatal a excelente, los refrescos light no son tan malos como los azucarados. Pero si los nutricionistas los miran de reojo por algo será.
Por Marcos López
17 DE MARZO DE 2026 / 14:00
Refrescos diet, light y zero. La santísima trinidad de las bebidas comerciales para quienes no quieren engordar y uno de los reclamos de marketing que mejor funciona desde hace años. La publicidad nos incita a pensar que se pueden beber sin límite porque apenas aportan calorías. O son tan pocas que apenas importan. Y resulta que sí.
Un poco de jerga legal
Los términos diet, light y zero hacen referencia a que una bebida tiene poco, o nada, de azúcar. Pero no son lo mismo desde el punto de vista legal. Natalia Migdalova, especialista en Nutrición Clínica y Deportiva y fundadora de Migdal Nutrición, explica que «en la Unión Europea, una bebida light o diet debe presentar una reducción de al menos un 30% del valor energético o de algún nutriente específico, como el azúcar, en comparación con el producto original. Esta reducción debe indicarse claramente en el etiquetado».
Por su parte, «el término zero se utiliza habitualmente para bebidas sin azúcares. Implica un contenido energético prácticamente nulo, aunque siempre es recomendable revisar la información nutricional del producto».
El sabor dulce se logra sustituyendo el azúcar por edulcorantes no calóricos, entre otros el aspartamo, la sucralosa o la stevia.
Solo para ocasiones especiales
Llegamos a la pregunta que realmente importa: si los refrescos azucarados son nocivos para la salud, ¿el hecho de que los diet, light y zero carezcan (casi) de azúcar hace que sean beneficiosos, o al menos inocuos, para el organismo? La respuesta es sencilla: no. Y no por los edulcorantes, porque la evidencia científica disponible demuestra que «los edulcorantes autorizados se consideran seguros cuando se consumen dentro de los límites establecidos por las agencias reguladoras», recuerda Natalia Migdalova.
Pero «la seguridad desde el punto de vista regulatorio no implica que su consumo habitual aporte beneficios para la salud». Por eso mismo «este tipo de bebidas deben considerarse únicamente como una alternativa ocasional al refresco azucarado».
Y lo que es peor, ni siquiera está claro que, como no dejan de tratar de vendernos los anuncios, ayuden a bajar de peso.
No es oro todo lo que reluce
Las cantidades mínimas, cuando no nulas, de azúcar y calorías que caracterizan a este tipo de refrescos evitan las elevaciones rápidas de glucosa e insulina que se producen tras el consumo de los azucarados. Un aspecto que resulta «especialmente relevante desde el punto de vista metabólico en personas con diabetes, prediabetes o con alto riesgo cardiometabólico«.
Aun así, «algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre un consumo elevado de bebidas edulcoradas y un mayor riesgo de diabetes tipo 2 o alteraciones metabólicas, si bien estos datos no permiten establecer una relación causal directa».
¿Sirven para no engordar?
Lo que sí está claro es que los refrescos de toda la vida, rebosantes de azúcares libres, aumentan, y mucho, la probabilidad de padecer obesidad. Pasarse a los light parece una buena opción para no engordar, sin embargo, la ciencia no lo tiene tan claro.
En palabras de la experta, «la evidencia a este respecto no es concluyente. Algunos ensayos clínicos han observado que, dentro de programas estructurados de control de peso, pueden ayudar a mantener la pérdida ponderal de peso a corto y medio plazo. Aun así, este efecto es modesto y muy dependiente del contexto dietético global». Reitera que para beber de forma habitual la bebida de referencia debería ser siempre el agua.
Pueden despertar tu apetito por el azúcar
Estas bebidas que tan apetecibles nos parecen, aún guardan otro as en la manga: no llevan azúcar, pero podrían hacer que te apetezca más el dulce. «Los edulcorantes aportan un sabor intensamente dulce sin el contenido energético que normalmente acompaña a ese estímulo sensorial. Este desajuste puede alterar los mecanismos de regulación del apetito, ya que el cerebro recibe una señal de dulzor que no se corresponde con la llegada real de calorías al sistema digestivo».
Por tanto, de poco sirve tomar una bebida baja en calorías si al final te vas a lanzar a por el carrito de los postres. No en vano, algunos estudios experimentales han mostrado que determinados edulcorantes pueden activar áreas cerebrales relacionadas con el hambre y la recompensa. «Esta activación en ciertas personas podría favorecer un mayor deseo posterior de alimentos dulces».
Ante la duda, agua
Entonces, ¿cuál es el veredicto final? ¿Sí o no a los refrescos diet, light o zero? Pues sí, siempre y cuando se consuman muy de vez en cuando. Como concluye Natalia Migdalova, «dado que la evidencia científica no es homogénea y las recomendaciones oficiales están en continua revisión, lo más prudente es limitar el consumo de bebidas diet, light o zero a situaciones puntuales y no entenderse en ningún caso como sustituto del agua».
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