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quedar con amigas a hacer facturas

Un café, un sitio bonito, tu amiga del alma y a adelantar trabajo como un martes cualquiera. FOTO:: Charlotte May/Pexels.

Tu Excel NO es divertido

El último delirio de la hiperproductividad se llama ‘admin nights’: quedar con amigas a hacer facturas para exprimir más aún el tiempo

Las denominadas 'admin nights' son quedadas entre amigos para hacer facturas, responder emails y resolver esas tareas molestas en compañía. Analizamos cuáles son los problemas de estas quedadas Excel.

Por Marita Alonso

21 DE MARZO DE 2026 / 08:00

Sé que este comienzo puede ser delicado, pero aquí va. La generación Z ha cambiado las discotecas por el gimnasio, el alcohol por las bebidas isotónicas y lo de encadenar salidas durante el fin de semana por  el vermut del domingo al sol. Parece que la fiesta se acabó, queridas mías. Y en su lugar llega la celebración de la productividad. No sé si bostezar o volver a preocuparme por el cortisol, en quien pienso más que en mi madre últimamente. Y que, lejos de ser amigo, es, como dice Sandra Moñino «es un ladrón de estrógenos». Y oye, que mientras hay una hormona dispuesta a aniquilar nuestras maltrechas reservas hormonaless, hay personas que quedan con sus amigas a hacer facturas. 

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¡Necesito más horas en el día!

Si alguna vez has pronunciado esta frase, bienvenida al club. «El ejercicio de malabares para lograr saltar al otro lado de la cerca tiene un nombre: cultura del ajetreo (‘hustle culture’). Una investigación de la Universidad de Indonesia la define como un estilo de vida caracterizado por el trabajo excesivo y la búsqueda constante de la productividad. Esta predisposición a personificar el hombre o mujer orquesta —lo que Paquita Salas llamaría ‘profesional 360’— tiene que ver, defiende el estudio, con la presión social», escribe Mar Manrique en Un trabajo soñado.

«Así, los ‘hustlers’ interiorizan la competencia constante aupada por el neoliberalismo. En otras palabras, la actividad continua y la productividad se convierten en los principales indicadores de éxito de la sociedad urbana contemporánea. Es decir, el valor de cada individuo depende de cuántas horas trabaje al día y cuánto tesón muestre», asegura.

Una tarde de Excel y facturas

Estamos tan agotadas que no tenemos tiempo ni para buscar el amor. Y lo digo porque hay una nueva tendencia en el universo de las citas: ‘choremancing’. Se trata de quedar con tu crush para hacer la compra o hacer recados. Implica, por lo tanto, no tener que reservar tiempo para planes especiales, sino hacer que las citas se infiltren en las obligaciones diarias para… ¿no perder tiempo? Pero al hacerlo, ¿acaso no se elimina la magia de la primera vez? Porque lo de ‘estudias o trabajas’ mientras miras las ofertas en el lineal de la leche desnatada queda un pelín deslucido. 

El siguiente paso es la denominada ‘partyficación’ de la productividad (sí, otro neologismo o palabro horrible): quedar con amigas para hacer facturas, responder emails, poner al día el papeleo… Estas quedadas se conocen también como ‘admin nights’. En resumen, resolver esas tediosas tareas administrativas que tanta pereza dan y aprovechar para quedar con las amigas.

Por un lado, reflejan bien cómo las nuevas generaciones están priorizando las amistades. Pero la idea de que «todo tiene el potencial de ser una fiesta» se me antoja complicada cuando imagino un viernes por la noche rellenando un Excel. Por más que tenga a mis amigas al lado y una copa de vino.

Lo que el Office une no lo separe el hombre

La psicóloga Irene S. Levine explica al medio Vox que considera muy valioso hacer recados con amigos, aunque advierte que no tiene por qué ser estructurado como una fiesta. «Podríais ir juntos al gimnasio o a hacer la compra. Cuando andas corto de tiempo, hacer cosas a la vez con tus amigos mata dos pájaros de un tiro. Estás haciendo cosas, así que te sientes menos culpable», asegura antes de matizar que no hay nada de autocomplacencia en pasar tiempo de calidad con tus amigos. «De hecho, es fundamental para nuestra salud y bienestar emocional», indica.

Analizando sus palabras vemos que ha empleado la expresión «matar dos pájaros de un tiro», como si quedar con los amigos fuera una obligación y no un placer.

Por no hablar de la culpabilidad. Que, al parecer, si te separas dos segundos del ordenador, eres una pecadora en clave Microsoft Office.

Yo también, mea culpa

Confieso que el otro día fui a casa de un amigo para trabajar. Por la tarde, aclaro. El problema es que además del ordenador, llevé una botella de vino, quedando claro que esa quedada era una fórmula para ponernos al día. Una expresión, por cierto, harto peligrosa, porque indica que tenemos que buscar huecos en la agenda para saber de nuestros amigos sin descuidar las tareas.

Hay quienes dicen que este tipo de quedadas les ayudan a no procrastinar. Chris Colin, que es quien acuñó el término ‘admin nights’, explica en Wall Street Journal que, al organizar esas reuniones, los participantes quedaron maravillados ante lo productivos que eran. «Tener amigos trabajando a tu lado, con el mismo brillo burocrático en sus rostros, de alguna manera hace que las tareas más temidas sean manejables. Pequeños proyectos pospuestos durante años —cerrar una cuenta corriente, actualizar un testamento— se vuelven accesibles cuando cuentas con un equipo», asegura.

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¿Es esto lo que queremos?

Pero por más que sea más llevadero poner en marcha ciertas tareas rodeadas de amigos, ¿cómo vamos a diferenciar la vida la laboral de la personal? El confinamiento ya hizo que tal separación fuera complicada. Pues no escarmentamos. ¿De verdad queremos quedar para enviar emails? ¿No tenemos suficiente con quedar para tomar algo sin ser capaces de estar pendientes del teléfono? ¿Acaso queremos convertirnos en trabajadores 24/7? Ojo, lo dice una mujer autónoma que trabaja 35 horas al día los 11 días de la semana, pero precisamente por eso, considero esencial pararnos a reflexionar acerca de qué nos pasa para tener que fingir que quedar para rellenar facturas es una fiesta.

El otro día dos amigas y yo conseguimos encontrar un hueco para vernos. A la hora de organizar la quedada, decidimos pasarnos antes por una presentación. Es decir: el comienzo de la cita de amigas pasa a ser otra obligación laboral más, no vaya a ser que perdamos media hora en tomar algo y no en ser productivas. Lo peor es que me enteré de este cambio de planes porque quien organizó el encuentro, que también es autónoma, cambió la hora de quedada a través de Google Calendar. Y fue entonces cuando me pregunté qué estamos haciendo mal para tener que agendar un encuentro entre amigas como si se tratara de una reunión más. También te digo: en un sarao al menos te tomas algo y charlas. Ya es más que quedar con las amigas a hacer facturas y limpiar el Gmail que tienes a punto de colapsar.

Como descubrió Manrique, de Workaholics Anonymous, una comunidad situada en California que opera a nivel mundial, existe un lema perfecto para terminar: «Tengo tiempo de sobra y tiempo para compartir. Soy más eficaz cuando soy más selectivo. Soy un ser humano, no una máquina de hacer». 

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