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Llega un momento que salir de fiesta ya no te apetece por varias razones tanto físicas como emocionales./ Foto: Uno de 50.

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Por qué ya no sales tanto de fiesta como antes: esta es la razón que da la ciencia

La madurez conlleva un cambio de tus gustos y aficiones, y ya no tienes tanta energía ni la misma capacidad de recuperación que antaño.

Por Marcos López

22 de marzo de 2024 / 13:30

Durante tu infancia no había quien te metiera en casa antes de que se pusiera el sol. Y llegada la adolescencia las tardes se hicieron más largas hasta que, ya en la juventud, conquistaste la noche. Y así seguiste mientras las velas que decoraban las tartas de tu cumpleaños sumaron una veintena y luego una treintena. Hasta que, finalmente, decidiste cambiar las discotecas y bares de copas por la comodidad de tu salón. No porque te falten amigos para disfrutar, como antaño, de la vida social nocturna. Simplemente no te apetece. Y hay una razón para explicarlo.

Pero no se trata únicamente de salir de fiesta. Tu agenda, como la de la mayoría de la gente de tu edad, no está tan liberada como cuando vivías la niñez y quedar con los amigos, con independencia de la hora –y la permisividad de los padres– era tan natural como espontáneo. Lo que no sucede ya en la etapa adulta, en la que parece que las actividades sociales tienen que estar programadas de antemano. Y estas son las razones.

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No más copas, por favor

Si bien cada persona es un mundo, la pérdida de interés por la vida nocturna suele llegar una vez se alcanza la treintena. La madurez conlleva una evolución emocional y, por ende, un cambio en los gustos, aficiones y apetencias. Y a ello se suman las obligaciones que tan lejanas parecían en la juventud, como las laborales o las familiares. Pero no se trata de dar la espalda a lo que te gustaba en el pasado; simplemente, se trata de dar prioridad a lo que te gusta ahora.

No te recuperas tan bien como antes

No es sólo una cuestión de ganas. Tampoco te ves con fuerzas para disfrutar del amanecer a través de la ventana del último local de moda. Ya no tienes tanta resistencia ni la misma capacidad de recuperación. Y por muy cansado que te sientas, el desayuno familiar no te va esperar. Menos aún tus responsabilidades laborales. Como apunta la experta, «desde un punto de vista tanto físico como psicológico, estamos predispuestos por la edad a realizar un tipo u otro de actividades».

Pero siempre hay uno o dos miembros de tu pandilla a los que nunca se les acaba la cuerda. Da igual cuántos años pasen. Seguirán saliendo de fiesta hasta que el cuerpo aguante. Y en estos casos, tu evolución hacia la vida diurna puede suponer un conflicto. ¿Qué se puede hacer para que vuestra amistad no se deteriore o, incluso, se pierda? Tenéis, como indica Elena Jiménez, «que esforzaros para encontrar otro tipo de actividades que os satisfagan a ambos». Y pasar el rato sin hacer nada más es tan válida como las demás.

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Queda para pasar el rato

Las personas tienden a pensar que para que algo sea beneficioso tiene que ser productivo. Lo que no es verdad. Quedar por el mero hecho de pasar el rato juntos genera confianza e intimidad, lo que de por sí resulta muy provechoso. ¿Quieres quedar para conversar? El salón de tu casa es un sitio ideal. ¿Necesitas algo más de actividad? Salid a pasear, disfrutad de vuestra compañía. ¿Qué dos no es suficiente multitud y queréis ampliar vuestro circulo? Siempre podéis ir a lugares donde se concentre la gente e interactuar con más personas.

Lo importante es no perder el contacto con las amistades, pues como explica Elena Jiménez, psicóloga clínica, «está ampliamente demostrado que mejoran nuestra salud tanto física como mental y son absolutamente vitales para nuestro bienestar». Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Pero no hay ninguna necesidad de pernoctar. ¿Por qué no, simplemente, quedáis para pasar el rato?

Conviértelo en un hábito

En principio, pasar el rato, o lo que es lo mismo, las quedadas no programadas, puede resultar incómodo para muchas personas. Te has plantado en casa de tu amigo sin avisar y tiene miedo de que tu estancia se prolongue demasiado. Aunque siempre disfrute de tu compañía y realmente no tenga otra cosa que hacer. Ve poco a poco. Infórmale de tu llegada y con el paso de las semanas habréis creado en un hábito del que ninguno podréis prescindir.

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