
No basta con que una crema facial tenga ingredientes naturales para que sea sostenible. Si el envase no es reciclable, no será ecológica. FOTO: Juan Algar/Getty.
El dilema de lo sostenible: más caro y en envase de plástico
«Lo de que estamos dispuestos a comprar más cosmética ecológica es mentira podrida»
Impulsar la cosmética respetuosa con el medioambiente es tarea de los fabricantes e implica un cambio para el consumidor. Nos lo cuenta Raquel González, creadora de Byoode y experta en el sector.
24 DE MAYO DE 2026 / 10:26
Cuando a los españoles nos preguntan por nuestra intención de comprar cosmética ecológica, nos falta tiempo para responder que nos encanta. Así los constata el informe Cosmetics & Toiletries in Spain 2023 publicado por Statista, que destaca que el 38% de los consumidores de productos cosméticos en España se decantan por la cosmética natural o ecológica. Quédense con el dato: 1 de cada 3 clientes potenciales. «Eso es mentira podrida. Lo sostenible es más caro y eso no se valora. Dejemos de mentir en las encuestas, por favor», contesta enfadada Raquel González, ingeniera, cosmetóloga, empresaria con una larga trayectoria en la distribución cosmética (Perricone MD, Medik8, Dermalogica…) y creadora de Byoode, una marca de cosmética sostenible made in Spain.
Charlamos con ella sobre sostenibilidad, cosmética y medias verdades.
Ecológico, eficaz y ¿barato?
Las cifras se vuelven más discretas cuando nos toca rascarnos el bolsillo. Porque lo sostenible, mal que nos pese, tiene un coste. Y no se trata solo de buscar ingredientes cultivados en prados límpidos y polinizados por alegres abejas zumbonas.
Como bien destacan desde Stanpa en su última Radiografía del sector lo sostenible implica industrias descarbonizadas (Net Zero Beauty Industry), que midan su huella hídrica o que apliquen criterios de reciclabilidad y reducción de residuos a sus envases (algo que, por cierto, será obligatorio a partir de 2030 de la mano del Reglamento de Envases y Residuos de Envases, el PPWR).
Esas cuatro iniciales, PPWR, son las que harán que en agosto desaparezcan los sobrecitos de kétchup. Y en cuatro años llegarán a todos los envases. Aquí la sostenibilidad empieza a atragantarse.
Si emprender ya es difícil, más en lo sostenible
Muchos son los emprendedores que se lían la manta a la cabeza y lanzan sus propias marcas de cosméticos ecológicos, naturales o con algún guiño medioambiental. «La mayoría no pasan de los 4 años de vida. Yo monté Byoode hace tres y aún cruzo los dedos», bromea González.
Su objetivo con Byoode era crear una línea de cosméticos con ingredientes «éticos elaborados a partir de superalimentos. Muchos, como el mijo, antes formaban parte de la dieta de los españoles. Ahora se prefieren otros cereales, por eso los aprovechamos”.
Reconoce su empeño dar aportar un enfoque medioambiental 360°, «siempre que tengamos esa posibilidad. Usamos plásticos de origen vegetal (caña de azúcar), frascos de vidrio reciclables y envases de cartón FSC que se fabrican en Olot, muy cerca de nuestra fábrica. Investigamos mucho para reducir al máximo nuestra huella de carbono en los envases, antes incluso del PPWR y siempre que hay un proveedor en España evitamos ir a China».
El envase más pequeño se ve menos
La cosmética premium se ha caracterizado durante años por un discurso grandilocuente. Envases con tapones gigantes, vidrio grueso y cajas excelsas. Bruselas ya ha dicho que eso se acabó y ha puesto en marcha la cuenta atrás para un packaging más sostenible. «Veníamos de envases con una enorme presencia en balda, sellados en plástico… Los que trabajamos en este sector llevamos ya tiempo rediseñando esos envases para acabar con el sobreembalaje. Se acabó lo de transportar aire. Hay que ofrecer envases lo más cercano al tamaño del producto», explica.
«Medik8 ya hace años que redujo el cartonaje y el sellado en plástico. Byoode tampoco lo lleva. ¿Cuál es el problema? Se reduce mucho la visibilidad de la marca», reflexiona. Y cuando se ve menos o el envase no es llamativo, la marca parece una del montón y se vende menos.
«Lo mismo con el formato refill. A la gente no le gusta el envase rellenable o con recarga. Todavía hay mucho por cambiar y empieza en la mentalidad del ciudadano».

‘Es que el envase no es 100% reciclado’
Lo sostenible, lo ecológico, lo reciclado, lo seguro y el precio no siempre casan bien. No siempre es posible lograr el todo en todos los aspectos. «Medik8 usa un 40% de cristal reciclado. No puede aumentar más el porcentaje porque afectaría a la estabilidad del principio activo, a la estanqueidad y a la compatibilidad con el material del principio activo con el recipiente. Eso la gente no suele saberlo y solo miran si el envase es 100% reciclado o no».
En Byoode trabajan con fermentos vivos. Y eso añade un problema extra a la hora de pensar en el envase. “Nuestro Tónico-Esencia con nopal y kombucha al ser un producto vivo con fermentos se come el plástico. Así que tiene que ir en envase de cristal, que pesa más y genera más huella de carbono en el transporte. Ni siquiera puedo poner un dosificador en bomba de plástico. Tú intentas ser más sostenible por un lado pero debes ser consecuente con qué es viable a nivel cosmético”, explica.
Diseñar un envase que sea 100% reciclable no es fácil
Algo similar sucede con su Sérum Antiedad de Vitamina C. “Es fotosensible. Buscábamos un envase fotoestable alternativo a los packagings de triple camisa. Encontramos uno que cumple con las especificaciones técnicas del producto, pero nos daba problemas a la hora de salir del producto de la bomba. Y ahí surgió el dilema. ¿Sacrificamos que el producto salga bien de la bomba o modificamos la fórmula para que sea viable y tenga una textura cosméticamente aceptada por el usuario? ¿O me voy a un packaging que no sea tan sostenible? Nosotros hemos apostado por plásticos de caña de azúcar y no nos queda otra que incorporar la triple camisa”, declara.
La otra solución era incorporar una capa de aluminio en el envase para proteger el principio activo. “Pero entonces ya no es 100% monomaterial y se complica el reciclado”, añade. «La sostenibilidad a nivel cosmético no es un ejercicio sencillo. Tienes que jugar con la experiencia del usuario, la cosmeticidad del producto, la viabilidad de la fórmula, el precio, la huella de carbono…».

A cuidar del medioambiente también se aprende
La suya no es la única marca que se esfuerza por mejorar el impacto ambiental. Y se encuentran con un muro a la hora de transmitir esa información de forma pormenorizada al cliente en el punto de venta. Pueden hacerlo desde sus redes sociales o en la web, pero es en el momento de la compra cuando esa información adquiere todo el valor. Y no hay espacio donde meterlo.
«La regulación nos obliga a insertar un montón de información en el packaging secundario (la caja). Podría resolverse con un QR, pero todavía no está legislado su uso”, se lamenta. El Real Decreto 193/2023 deja en manos del fabricante la forma de hacer sus etiquetados más accesibles. La incorporación de hipertextos en los envases con un QR o Navilens es una posibilidad, pero sin un marco legal seguro, nadie invierte en cambios que pueden resultar fallidos.
«A veces me encuentro que quiero producir cajitas pequeñitas, pero para dar toda la información que contempla el reglamento cosmético no me cabe. Entonces tengo que agrandar el packaging para que toda la información reglamentaria venga en las caras exteriores y cumpla con el reglamento», comenta.
¿Y si el plástico es lo más sostenible?
Venimos de un par de décadas demonizando el plástico. El investigador J.M. Mullet no se cansa de decir que el problema no es el plástico sino el mal uso y peor depósito a fin de ciclo que se hace de ese material. Raquel González coincide plenamente con ese planteamiento. “He analizado todos los pros y contras de los materiales disponibles para mis envases y, bajo mi criterio, considero que lo más sostenible es que vayamos nuevamente al plástico», señala.
¿Por qué? «Porque tienes todo el tarro del mismo material y lo depositas con su tapón en el mismo contenedor para reciclar. El problema es que ha habido mucho greenwashing y la gente da por buenos muchos conceptos equivocados. Lo curioso es que todos creemos que estamos obrando bien y no siempre es así».
Asignatura pendiente
Mientras las compañías, forzadas en buena medida por la premura que marca Bruselas para cumplir con los objetivos climáticos para 2050, están haciendo sus deberes, el consumidor aún anda repitiendo mensajes acuñados en los 90. «La sostenibilidad real es la asignatura pendiente por parte del consumidor».
Queda mucho por aprender y aún más por cambiar. «Con los formatos refill ya ni te cuento», suspira. Coincidiendo con el Día Mundial del Refill, que se celebra el 16 de junio L’Oréal lanzará una campaña global para promocionar todos sus formatos recargables en todas y cada una de sus marcas. «Es muy importante que las grandes marcas, que tienen mucha capacidad de alcance, enseñen al consumidor las ventajas de estos formatos. ¿Que es peor la experiencia de usuario? Eso pensábamos con las pajitas y nos hemos acostumbrado a beber sin pajita. Es cambiar de hábitos».
Y cambiar cuesta. «El tónico Press & Glow de Medik8 tiene un dosificador de que dura 5 recargas. Pero la recarga solo se vende cuando hay rotura de stock del envase entero».
Sostenibles por principio… siempre que se pueda
Una crema con quinoa ecológica no es sostenible si el ingrediente tiene que cruzar el Atlántico para venir desde Perú. O si el frasco se compra en Oriente para abaratar costes. Pero en la sostenibilidad no hay blanco o negro. Hay matices. “Podría fabricar un 30% más barato. O comprar los envases en Corea o en China, los cartonajes en Turquía… Optamos por fabricar local y eso hay que pagarlo. El problema es que cuando se piensa en cosmética sostenible solo se plantea que los ingredientes sean orgánicos. No se repara en el impacto del envase».
Pese a las dificultades, la circularidad se abre paso en la cosmética. «Hay colaboraciones con la industria alimentaria para hacer upcycling con residuos no aptos para el consumo humano, pero que tienen sus vitaminas intactas para elaborar cosméticos. Por ejemplo, mondas de naranja de fabricar zumos, la viñaza de las viñas…».
Son pasos tímidos que nos muestran que no hace falta ser ecológico en sentido estricto para cuidar del entorno.
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