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Mujer practica el layering y evita la irritación en la piel

Más no siempre es más. Puede ser un cataclismo olfativo si se superponen perfumes al tuntún. FOTO: Olena Ruban/Getty.

Mezclar no siempre es componer

Layering de perfumes, entre el arte de crear y el miedo a irritar la piel

La tentación de superponer varias fragancias puede llevar a creaciones olfativas maravillosas o a auténticos descalabros.

Por Salomé García Gómez

28 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / 07:30

La llegada de la Generación Z a la perfumería ha supuesto un soplo de aire fresco. "Me fascina su osadía al usar acordes que hasta ahora nos parecían excesivos, como el café, el tabaco o el oud", declaraba en petit comité el perfumista Ramón Monegal durante la inauguración de la boutique The Scentuary. Ellos también han puesto de moda el layering, ese curioso gesto de echarse dos perfumes a la vez. 

Al margen de preguntar a dos expertos en el arte de la perfumería si esto es una infamia o un gesto de personalidad, hemos preguntado a dos dermatólogos por el posible impacto en la piel de duplicar la cantidad de alcohol y la cantidad de partículas olfativas. 

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Doble ración de perfume

Los perfumes, como cualquier cosmético, se prueban en laboratorio para un uso unitario. Mezclar dos perfumes es llevarlo a otro nivel. De entrada, suele suponer duplicar la cantidad de producto que acaba sobre la piel. La dermatóloga Cristina Corredera, de Instituto Médico Ricart, apunta que el layering no implica necesariamente duplicar el riesgo de irritación. Lo que sí "aumenta es la exposición simultánea a un mayor número de ingredientes de las dos formulaciones".

No hay dos perfumes iguales, ni dos pieles iguales. La clave está en la cantidad total de producto que aplicamos, su composición y las características de la piel sobre la que se aplica. "Una persona puede aplicarse varias pulverizaciones de un mismo perfume y estar perfectamente tolerante, mientras que otra puede tener irritación con una cantidad menor. Sobre todo, si su piel es especialmente sensible o alguno de los componentes de la fragancia le provoca una reacción".

¿Es peligroso tanto alcohol?

La dermatóloga despeja las dudas acerca de una posible reacción adversa a tanto alcohol. "Aunque el alcohol puede contribuir a la sequedad o irritación, especialmente en pieles sensibles, con la barrera cutánea alterada o recién depiladas, no podemos asumir que combinar dos perfumes vaya a duplicar el riesgo de irritación". 

En similares términos responde Carlos Morales Raya, dermatólogo experto en láser, acné y estética, y director médico de la clínica que lleva su nombre en Madrid. "El alcohol se evapora rápido. En una piel sana las cantidades habituales de perfume suelen tolerarse bien. Aplicar dos perfumes no implica automáticamente el doble de problema por el alcohol".

Cuidado con los perfumes en aceite

El doctor Morales Raya apunta, no obstante, sus reservas cuando ese layering se realiza con perfumes muy concentrados, esencias o perfumes en aceite. "Hay que separar concentración y alcohol. Un perfume más concentrado no lleva necesariamente más alcohol. De hecho, suele ser al revés: lleva una proporción mayor de compuestos aromáticos, que desde el punto de vista dermatológico pesan más que el propio alcohol".

Respecto a los perfumes en aceite, que suelen verse como más seguros por no llevar alcohol, apunta que es justo todo lo contrario. "Se quedan más tiempo sobre la piel y prolongan el contacto con las sustancias aromáticas. Si entre ellas hay algún irritante o algo a lo que la persona está sensibilizada, puede aparecer dermatitis de contacto".

Algo similar sucede con los aceites esenciales y componentes de fragancias que reaccionan con la exposición solar posterior. "El ejemplo clásico son algunos compuestos de los aceites cítricos, que pueden producir reacciones fototóxicas", añade.

El perfume como obra de arte

Sabiendo que el layering que ha conquistado a los más jóvenes es seguro en una piel sana, queda saber si es un sacrilegio mezclar y qué reglas deberíamos seguir para no arruinar el resultado. Antes de ponernos a mezclar, Jorge Martín, director de 5Th Essence Square , uno de los distribuidores más consolidados en España de perfumes nicho, sugiere pensar dos veces qué tenemos entre manos. "Un perfume es una creación completa, concebida por un perfumista con su propio equilibrio, evolución y discurso", señala.

Plantea cada perfume como una obra de arte, bella y completa en sí misma. Es un Picasso, una sinfonía de Beethoven o una creación culinaria de Ferrán Adriá. "Antes de pensar en mezclarlo, siempre recomiendo conocerlo y llevarlo solo", añade.

Dotarlo de una nueva personalidad

Igual que Picasso revisó con su estilo las Meninas de Velázquez, los perfumes se pueden combinar, elevar o recrear con sentido común y sensibilidad olfativa. Una vez hayamos intimado con nuestra fragancia, "el perfume también pasa a formar parte de nuestra identidad. Aquí el layering puede ser una forma legítima de expresión personal".

El problema no es mezclar, "sino hacerlo sin criterio. Si superponemos dos perfumes muy complejos, intensos y protagonistas, es fácil destruir la arquitectura de ambos. El layering debería aportar una firma personal, no borrar la identidad de las fragancias utilizadas", advierte. "Así lo entendemos tanto en la Boutique Montale Barcelona como en Fisence: no se trata de mezclar por mezclar, sino de descubrir qué desea potenciar, suavizar o transformar cada persona. Y construir, a partir de ahí, una combinación coherente".

Manos a la mezcla

La perfumería es un arte práctico, como la cocina o la enología. Solo que aquí no se mezclan ingredientes, sino composiciones completas, y eso no puede hacerse a lo loco. "Más que fijarnos en si se trata de un eau de parfum o un eau de toilette, debemos observar su estructura, intensidad, evolución y familias olfativas".

Lo más sencillo como punto de partida es buscar un elemento de unión: una nota compartida o familias que dialoguen bien entre sí. "Por ejemplo, cítricos con aromáticos; flores blancas con almizcles; vainilla con ámbar, maderas o especias; o una fragancia intensa acompañada por otra más limpia y luminosa”, explica el experto.

La primera combinación, siempre en tienda

Superado el pudor a mezclar, hay que hacerlo bien, probar y dejarse aconsejar. En la Boutique Montale Barcelona asesoran a sus clientes sobre qué perfumes podrían 'maridar' mejor entre sí. "Trabajamos siempre a partir de una fragancia que el cliente ya conoce o que le ha gustado. Después identificamos qué quiere potenciar o transformar, consultamos las combinaciones recomendadas por la firma y presentamos primero los perfumes por separado y después juntos. Solo entonces los probamos sobre la piel, porque es ahí donde se confirma realmente si la combinación funciona".

OTROS TEMAS WELIFE

Reitera la palabra ‘diálogo’ dejando caer que la mezcla puede sumar o acabar en una bronca imposible entre dos fragancias. "Mi regla es muy clara: comenzar con dos perfumes y un objetivo concreto. ¿Quiero aportar frescura, profundidad, calidez o sensualidad? Cuando existe un propósito, el layering puede crear algo verdaderamente personal. Mezclar a ciegas rara vez funciona".

Combinaciones desventuradas y buenas amistades 

A la hora de mezclar, cada cual es soberano con la alquimia que aplica al layering. "Puedes mezclar un perfume nicho y uno mass market, pero no se debería. No es comparable un ámbar gris trabajado con riqueza y matices con un acorde de ámbar plano o excesivamente sintético utilizado en una fragancia de gran consumo", advierte Jorge Martín.

Para ilustrarlo recurre a un símil fácil de visualizar. "Es como mezclar un Monini Monocultivar Coratina Bio, reconocido como el mejor aceite de oliva virgen extra del mundo, con un aceite de oliva suave Hacendado de 3,95 euros el litro. Ambos son aceites de oliva, pero ni la materia prima, ni el proceso de elaboración, ni su complejidad son comparables. Al mezclarlos, el segundo no eleva al primero; diluye y desdibuja precisamente aquello que lo hace excepcional”, añade.

El orden de los factores sí altera

Puestos a aplicarlos, “aplicaría primero la fragancia más intensa, densa o persistente. Después, la más ligera o luminosa, dejando unos instantes entre ambas para observar cómo comienza a evolucionar la primera", explica.

En la Boutique Montale Barcelona trabajamos tres técnicas distintas. "Aplicar ambas fragancias sobre una misma zona; crear una nube para conseguir una fusión más difusa; o distribuirlas en diferentes zonas del cuerpo. Esta última permite que las fragancias convivan y construyan una estela conjunta sin perder completamente su identidad".

Equilibrio, mesura y respeto son fundamentales para lograr un resultado armónico. "La combinación perfecta no debería oler a dos perfumes compitiendo entre sí. Debemos buscar una tercera creación que se convierta en la firma personal de quien la lleva", concluye Martín.

No somos tan modernos como creemos

La periodista y experta en cultura olfativa, Clara Buedo, es más rotunda al señalar que superponer “varios perfumes muy intensos o discordantes es como una guerra de titanes. La estela olfativa podría ser letal”. Buedo es una de las mejores conocedoras del universo de los perfumes en nuestro país. Comparte conocimiento y pasión sobre los perfumes desde su web Beauty Matters y en sus libros ‘Historia del Perfume’ y ‘El perfume en España’ (ambos en ed. Catarata). Desde su pequeña atalaya de autoridad en el arte olfativo tiene un pequeño aviso para la Generación Z y su afán por el layering. 

"Puede que crean que han descubierto la pólvora, pero no. Ya en la antigua Mesopotamia se estilaba la técnica de la combinación y para la cultura árabe se convirtió en ritual experto. El layering era el "arte de superponer fragancias", y hago hincapié en "arte". No es mezclar al tuntún, es disfrutar de las múltiples facetas que emana cada ingrediente y cómo se va enriqueciendo la evolución por capas", explica. 

En ese arte y ritual oriental se llevaba a cabo con un orden y jugando con perfumes en distintas texturas. "Primero, el attar o aceite perfumado. Tiene una textura oleosa que se fusiona bien con la piel y el calor hace que el aroma se vaya evaporando lentamente. También aplicaban polvos perfumados en diferentes puntos corporales y finalmente se sellaba con el humo del incienso (en las culturas árabes el bhakoor, con astillas de oud o madera de agar y sustancias perfumadas; en la cultura india, por ejemplo, fue más común el sándalo)”, declara esta experta.

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