Suscríbete a la
NO TE PIERDAS El sofoco acaba en minutos: lo que pasa en tu piel puede durar mucho más
La cocina francesa se caracteriza por su contenido en grasas saturadas. FOTO: Pexels.
CUERPO
La evidencia científica actual respalda la idea de que no todas son iguales y que su calidad es mucho más importante que simplemente reducir su consumo total.
Por María Corisco
4 DE MARZO DE 2025 / 07:30
¿Cuántas veces has oído que las grasas son malas para la salud? Este mantra ha sido habitual hasta no hace mucho tiempo, y su origen se remonta a los años 50, cuando diversos estudios comenzaron a relacionar el consumo de grasas saturadas con la enfermedad cardiaca. Esta idea comenzó a calar en la población en los años 70, a raíz de que las instituciones de salud comenzaran a recomendar a la población dietas bajas en grasas, y la industria terminó de darles la puntilla en los 80, al comenzar a lanzar productos light. En este contexto es cuando surge la llamada paradoja francesa, que cuestionaría esa demonización de las grasas.
La paradoja es la siguiente: ¿por qué los franceses, habituados a consumir una dieta rica en grasas, tenían tasas relativamente bajas de enfermedades cardiovasculares en comparación con los habitantes de otros países, como Estados Unidos o Reino Unido? La pregunta la lanzaron los investigadores Serge Renaud y Michel de Lorgeril, quienes, en un estudio publicado en The Lancet, mostraron las claves de lo que llamaron paradoja francesa.
Estos científicos analizaron datos epidemiológicos y encontraron que los franceses, a pesar de su consumo elevado de mantequilla, queso y carnes grasas, tenían una menor incidencia de enfermedades del corazón. Y esto era contradictorio con la teoría predominante en ese momento, que vinculaba directamente el consumo de grasas saturadas con enfermedades cardiovasculares.
La cuestión comenzó a traer de cabeza a investigadores, nutricionistas y cardiólogos, y comenzaron a darse posibles razones que explicarían esta paradoja:
Desde entonces, la discusión científica ha seguido al alza. Por una parte, investigaciones posteriores han cuestionado la solidez de la paradoja francesa, sugiriendo que la metodología de los estudios iniciales pudo haber estado sesgada o que el efecto protector del vino podría haber sido exagerado.
Asimismo, también se ha apuntado que la reducción de enfermedades cardiovasculares en Francia podría explicarse mejor por factores como un menor consumo de grasas trans, menos obesidad y un mejor acceso a la atención médica. Y estudios recientes han sugerido que los beneficios del vino tinto pueden deberse más al estilo de vida general que a la bebida en sí misma, ya que el alcohol en exceso tiene efectos perjudiciales.
En cualquier caso, la paradoja francesa ha servido como base para investigar el impacto de la dieta, el estilo de vida y el consumo moderado de ciertos alimentos en la salud cardiovascular. En cuanto a las grasas, la evidencia científica actual respalda la idea de que no todas son iguales y que su calidad es mucho más importante que simplemente reducir su consumo total.