A veces para recuperar la energía hay aflojar en poco con la fiesta y dormir más. FOTO: Sophie Nouveau/Pexels.
Cafeína y azúcares, la unión fatal
La paradoja de las bebidas energéticas: por qué a veces aumentan la sensación de cansancio
Llegaron para destronar al café como remedio para los bajones de energía a media mañana. O para trasnochar sin esfuerzo. Pero a veces sólo consiguen lo contrario.
Por Marcos López
20 DE MAYO DE 2026 / 14:00
La mañana está siendo movidita. Ayer te quedaste hasta las tantas viendo tu serie favorita o te has vuelto a saltar el desayuno. Y como aún no es ni mediodía y ya estás para el arrastre, tienes que recurrir, como tantas veces, a un milagroso chute de cafeína. O mejor aún, a una bomba de azúcares y cafeína. O lo que es lo mismo, a una bebida energética. Y el remedio puede ser peor que que la enfermedad. Natalia Migdalova, especialista en Nutrición Clínica y Deportiva y fundadora de Migdal Nutrición, nos cuenta las razones por las que, lejos de ponerte en marcha, estas bebidas energéticas pueden hacer que te sientas aún más agotada.
Bombas de cafeína y azúcar
Al igual que sucede con el café, el efecto activador se encuentra en la cafeína. Pero hay un problema. Lo que hace esta cafeína es bloquear los receptores de adenosina, un neurotransmisor liberado por el cuerpo para hacernos sentir somnolientos y fatigados. Dicho de otro modo, «la cafeína no elimina el cansancio. Únicamente lo enmascara durante unas horas». Y cuando su efecto disminuye, la fatiga acumulada puede reaparecer. A veces con más intensidad que antes.
Pero las bebidas energéticas no son solo cafeína. Están cargadas de azúcares simples que se absorben con rapidez y elevan bruscamente los niveles de glucosa en sangre. Y como todo lo que sube tiene que bajar, «en el caso de algunas personas, ese pico puede ir seguido de un descenso posterior de la glucemia, acompañado de sensación de debilidad, hambre, somnolencia o bajón». Sobre todo si estas bebidas no se acompañan de alimentos que modulen la respuesta glucémica, caso de la fibra, las proteínas o las grasas saludables.
Bebes y encima te deshidratas
Un apunte importante: la cafeína puede tener un leve efecto diurético, principalmente cuando se toma en dosis elevadas. Es probable que, consumidas en contextos de calor, ejercicio, sudoración elevada o descanso insuficiente, estas bebidas contribuyan indirectamente a una peor hidratación. Los efectos seguro que te resultan familiares: no puedes con tu alma, te duele la cabeza y no das pie con bola.
En palabras de la especialista en Nutrición Clínica y Deportiva, «una bebida energética puede generar una activación puntual, pero también favorecer una sensación posterior de agotamiento si se combina con un exceso de azúcar, mala hidratación, tolerancia a la cafeína o falta de sueño acumulada».
No te dejan dormir
No es demasiado recomendable disfrutar de una humeante taza de café cuando se aproxima la hora de irse a la cama. La cafeína «no desaparece rápidamente del organismo. Como muestra la evidencia científica, puede aumentar el tiempo necesario para conciliar el sueño, reducir la duración total del descanso y empeorar su calidad». Y si el café es malo, tomar una bebida energética puede ser incluso peor.
Al estar saborizadas resulta fácil integrarlas a lo largo del día como una bebida más. Como apunta la experta, «una persona puede consumir café, té, refrescos de cola, chocolate o suplementos estimulantes, y añadir una bebida energética sin ser consciente de la suma total». Además, muchas de estas bebidas también tienen ingredientes como el guaraná, que es una fuente natural de cafeína. Al final del día, la dosis total será tan exagerada que de nada servirá contar (miles de) ovejitas. Como tampoco lo hará abrir una bebida energética –o atiborrarse de café– al día siguiente para desterrar tanto sueño acumulado.
Ponen tu corazón a mil por hora (y no es bueno)
Como alerta Natalia Migdalova, «el consumo frecuente puede favorecer un círculo vicioso: se duerme peor, aparece más cansancio al día siguiente y se recurre de nuevo a estimulantes para funcionar. A medio plazo, este patrón no mejora la energía, sino que la deteriora, porque desplaza la estrategia más eficaz contra la fatiga: un sueño suficiente, regular y reparador».
También hay que tener en cuenta que los efectos indeseables del consumo elevado o repetido de estas bebidas van mucho más allá de las alteraciones del sueño. Entre otros, nerviosismo, ansiedad, cefaleas, palpitaciones, aumento de la frecuencia cardiaca y elevación de la presión arterial. Que también hacen que tu energía caiga bajo mínimos.
Menos cafeína y más descansar
Migdalova advierte que las bebidas energéticas «no deberían utilizarse como estrategia habitual para combatir la fatiga o la falta de sueño». Es cierto que pueden aumentar puntualmente la sensación de alerta, pero nunca resolverán la causa del cansancio. Utilizarlas de forma frecuente, pueden incluso agravar el problema de base.
La fatiga no aparece porque sí: «Suele ser una señal de que algo no está funcionando bien». Además, no hay una única razón que explique tanto cansancio. Las más comunes son la falta de sueño, los horarios irregulares, el estrés mantenido, la baja ingesta energética, la mala calidad de la dieta, la deshidratación, el sedentarismo y el exceso de pantallas por la noche. Pero tampoco hay que descartar «la existencia de un problema clínico que conviene valorar en caso de que la fatiga sea persistente».
Esto es lo que tienes que hacer para llenarte de energía
Hemos normalizado echar mano del café, los refrescos de cola o las bebidas energéticas cuando nos renquean las fuerzas y es un error. «No debería plantearse como una solución nutricional al cansancio. Enmascarar esa señal con cafeína y azúcar puede funcionar durante unas horas, pero no sustituye a las medidas que realmente sostienen la energía diaria». Lo que hay que hacer para mejorar la energía de forma estable es disfrutar de un sueño suficiente, reparador y de calidad, con horarios lo más regulares posible.
También hay mantener una hidratación adecuada, con agua, frutas y verduras. Y practicar ejercicio de forma regular. «Puede parecer paradójico, pero moverse ayuda a reducir la fatiga cuando la actividad se adapta al estado físico de cada persona». Menos cafeína y azúcares y más sentadillas. Te darán alas.