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Envejecer es inevitable... pero, ¿cuánto de inevitable cuando ya tienes una edad? FOTO: Ehsan (Pexels).
Luchar contra el reloj pasados los 40
Dicen que nunca es tarde para empezar. ¿Se aplica también a todo lo que nos hace envejecer o ya vamos tarde?
Por Verónica Palomo
11 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / 07:30
Bryan Johnson, el billonario que invierte al año cerca de 2 millones de dólares en ralentizar su envejecimiento, acaba de anunciar que padece gastritis autoinmune, una condición incurable donde su propio sistema inmunitario destruye las células de la mucosa del estómago. Esta confesión ha abierto un debate global sobre si todo el esfuerzo y fortuna invertidos para alcanzar esa ansiada 'inmortalidad' tienen sentido.
La pregunta no es gratuita. La biología y la genética no entienden de clases, ni de cuánto dinero tienes en la cuenta corriente para luchar contra el paso del tiempo. Si te tocan malas cartas, la vida ya se encargará de pisar el acelerador.
Así las cosas, ¿merece la pena poner el cuerpo al límite para retrasar nuestra edad biológica unos cuantos años? Y lo que es más mundano, ¿hasta qué punto se puede mejorar a partir de los 45-50 años por mucha terapia, entrenamiento y tratamientos a los que nos sometamos?
La doctora Débora Nuevo, jefa de la Unidad de Longevidad y de la Unidad de Microbiota de Olympia Quirónsalud, explica que "la biología no da marcha atrás al reloj, pero sí permite reescribir buena parte de la trayectoria".
A los 45 o 50 años no partimos de cero. Ya hay una reserva fisiológica menor que a los 20, pero, como asegura Nuevo, "seguimos teniendo una capacidad de adaptación muy notable al ejercicio, al sueño y a la nutrición".
Lo que cambia no es tanto el potencial como el tiempo que necesitamos para alcanzarlo. Es decir, la diferencia real no está en el 'techo' que se puede alcanzar, sino en la pendiente de partida y en la velocidad de progreso. "Un joven de 20 mejora más rápido y con menos esfuerzo, pero a los 45 el mismo estímulo produce menos ganancia por unidad de esfuerzo. Esto es debido a que a esta edad hay una menor sensibilidad anabólica, una recuperación más lenta y unas reservas hormonales distintas", apunta la experta.
Para lograr ganancias similares a las de los 'jovenzuelos', una persona en la edad madura necesita más constancia, una mejor planificación y más atención a la recuperación. "Pero incluso a estas edades el margen de mejora sigue siendo grande. La mayoría de las personas de esta edad están funcionando muy por debajo de su potencial fisiológico real, así que el recorrido de mejora posible suele ser mayor que la brecha respecto a alguien de 20 años", recuerda.
¿Entonces la edad importa menos de lo que pensamos? Cuando hablamos de envejecimiento, solemos imaginar un proceso lineal e irreversible. La ciencia cuenta otra historia. Uno de los trabajos que cambió la visión de los cardiólogos fue el estudio dirigido por el Dr. Benjamin Levine, del Institute for Exercise and Environmental Medicine, perteneciente a la Universidad de Texas Southwestern.
La investigación siguió durante dos años a adultos sedentarios de unos 53 años que comenzaron un programa estructurado de ejercicio. Los resultados sorprendieron incluso a los investigadores: los participantes aumentaron alrededor de un 18 % su capacidad aeróbica y lograron revertir buena parte de la rigidez del ventrículo izquierdo, uno de los cambios clásicos asociados al envejecimiento cardiovascular.
Este trabajo confirmó algo fundamental: muchas veces no envejecemos porque cumplimos años; envejecemos porque dejamos de movernos. "Eso explica que una persona de 45 años que empieza a entrenar pueda alcanzar parámetros fisiológicos similares a los de un adulto de 20 o 30 años sedentario. Lo que no recuperará por completo será la velocidad con la que el cuerpo responde ni algunos límites fisiológicos propios de la juventud, pero el margen de mejora sigue siendo enorme", comenta la especialista.
En plena fiebre por el biohacking, las redes sociales están llenas de métodos milagrosos para aumentar la energía o retrasar el envejecimiento. Sin embargo, cuando se pregunta a los especialistas, la respuesta suele ser mucho más sencilla: lo importante no es encontrar el entrenamiento perfecto, sino combinar distintos estímulos de forma inteligente.
Para mejorar el VO₂ máximo —uno de los marcadores que mejor predicen la salud cardiovascular y la esperanza de vida— un 15-20% sin comprometer la salud articular y en un rango realista.
La especialista de la Unidad de Longevidad y de la Unidad de Microbiota de Olympia Quirónsalud enumera los protocolos con mejor respaldo científico:
Uno de los cambios que más preocupa a partir de la mediana edad es la pérdida de masa muscular, pero lo cierto es que el músculo tiene mucha más memoria de la que imaginamos. Las investigaciones sobre sarcopenia lideradas por el fisiólogo de la Universidad de Nottingham, Mark Piasecki, demostraron que en parte se debe a que algunas fibras musculares dejan de recibir señales nerviosas, un fenómeno denominado denervación.
Lo interesante es que el entrenamiento de fuerza favorece la creación de nuevas conexiones entre nervios y músculo. La doctora Nuevo confirma que sí podemos ganar masa muscular a partir de los 45, aunque el músculo responde de forma más lenta. Con la edad aparece la llamada resistencia anabólica, es decir, el músculo necesita un estímulo mayor para crecer, pero según Nuevo, esto se puede compensar con estos 3 pilares bien ejecutados:
No solo el cuerpo recibe todas estas buenas noticias: los últimos descubrimientos en neurociencia también ofrecen motivos para el optimismo a nivel cognitivo. Según explica la doctora Nuevo, "el ejercicio aeróbico continúa siendo la intervención más eficaz para estimular la producción de BDNF, una proteína imprescindible para la neuroplasticidad".
Aunque el verdadero estimulador de la memoria casi siempre suele pasar desapercibido: el sueño. "El sueño profundo es el momento en el que el cerebro elimina proteínas de desecho mediante el sistema glinfático y probablemente sea una de las intervenciones más infravaloradas para proteger la salud cerebral".
A ello suma otro consejo que la ciencia respalda con fuerza: aprender cosas nuevas. Un idioma, un instrumento musical o cualquier habilidad compleja obliga al cerebro a construir nuevas conexiones de forma mucho más eficaz que las aplicaciones de entrenamiento cognitivo. Al final, el biohacking más eficaz sigue siendo cuidar los pilares básicos: moverse, comer bien y descansar. Lo de toda la vida.