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El mecanismo de tensar algunos músculos del rostro se relaja cuando se pone bótox con frecuencia. FOTO: Jackson Willian (Pexels).
Así funciona la reeducación gestual
Después de meses sin fruncir el ceño por el bótox, ¿es posible que al cerebro se le 'olvide' cómo hacerlo?
Por Isa Espín
20 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / 07:30
Parece que han pasado siglos de esas famosas especulaciones que decían que Victoria Beckham rara vez sonreía para que no se le marcaran las líneas de expresión. También de las declaraciones de aquellos fotógrafos, maquilladores y entrenadores de interpretación sobre cómo Marilyn Monroe practicaba su sonrisa frente al espejo. Al parecer, la actriz al principio de su carrera mostraba mucho las encías y fue aprendiendo a sonreír con los labios ligeramente más cerrados y relajados, controlando la abertura de la boca. De este modo, el aspecto general resultaba más fotogénico.
No sabemos si luego Monroe en la intimidad reía a carcajadas, sin filtros, sin medir nada, pero de cara al público, ese gesto aprendido le acompañó hasta el final de su carrera. El universo de la belleza ha ido evolucionando en los últimos tiempos hacia una recuperación de la naturalidad. Ya no se trata de transformar, sino de mejorar nuestro potencial. La industria cambia constantemente y la cosmética convive con diferentes tratamientos para la armonización facial. Y así llegamos a la toxina botulínica, conocida popularmente por uno de sus nombres comerciales, el bótox.
Las arrugas dinámicas se forman como consecuencia de un movimiento involuntario pero constante. Pueden ser las patas de gallo por reírnos o las del entrecejo al gesticular. La toxina actúa bloqueando la comunicación entre el nervio y el músculo. Siendo precisos, impide la liberación de acetilcolina, una sustancia necesaria para que el músculo se contraiga. "Lo que hace es 'tapar' el receptor muscular al que llega la señal que emite el nervio. El resultado es una relajación temporal o debilidad del músculo tratado", responden Sara Dominguez Bengoa y Ángela Ojeda, médicas cirujanas plásticas de STEM Beauty.
Durante el tiempo en que la toxina está activa (unos 4-6 meses), el músculo responde menos y eso modifica la información sensorial que recibe el cerebro: "Como consecuencia, los circuitos motores se adaptan parcialmente a ese nuevo patrón de actividad".
Entonces, ¿se puede hablar de un cierto aprendizaje, de una reeducación gestual? Dicho de otro modo: ¿el cerebro 'aprende' a dejar de gesticular y eso hace que gesticulemos menos una vez pasados los efectos del tratamiento? "En realidad, el término 'memoria muscular' es un poco engañoso. Los músculos no 'recuerdan' nada por sí mismos. En medicina nos referimos a patrones motores aprendidos que se generan en el cerebro y se ejecutan a través de los nervios y los músculos", explican. Es decir, es el resultado de la interacción entre:
Todo esto provoca una retroalimentación sensorial de la piel y los tejidos. "En la práctica clínica, lo que observamos con frecuencia es que pacientes que tenían muy interiorizado un determinado gesto (como fruncir el entrecejo o elevar de forma repetida las cejas), tras varios ciclos de tratamiento, tienden a realizarlo con menos automatismo, incluso cuando el efecto de la toxina ha desaparecido", añaden las doctoras.
Esto no significa que el paciente pierda la capacidad de expresarse con normalidad: si quiere fruncir el ceño o elevar las cejas, puede hacerlo perfectamente. Lo que cambia es que ese gesto deja de aparecer de forma tan automática o repetitiva como antes. En otras palabras, "no se trata de 'olvidar' la expresión facial, sino de que algunos patrones muy automatizados pueden volverse menos frecuentes con el tiempo".
Hay circuitos motores y emocionales implicados que hacen que algunos gestos sean voluntarios, otros reflejos y otros totalmente automáticos. Además, existe un tercer elemento: la retroalimentación sensorial, es decir, la información que la piel y los músculos envían al cerebro cuando nos expresamos.
En el caso de la cara, estos patrones se consolidan con la repetición de gestos como fruncir el entrecejo o elevar las cejas. Si hablamos de líneas de expresión, ¿qué parte del proceso es muscular y qué parte es cerebral (control motor, hábitos, automatización) a la hora de gesticular? Las líneas de expresión tienen dos componentes:
Cuando el músculo no responde con la misma intensidad debido a la toxina, el cerebro sigue enviando las mismas órdenes motoras, pero el resultado cambia porque la contracción es menor. "Se genera un cambio en la retroalimentación sensorial: el cerebro recibe menos información del movimiento habitual y distinta de la esperada", señalan. A partir de ahí, el sistema nervioso se ajusta de forma parcial a esa nueva situación.
Dicho de forma sencilla: el cerebro no deja de 'ordenar' el gesto, pero sí recibe una respuesta distinta del músculo, y eso modifica ligeramente la forma en la que ese circuito motor funciona mientras dura el efecto.
Con el paso de los meses se produce una especie de reeducación gestual: esos movimientos dejan de repetirse con la misma intensidad y frecuencia. "Cuando el efecto del neuromodulador desaparece, la musculatura recupera de forma progresiva su movilidad normal. Sin embargo, muchos pacientes mantienen esa menor tendencia a gesticular de manera excesiva, simplemente porque han pasado varios meses sin realizar esos gestos de forma continuada", sostiene la doctora Mar Mira, médico estético.
Esa memoria gestual aprendida contribuye a que las arrugas reaparezcan de forma más gradual, pero, en muchos casos, "menos marcadas que antes de iniciar el tratamiento".
'Desaprender' a gesticular en exceso es posible, pero no siempre resulta sencillo, ya que la mayoría de estos movimientos son completamente inconscientes. "Gestos como fruncir el ceño al concentrarse, elevar las cejas al hablar o tensar la frente frente a una pantalla forman parte de patrones expresivos muy automatizados. Con una mayor conciencia corporal y técnicas de relajación o reeducación gestual, algunas personas pueden aprender a controlar mejor esos gestos y expresarse de una forma más suave", añade.
De un tiempo a esta parte, hemos encontrado en el mercado algunos productos bajo la etiqueta 'péptidos tipo bótox' o 'botox-like peptides', que son ingredientes presentes en algunas cremas antiedad y que intentan imitar, de forma indirecta, parte del efecto de la toxina botulínica. Entre los más conocidos se encuentran compuestos como Acetil hexapeptido-8 (Argirelina), así como otros péptidos relacionados como Pentapéptidos o Tripéptidos biomiméticos, que se incluyen en distintas formulaciones cosméticas.
"La teoría detrás de estos ingredientes es que podrían modular de forma muy leve la liberación de neurotransmisores o interferir parcialmente en la contracción muscular superficial, intentando reproducir de manera simplificada el mecanismo de la toxina, que actúa bloqueando la liberación de acetilcolina en la unión neuromuscular", aseguran las doctoras de STEM Beauty.
Pero hay diferencias. El mecanismo de la toxina es una acción farmacológica muy específica, potente y localizada a nivel de la sinapsis neuromuscular, mientras que estos péptidos aplicados tópicamente tienen una capacidad de penetración cutánea limitada y una acción más superficial.
"A lo largo de los años se han investigado diferentes formulaciones tópicas, incluso utilizando sistemas de transporte como nanosomas o nanovesículas para favorecer la penetración de determinados activos, pero hasta la fecha no han demostrado una eficacia comparable", apostilla la doctora Mira. Lo que sí puede hacerse desde el cuidado cosmético es mantener la piel en las mejores condiciones posibles:
Por eso, la tendencia actual es combinar los tratamientos con productos tópicos que ayuden a alargar los resultados. "Todo ello ayuda a que la piel tolere mejor el movimiento repetido y a preservar su calidad con el paso del tiempo", sentencia.