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NO TE PIERDAS El incidente gastrointestinal de una atleta de Hyrox nos recuerda el escrutinio constante a la fisiología femenina
OPINIÓN
19 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / 07:30
El incidente intestinal de una atleta de Hyrox vuelve a poner sobre la mesa el constante escrutinio a la fisiología femenina.
Salomé García Gómez Jefa de sección de WeLife
La atleta Joanna Wietrzyk, campeona mundial de Hyrox, durante una competición. FOTO: Amazfit.
Ya está bien. Basta ya de ensañarse con la atleta Joanna Wietrzyk y su desventurado incidente gastrointestinal durante una competición de Hyrox en Pekín. Los titulares de estos días han ido desde lo contenido (los menos) a lo grosero y escatológico (los más). A la mayor gloria de Google, que no conoce de ética ni de pudor, sino de tráfico, se han escrito puñaladas como 'compitió cubierta de heces', 'gana un Hyrox tras hacerse caca encima' o '¿por qué no se aguantó?.
La tormenta mediática se tornó en tsunami al llegar a las redes sociales, donde se la ha despellejado sin misericordia. Tal ha sido la bola de nieve que la australiana ha pedido disculpas por no haberse retirado tras el suceso, ha renunciado al triunfo y ha anunciado una retirada temporal. A sus 24 años y en su mejor momento de forma física, la actual campeona de Hyrox se retira de su trabajo, lo que le da de comer.
Me pregunto si, de haberle sucedido algo así a Rafa Nadal o a Cristiano Ronaldo, varones deportistas de élite con sus amigos en los medios y patrocinadores con influencia, el tema se hubiera abordado con idéntica saña.
No entraré en el debate de si ella hizo bien o mal compitiendo hasta el final, ni en si la organización anduvo falta de reflejos al no ofrecerle, al menos, una toalla para que se limpiara. Puedo incluso comprender que una atleta cuya semana pivota sobre un entrenamiento altamente exigente lleve su cuerpo al extremo en una competición, porque de ello depende su sueldo.
Me aterra la inquina contra una mujer que transmite una imagen de confianza en ella misma y compite sola en un deporte minoritario. Una forma nueva de competición donde las mujeres han entrado con fuerza y ya son casi el 50%, una situación que no se produce en casi ningún otro deporte.
Pero me indigna más aún cuando muchas de esas censuras las esgrimen aquellos que tienen el sedentarismo como regla de vida.
El suceso me recuerda a lo que tuvo que sufrir la fondista Paula Radcliffe cuando durante el maratón de Londres de 2005 tuvo que echarse a un lado a evacuar tras una súbita indisposición intestinal. Como con la australiana, su superioridad era tal que acabó imponiéndose en aquellos 42 kilómetros. La inglesa, una de las mejores deportistas de todos los tiempos, mantuvo la mejor marca en maratón entre 2003 y 2019. Dieciséis años en los que ninguna corredora, de ninguna nacionalidad, con ningún tipo de zapatilla voladora, fue capaz de desbancarla. La mejor hasta la fecha.
Pero si hoy vamos a San Google y tecleamos su nombre, el primer resultado que nos deja el predictivo es 'poo accident' (el accidente de la caca). ¿Imaginan que a Sergio Ramos se le recordara como al futbolista al que se le cayó de las manos la Copa del Rey y el bus de celebración la aplastó? ¿Que Carlos Alcaraz pasara a la historia como el tenista que vomitó en una toalla? Si no pasa eso con el deporte masculino, ¿por qué siempre se queda la anécdota escatológica con las deportistas femeninas?
No hablemos ya del regocijo de las redes cuando una atleta de resistencia corre con manchas de sangre menstrual. En 2024 Unilever lanzó la campaña 'Every Stain Should Be Part of The Game' (todas las manchas deberían ser parte del juego) reivindicando más naturalidad ante lo que es natural. Y la menstruación lo es.
Sin embargo, 6 de cada 10 deportistas entre 15 y 18 años tienen miedo a practicar deporte con la regla por si hay un escape y los demás ven la mancha.
No preocupa el dolor, la tensión abdominal, que el pecho aumente una talla o las molestias gástricas que pueden acompañar a los primeros días de regla. No pasa en todos los ciclos, no se pueden prever, pero acontecen cuando menos te lo esperas y, quién sabe, si no fue lo que propició el episodio de Wietrzyk. Lo que angustia es que los demás escudriñen en tu entrepierna en busca de sangre, como si aquello fuera un fluido radiactivo peligroso.
Cuando eso sucede, el 74% reconoce sentirse abochornada, un 49% reconoce ansiedad y un preocupante 33%, vergüenza.
Ser mujer y competir es un reto mayor que hacerlo cuando eres hombre. En especial, en aquellas pruebas largas e individuales en las que no hay posibilidad de pedir un cambio al entrenador, ni lugar donde esconderte cuando la naturaleza se te pone en contra de repente. Las oscilaciones hormonales convierten cada competición en un viaje apasionante y misterioso donde todo es posible.
He corrido seis maratones y varios trails. Sé lo que es estar fenomenal en los primeros kilómetros de un entreno en la Casa de Campo y que, de pronto, las tripas se pongan juguetonas. Dios bendiga al frío del invierno en Madrid que aquel día me llevó a entrenar con mallas largas y evitaron que el mundo presenciara un desastre similar al vivido por la australiana.
También recuerdo con pavor mi primer Cross Nocturno de Navacerrada, que me pilló en una perimenopausia en forma de torrente. Cuando la catedrática de química inorgánica Adela Muñoz Páez recordó en ASISA WeLife Menopausia Madrid cómo sus últimas menstruaciones fueron auténticas hemorragias, no pude dejar de sentirme identificada.
Ahora imaginen vivir eso en una carrera de montaña. El terror que me invadía al salir de la confortable oscuridad de la montaña para acercarme a la meta llena de luces, público y algarabía. Pocas veces me he sentido tan fuerte corriendo, tan empoderada con mi rendimiento deportivo, y a la vez tan aterrada de pensar que el tampón hubiera colapsado y mis piernas fueran una Boda Roja.
Pero con eso competimos las mujeres. La ciencia reconoce que la prevalencia de contratiempos gastrointestinales en mujeres casi duplica a la de los hombres. Cortesía de la naturaleza somos más propensas al colon irritable y tenemos que sobrellevar el impacto de los síntomas gastrointestinales modulados por las hormonas. El esfuerzo máximo, el impacto reiterado al correr y un control del esfínter que se ve comprometido con cada zancada pueden desencadenar el desastre en cuestión de segundos. En el bosque puede haber refugio tras un árbol. En un centro de competición, como sucede en una carrera de Hyrox o en mitad de un gimnasio, no.
Aun así, cada día millones de mujeres nos calzamos las zapatillas, entrenamos duro, levantamos peso, quemamos kilómetros, damos lo mejor de nosotras y no nos arrugamos ante los contratiempos. Todas somos, o podemos llegar a ser, Joana. O, si eres hombre, tal vez pueda ser tu hermana, tu novia, tu madre o tu hija.
Si ya hemos aprendido que no se juzgan los cuerpos ajenos, va siendo hora de abandonar la gracieta fácil cuando la naturaleza, simplemente, reclama su lugar.
Salomé García Gómez Periodista especializada en bienestar, sostenibilidad y estilo de vida consciente. Desde la redacción de WeLife impulsa contenidos que combinan ciencia, inspiración y sentido común para vivir mejor
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