
Reglas para la limpieza de casa. La primera, guantes y mascarilla, si hay químicos potentes. La segunda, que todos los varones de casa participen. FOTO: Ron Lach/Pexels.
Si antes ya no nos gustaba, ahora con más razón
Limpiar daña los pulmones, pero los productos químicos afectan más a las mujeres que a los hombres
Los productos químicos dañan de forma parecida al tabaco. Una poderosa razón para compartir las tareas del hogar con todos los varones de casa.
12 DE ENERO DE 2026 / 14:00
Poca broma con esto: tu rutina de limpieza doméstica podría influir en la salud de tus pulmones. Sobre todo, si eres mujer. Lo apunta una investigación europea de largo recorrido. La Encuesta de Salud Respiratoria de la Comunidad Europea (ECRHS) siguió durante dos décadas a más de 6.000 mujeres y hombres que limpiaban de forma habitual, ya fuera en casa o como profesión.
El doctor Pablo Gámez, neumólogo en Granada y miembro de Doctoralia, lo confirma: «Hay evidencia de que la exposición crónica a productos de limpieza puede causar daño pulmonar a largo plazo. Cuando esa exposición es aguda e intensa los efectos son inmediatos». La duda es por qué afecta más a las mujeres.
Un dato alarmante: las mujeres limpiamos más y enfermamos más
El planteamiento de estudio es peculiar. Tomaron una muestra algo desigual (3.298 mujeres y 2.932 hombres). De esa muestra, el 85,1% de las mujeres se encargaba de las tareas de limpieza en casa, frente a solo el 46,5% de los participantes varones. Además, hubo 293 (8,9%) mujeres y 57 (1,9%) hombres que reportaron trabajar en limpieza ocupacional. Las personas que limpiaban en el hogar eran con mayor frecuencia no fumadoras o poco fumadoras.
Se analizaron dos parámetros clave en neumología. Por un lado, el volumen de aire que puedes expulsar en el primer segundo de una espiración forzada (FEV₁). Por otro, la capacidad vital forzada (FVC), es decir, la cantidad total de aire que expulsas al soplar al máximo. Los resultados revelaron que entre las mujeres que limpian con regularidad, ambos valores disminuyen más rápido que entre quienes no realizan estas tareas.
Aunque la caída no parece dramática para una persona de a pie, equivale al deterioro que puede producir fumar durante varios años. El patrón se repite, e incluso se intensifica, en las mujeres que trabajan profesionalmente en limpieza.
Pero, ¿por qué a ellos les afecta menos?
Antes de lanzar las campanas al vuelo añadamos que se trata de un estudio observacional, que significa que hay margen para variables de confusión. Pero los resultados son claros: las mujeres que realizan tareas de limpieza, tanto doméstica como profesional, muestran un deterioro más acelerado de su función pulmonar que aquellas que no se dedican a estas labores. Sin embargo, en el caso de los hombres no ha encontrado una asociación significativa entre la limpieza (doméstica u ocupacional) y el declive de la función pulmonar.
Esta conclusión abre una conversación necesaria sobre los productos que usamos a diario y el impacto que tienen en nuestro bienestar. Y también, por qué no, en la conveniencia de que ellos participen más de la limpieza doméstica.
Las micropartículas, culpables silenciosas
Pero volvamos al estudio. El neumólogo explica que «la literatura médica muestra que tanto la exposición ocupacional como la doméstica a productos de limpieza —especialmente los aerosoles y los líquidos con amoníaco, cloro, disolventes o ácidos como el salfumán— se asocian a un mayor riesgo de desarrollar enfermedades respiratorias como asma, rinitis, bronquitis crónica y, en menor medida, EPOC».
La inhalación continuada de las diminutas partículas que liberan muchos productos de limpieza, sobre todo los aerosoles, irrita las vías respiratorias. «Se produce una inflamación que altera la estructura de las vías respiratorias, tanto superiores como inferiores. También se han descrito mecanismos inmunológicos».
Ese daño, añade, «puede acelerar el deterioro de la función pulmonar, favorecer la aparición de asma —alérgica o no— o agravar un asma ya existente, además de generar síntomas como tos, sibilancias (pitidos en el pecho) o disnea (dificultad para respirar). Las consecuencias pueden ser crónicas e irreversibles, como la obstrucción persistente de las vías aéreas, o reversibles, como el asma inducido por irritantes».
Entonces, ¿dejamos de limpiar?
Antes de alarmarnos en exceso, hay que tener presente que los resultados solo muestran una tendencia poblacional, no un diagnóstico individual. El doctor Gámez recuerda que «la clave no es dejar de limpiar, sino reducir la exposición innecesaria». Su primera recomendación es minimizar el uso de productos en spray, los más fáciles de inhalar y, por tanto, con mayor impacto sobre las vías respiratorias. En su lugar, sugiere optar por formatos líquidos o sólidos y priorizar productos ‘verdes’ o naturales, sin tóxicos ni fragancias. «Estos productos emiten menos compuestos orgánicos volátiles, que son los que se evaporan con mayor facilidad», explica.
También subraya la importancia de ventilar bien durante y después de la limpieza, evitar la mezcla de productos —como lejía y amoníaco, una combinación especialmente peligrosa—, y utilizar mascarilla o equipo de protección en el ámbito profesional. Además, recomienda limitar la frecuencia y la duración de la exposición siempre que sea posible.
Otra forma de no correr riesgos es revisar las etiquetas y evitar productos con compuestos volátiles innecesarios. Y, en caso necesario, usar protección respiratoria, como mascarillas, en contextos profesionales o de exposición elevada.
Lo que los datos no pueden asegurar (todavía)
Como toda investigación observacional, ésta también abre una serie de preguntas: ¿Los productos ‘eco’ reducen realmente el riesgo? ¿El daño pulmonar podría ser reversible si se cambia la forma de limpiar? Y lo que es más preocupante, ¿por qué el impacto es tan claro en mujeres, pero no en hombres?
Estos vacíos apuntan a nuevas líneas de investigación. Pero nos dan una argumentación sólida para que los hombres empiecen desde ya a participar más en las tareas de limpieza de casa.
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