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NO TE PIERDAS ¿Por qué en la perimenopausia tengo tantos sofocos y al llegar a la menopausia desaparecen?

Hay días de sofocos, noches regulares y otros en los que una se siente capaz de comerse el mundo. Foto: Konstantin Dawn / Pexels

Una tormenta con fecha de caducidad

¿Se acaba alguna vez el caos hormonal? Buenas noticias sobre la perimenopausia

En esta etapa, el cuerpo parece empeñado en llevar la contraria y, cuando crees haberle cogido el truco, cambia de estrategia. Por suerte, no dura eternamente

Por Salomé García Gómez

26 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / 08:00

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La menopausia tiene una forma juguetona de aparecer. Llega un día, de sopetón, en el que todo tu cuerpo decide sumirse en el caos sin previo aviso. Un día le da por regalarte sofocos infernales, a ser posible, a medianoche, de esos que hacen que te despiertes en un charco de sudor. Al día siguiente, en cambio, duermes como un bebé. O lo haces sin sofocos, pero despertándote cuatro veces y con dificultades para volver a pegar ojo. Un día estás triste; al otro, eufórica, apática o con ganas de comerte el mundo.

Por no hablar de esas últimas menstruaciones, que un mes son escasas y al siguiente se presentan en forma de torrente.

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Eres como tú misma, pero en distintos multiversos. "Muchas pacientes me comentan la sensación de 'no me reconozco", explica la ginecóloga Diana López Freire, especialista adjunta en el Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Ribera Povisa de Vigo y miembro de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM).

Si esas situaciones se te hacen familiares, enhorabuena, has llegado a los años locos de la perimenopausia. La buena noticia es que no duran para toda la vida.

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Hormonas fuera de control

De la menopausia se cuentan horrores, rara vez ciertos. "No es el infierno, sino la mitad restante de nuestra vida", apunta la ginecóloga. Pero no vamos a negar que su llegada suele ser bastante atropellada. "A mis pacientes siempre les digo que no se están volviendo locas. Lo que pasa tiene un nombre, una causa y una solución", explica.

Ese nombre es perimenopausia. 

Solemos imaginar que la caída de estrógenos, como diría Luis Fonsi, sucede 'despacito'. Y no, lo cierto es que es un arranca, para, marcha hacia delante y acelerones más propio de los autos locos que de una retirada ordenada. "Al ovario no le gusta jubilarse desapercibidamente. Trabaja como un reloj durante años hasta que llega un momento en que decide empezar a trabajar mal antes de dejar de trabajar. Y ese trabajar mal del ovario es la transición a la menopausia", apunta López Freire.

No hay dos días iguales

Esa variabilidad en la forma de trabajar del ovario genera unas oscilaciones muy acusadas en los niveles de estrógenos que son, a su vez, las responsables de esa montaña rusa de síntomas. "Nuestro cuerpo tiene receptores de estrógenos desde la cabeza hasta la punta del pie. Cualquier alteración en los niveles de estrógenos no solo afecta a la menstruación. También repercute en todos nuestros sistemas", explica la experta.

Esa 'huelga de trabajo aleatorio' del ovario también se lo pone difícil a los médicos a la hora de diagnosticar. "Cuando la paciente me dice que le pida una analítica hormonal para saber si ya ha entrado en menopausia tengo que explicarle que los resultados no serán contundentes. ¿Qué te pido, la de la mañana? ¿La de la noche? ¿La de mañana? ¿La de dentro de tres días? Los valores van a ser distintos según el momento del día en que te la pida y según la fecha. Es un momento de mucha fluctuación", detalla López Freire.

Hoy estoy fatal, mañana me como el mundo

La perimenopausia se caracteriza por ser una aventura de síntomas exacerbados cada día. Tan nuevos como imprevisibles, llevan a muchas mujeres a temer que el resto de sus días sean una pesadilla de sofocos, noches sin pegar ojo y toneladas de tristeza. La buena noticia es que, como pasa con las tormentas, lo habitual es que remitan pasado el chaparrón.

"Esa variabilidad emocional, la irritabilidad, la tristeza, los sofocos... no son síntomas de deficiencia hormonal, sino de la propia fluctuación. Por eso hay síntomas que vamos a ver en transición a menopausia que no son tan frecuentes en la postmenopausia. Suceden con más intensidad en estos años porque las hormonas ahí están para arriba y para abajo. Con la menopausia todo se estabiliza".

La química Adela Páez, autora del libro Postmenopausia y una de las invitadas en la última edición de ASISA WeLife Menopausia en Madrid, confesaba que quedarse sin regla fue "una liberación enorme. Tuve una perimenopausia terrible, con hemorragias muy severas".

Sí, los sofocos terribles desaparecen

Las dificultades para mantener el sueño de forma continuada, los dolores articulares y los sofocos son los síntomas que más se intensifican en estos años. "No todas las mujeres tienen sofocos, pero alrededor del 80% los padece. También es habitual notar sequedad vaginal, incluso teniendo aún la regla, porque la piel es especialmente sensible a los cambios hormonales", apunta la ginecóloga.

OTROS TEMAS WELIFE

Muchos de esos síntomas que irrumpen con intensidad variable, como los sofocos o los despertares a medianoche, tienden a remitir una vez entramos en la menopausia. "Vendría a ser algo parecido a los cambios al llegar la pubertad: hay unos años de inestabilidad para pasar a una etapa larga de equilibrio", añade la doctora. En el caso de los sofocos, los estudios sugieren que duran unos 7 años antes de bajar de incidencia o desaparecer. 

Que no sean para toda la vida no significa que haya que darles la espalda. "Cuando esos síntomas afectan a la calidad de vida de la mujer, hay que comentarlo con la ginecóloga y valorar la conveniencia de iniciar una terapia hormonal, antes incluso de que entre definitivamente en la menopausia", concluye. No hay una receta estándar para todas, pero sí una realidad: la medicina ya cuenta con herramientas terapéuticas para paliar esas fluctuaciones hormonales.

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