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NO TE PIERDAS Ponerse malo en vacaciones: cuando tu cuerpo elige el peor momento para colapsar
Si la silla es demasiado cómoda, estaremos más tiempo sin movernos./ Foto: Pexels.
CUERPO
¿Cuántas horas pasas al día sentado frente a tu mesa de trabajo? La elección de la silla puede marcar la diferencia, tanto en tu espalda como en tu salud.
Por María Corisco
4 DE MARZO DE 2024 / 13:30
Un viejo dicho advierte de que, a veces, lo mejor es enemigo de lo bueno. Y es algo que se puede aplicar a la elección de una silla de trabajo. La silla perfecta -esa que brinda el mejor apoyo lumbar, te permite ajustar la altura del asiento y de los apoyabrazos, y tiene un adecuado mecanismo de inclinación- puede tener una pequeña trampa: la de ser tan aparentemente cómoda que te haga pasar más tiempo de la cuenta en la misma postura, sin moverte.
Así lo explica Javier Morales, fisioterapeuta y entrenador, que señala que “las sillas ergonómicas, siempre que estén bien ajustadas a las necesidades del usuario, pueden reducir la tensión en la espalda y ayudar con las molestias en esta zona. Ahora bien, no siempre son la panacea: no podemos esperar de una silla que, por sí sola, pueda compensar el estar demasiadas horas sentados. Por eso, aunque parezca contradictorio, a veces puede venir bien que la silla no sea excesivamente cómoda”.
La reflexión surge a partir de los problemas que nos puede ocasionar permanecer durante largos periodos de tiempo sentados en el trabajo:
Si tienes un trabajo que te obliga a estar sentado durante horas, “es fundamental tomar medidas para intentar, en la medida de lo posible, movernos y modificar la postura. Con ello conseguimos distintos beneficios, no solo a nivel físico, sino también mental”.
Debes recordar que el cuerpo humano no está diseñado para la inactividad, sino para el movimiento. Detrás de muchos de los problemas de salud que nos aquejan se encuentra la falta de actividad. “Por eso, es importante que seamos conscientes de la importancia de alternar ratos de estar sentados con otros en los que nos movemos, aunque solo sea para ir a por un café”. Entre las mejoras que nos puede aportar, el experto cita las siguientes:
Las sillas ergonómicas están diseñadas para proporcionar comodidad y apoyo, pero pueden presentar algunas desventajas, entre ellas su complejidad de ajuste: “Suelen tener numerosas funciones y controles para ajustar la altura, inclinación, apoyo lumbar… y no siempre es fácil hacer el ajuste idóneo”. Además, aunque están diseñadas para adaptarse a una amplia variedad de cuerpos y preferencias, “pueden no ser fáciles de adaptar a personas muy bajas, muy altas o con demasiado peso, que pueden requerir ajustes adicionales no siempre disponibles”.
Por tanto, si se opta por invertir en una silla ergonómica, el consejo del experto es que nos aseguremos de que “se adapta perfectamente a nuestra posición, altura de la mesa, largo de las piernas… Mal ajustada sólo supone un coste extra”.
Además, recuerda que esa sensación de comodidad puede jugar en nuestra contra: “Si nos zambullimos en sillas con relleno, acolchadas y mullidas, podemos terminar pasando más horas de la cuenta sin movernos. Con ello, aumentamos el riesgo de sufrir problemas de salud asociados a un estilo de vida sedentario”. Una silla menos “perfecta” puede hacer que “seamos más conscientes de nuestra postura y más propensos a movernos”.
No se trata, claro, de que nos sentemos en una silla de faquir: una silla demasiado incómoda puede causar molestias o incluso problemas de salud a largo plazo, como el ya comentado dolor de espalda o las contracturas. Por lo tanto, concluye Javier Morales, “es crucial encontrar un equilibrio entre una silla que promueva el movimiento y una que también proporcione el soporte adecuado y la comodidad necesaria para mantener una postura saludable durante períodos prolongados de trabajo”.