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Una tentación dulce para el postre con beneficios sobre la inflamación. FOTO: Eliftekkaya/Pexels.

Mejor que una cucharadita de azúcar

Yogur y miel: la ciencia descubre una dulce e inesperada alianza contra la inflamación crónica en la menopausia

Elegir cómo endulzar tu yogur puede parecer una cuestión meramente gastronómica. Sin embargo, los efectos metabólicos y hasta digestivos convierten a la miel en la elección ganadora.

Por Patricia de la Torre

19 DE FEBRERO DE 2026 / 07:30

A nadie le amarga un dulce. Y aunque los expertos en sabores nos repiten que debemos acostumbrar al paladar a los matices organolépticos reales de cada alimento, sin añadir edulcorantes de ningún tipo, lo cierto es que endulzar un yogur es uno de esos gestos cotidianos que se hacen casi sin pensar. Puede ser con azúcar refinado, azúcar de caña, panela, miel, pasta de dátil o algún edulcorante con menos calorías. Solemos centrarnos solo en las calorías, pero los científicos van más allá. Un reciente ensayo clínico publicado en Nutrients compara el impacto del azúcar y de la miel a nivel metabólico «y no son equivalentes a nivel inflamatorio», señala el nutricionista Saúl Sánchez (@SaulNutri) desde la red social X. 

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La investigación, titulada The Influence of Daily Honey-Sweetened Yogurt Intake on Outcomes of Low-Grade Inflammation, comparó durante cuatro semanas el consumo de yogur endulzado con miel o con azúcar refinado. En ambos casos se usaban cantidades equivalentes en términos de caloría. Participaron 20 mujeres en postmenopausia (45-65 años) con sobrepeso leve (IMC 25–30). Este perfil no es casual: se usa con frecuencia en este tipo de investigaciones porque la menopausia se asocia a un aumento de la inflamación de bajo grado. De esta forma se observa con mayor claridad cómo pequeños cambios en la dieta se reflejan en el organismo.

El objetivo principal era reducir un marcador inflamatorio concreto, la interleucina IL-23, una citoquina clave del eje Th17, un marcador de la inflamación crónica que determina el riesgo cardiovascular de la persona sometida a estudio. Sin embargo, apareció otro dato inesperado: la interleucina IL-33 disminuyó con el yogur endulzado con miel y aumentó con el yogur endulzado con azúcar. Según explica Sánchez, «la IL-33 actúa como una señal de alerta del organismo ante daño tisular y está implicada en la inflamación del tejido adiposo». 

A la hora de explicar por qué hay tantas diferencias en estos marcadores según se endulce con azúcar o con miel, lo primero que se descartó fue la posible dependencia de la microbiota intestinal.

El estudio no detectó cambios relevantes en otros marcadores digestivos que suelen asociarse a la actividad bacteriana. «El efecto no depende del metabolismo microbiano. No se apreciaron cambios significativos en SCFA fecales (acetato, butirato, propionato), ni en los ácidos biliares plasmáticos», añade el nutricionista.

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La explicación más probable apunta a los compuestos bioactivos presentes en la miel. Sánchez apunta a la «probable acción directa de ciertos polifenoles inhibiendo NF-κB / vía IL-33». Entre ellos, «pinocembrina, pinobanksina y crisina».

Dicho en lenguaje sencillo: esos polifenoles podrían influir directamente en las vías inflamatorias del organismo atenuando esos procesos inflamatorios.

El propio estudio y el experto insisten en una advertencia clave: tanto si le ponemos azúcar como si endulzamos con miel se trata de azúcares añadidos. «En total fueron unos 34 gramos de azúcares añadidos al día, muy por encima de la recomendación de menos de 25 gramos al día en mujeres», advierte el experto. «Esto NO es una invitación a comer más dulce».

Apunta que pese a mejorar los marcadores inflamatorios, «no mejora la glucosa ni los lípidos, ni justifica abusar del azúcar, aunque sea en forma de miel». 

Estos hallazgos encajan con otra línea de investigación que señala que añadir miel al yogur puede ayudar a que los probióticos sobrevivan mejor a la digestión.

Hannah Holscher, profesora de la universidad de Illinois y autora de dos estudios sobre el consumo conjunto de miel y yogur publicados en The Journal of Nutrition, así lo recalca. Estas investigaciones concluyen que tomar miel con el yogur favorecería la supervivencia en el estómago de los probióticos del yogur. «Las enzimas de la boca, el estómago y los intestinos ayudan a la digestión y facilitan la absorción de nutrientes, pero reducen la viabilidad de los microbios. Esto es excelente cuando se trata de patógenos, pero no necesariamente cuando se trata de bacterias beneficiosas. Queríamos comprobar si la miel podía ayudar a las bacterias probióticas a sobrevivir en el intestino», explica Holscher. 

Al igual que Sánchez, esta estudiosa advierte que la miel, por muchos beneficios que nos aporte, sigue siendo un azúcar añadido. Y, como tal, debe tomarse en su justa medida. «Una cucharada de miel en una porción de yogur ayuda a la supervivencia de los probióticos. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la miel es un azúcar añadido. La mayoría de los estadounidenses deben ser conscientes de la cantidad de azúcar en su dieta para mantener un peso corporal saludable», señala. Su consejo es incorporar esa cucharadita de miel al yogur natural sin azucarar y dentro de una dieta variada y energéticamente equilibrada.

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