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Día Mundial del Sueño 2026
Olvida las pastillas para dormir: la forma más bonita de descansar es abrazada a esa persona a la que quieres de verdad
El calor corporal y la cadencia de la respiración del otro son el mejor somnífero. Por eso quedarse acurrucado junto a tu media naranja y dormir como un bebé no es casualidad.
Por Silvia Capafons
13 DE MARZO DE 2026 / 07:30
Como cada viernes anterior al equinoccio de marzo, hoy se celebra el Día Mundial del Sueño. Porque dormir es una necesidad fisiológica que cada vez se nos da peor. O, mejor dicho, cada vez incumplimos más todo lo que ayuda a conciliar el sueño, desde quedarnos hasta las mil mirando pantallas, hasta cenar tarde o consumir más café del necesario. El consumo de fármacos para dormir es un recurso habitual para caer en brazos de Morfeo, y, sin embargo, hay una estrategia poco conocida y sin receta médica que nos ayuda a dormir como un bebé: enamorarnos. Así, como suena. No hay nada tan relajante como acurrucarte junto a tu media naranja para dormir como un lirón. Los más románticos incluso lo sugieren como una medida para conocer lo intenso que es el grado de enamoramiento: si te duermes en cuestión de minutos, es amor del bueno.
La modorra de Cupido
Esta es la pregunta clave: ¿Cuándo te acercas a tu pareja o te acurrucas junto a ella, te entra modorra, o, por el contrario, te tensas? Si respondes afirmativamente a lo primero, tenéis probablemente amor del bueno. En el segundo caso, podría tratarse de una relación tóxica. Todo tiene una explicación biológica: cuando el cuerpo se siente seguro, baja la guardia. Así de simple. No es aburrimiento, es calma. Tampoco es un cambio estrictamente romántico, sino neurofisiológico.
Lo explica una investigación de la Universidad Alemana de Trier publicada en Biological Psychiatry, según la cual la cercanía, el tacto y la sensación de estar acompañado pueden amortiguar la respuesta a la amenaza. Por ejemplo, coger la mano de tu chico o chica reduce la respuesta neural ante el peligro. «Con una figura de apego, muchas personas pasan del modo alerta al modo descanso. Al disminuir la activación defensiva, el organismo puede inclinarse a una regulación más parasimpática o vagal, es decir, tener más facilidad para soltar tensión, respirar más profundo y notar más somnolencia», cuenta María José Ortolà, psicóloga clínica integradora experta en ansiedad. La pieza clave aquí es la oxitocina.
Oxitocina, la hormona del vínculo
La sabiduría popular habla de dormir como un bebé para describir ese sueño profundo y sin preocupaciones que parecen tener los niños en sus primeros años de vida. Sus primeros sueños viene vigilados por la presencia de la madre que, a su vez, se mueve por la oxitocina, la hormona del amor, que la lleva a protegerlos, achucharlos y darles calor y alimento. Esa oxitocina, fundamental durante el parte, hace acto de presencia en otros momentos de la vida. Entre otros, cuando nos enamoramos.
La llamada hormona del amor está implicada en vínculo y modulación del estrés. «Es una molécula clave en el sistema de apego y conexión: facilita la cercanía, la confianza, el cuidado y la sincronía social. En revisiones actuales sobre el vínculo, la oxitocina aparece relacionada constantemente con el sistema de recompensa, la dopamina», señala la psicóloga. No es un sedante propiamente dicho, pero reduce los niveles de cortisol. Y eso se traduce en menos estrés y menos ansiedad. Cuando te enamoras, todo parece mejor. «La oxitocina no vuelve todo bonito, pero sí aumenta la relevancia de lo social. Si el contexto es seguro, puede favorecer la calma. Si es amenazante o ambiguo, puede amplificar la percepción social de otra manera», aclara la experta.
Relajarse, más que dormir
Hay que matizar que sentir el amodorramiento junto a la persona amada no significa que vayamos a dormir como benditos. Esto ya depende de otros factores, y también de otras moléculas. La hormona del descanso por excelencia es la melatonina, que se libera de noche y facilita el sueño. En el caso de la oxitocina, favorece la seguridad y la calma y hay evidencia de que dormir acompañado puede mejorar la calidad del sueño, se asocia con un 10% más de sueño REM y con sincronización de las etapas del sueño.
El calor del cuerpo amado y su olor también aportan relajación. Un estudio de la Universidad de Columbia Británica apunta que el aroma de nuestro amado puede llegar a actuar como una dosis de melatonina. Incluso el ritmo de su respiración puede contribuir a que nos durmamos antes, porque el cuerpo sincroniza el ritmo y baja la alerta.
No solo amor de pareja
Pero esta somnolencia, este estar a gusto y aletargado, no es exclusivo del vínculo con tu media naranja. Sucede también con hijos, familia o amigos. Por eso muchas madres se quedan dormidas como benditas acurrucadas junto a sus hijos pequeños, aunque la postura no sea cómoda. El sueño infantil es, de alguna forma, contagioso. Y sin efectos secundarios.
Nada de esto es nuevo: ya en la prehistoria dormíamos únicamente cerca de personas y en lugares donde nos sentíamos protegidos. Como explica María José Ortolà, «en el vínculo madre o padre con el bebé, la oxitocina está muy implicada en el contacto temprano, sincronía y desarrollo del apego. En adultos el tacto afectivo, no solo el romántico, se relaciona con el bienestar y con la oxitocina».
Dicho de otra manera: tu cuerpo aprende quién es refugio para ti. Y si se siente seguro, se relaja. Dulces sueños acompañados.