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NO TE PIERDAS No es solamente perder pelo: la censura emocional de las pacientes con cáncer
No reconocerse frente a un espejo puede generar tristeza y malestar. Ese sufrimiento es real y merece ser validado y atendido sin necesidad de compararlo. FOTO: Getty Images.
Día Mundial contra el Cáncer de Mama
Frente al 'lo importante es que te cures', la paciente se siente abrumada por los cambios físicos de su cuerpo.
Por Isa Espín
19 DE OCTUBRE DE 2026 / 07:30
¿Doctor, se me va a caer el pelo? La pregunta se repite en muchas consultas de oncología cuando el médico le explica a la paciente cómo van a tratar su cáncer de mama. Puede que hablar de que se te caiga el pelo o las pestañas parezca una frivolidad en una consulta oncológica, pero no lo es.
Dentro de esa vorágine de emociones y miedos que es el diagnóstico de cáncer de mama, la caída abrupta del cabello supone de alguna forma una pérdida de la identidad y un nuevo abismo al que la mujer debe enfrentarse cada día. Porque del cáncer ya se encargan los médicos. Pero la imagen del espejo es cosa suya, tal como se ha enseñado a las mujeres desde el inicio de los tiempos. Y eso aterra.
Si una mujer sana habla de la preocupación por la caída del cabello, todo es normal, pero si lo hace una paciente de quimioterapia, en seguida aparecen comentarios trivializándolo. 'Lo importante es que te cures', rezan algunos. Otros son menos sutiles y la tacharán de inmadura.
Tanto la enfermedad como el tratamiento afectan a la autopercepción de la mujer. Un estudio liderado por la psicóloga Miriam Belber-Gómez, del Hospital Universitario Son Espases, refleja que el diagnóstico de cáncer de mama obliga a la mujer a enfrentarse, entre otros cambios, a la redefinición del 'yo'. Y en ese apartado, los cambios físicos que más preocupan son la alopecia, el aumento/pérdida de peso o las quemaduras en la zona irradiada.
La autoestima no cura, pero ayuda a levantarse por la mañana, afrontar el día y reforzar la adherencia al tratamiento.
"La estética nunca es solo algo superficial. Detrás de nuestra imagen hay aspectos personales mucho más complejos: la identidad, la autoestima, la relación con nuestro cuerpo o la forma en la que queremos que nos perciban los demás", explica Pilar Conde, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen.
La experta explica que en determinados momentos —como una enfermedad, un cambio físico o una nueva etapa vital—, la imagen puede adquirir todavía más significado. Y esa transformación puede convertirse en un factor de riesgo emocional para la persona: "Perder de forma abrupta el cabello hace que la enfermedad sea visible para el entorno, anulando el derecho de decidir hasta qué punto quiere mantener este proceso en la esfera privada".
Mientras la enfermedad sigue en un estado presente, el cabello perdido se convierte en un recuerdo del pasado. "El cambio en la imagen corporal puede generar un proceso de duelo por la transformación de la propia imagen", añade.
Bárbara Cortés, psicóloga general sanitaria, explica que la frase más común con la que sus pacientes suelen verbalizar este tipo de preocupaciones es: "Te parecerá una tontería, pero…" o "Sé que es una tontería, pero…". Sin embargo, como asegura la experta, "las unidades de oncología cada vez son más multidisciplinares y se cuida más el bienestar emocional y estético de los pacientes".
Pero asegurar el equilibrio emocional en un momento tan crucial para la mujer está muy lejos de ser una tontería. Es una prioridad para su bienestar. "Tener un buen estado de ánimo no es ninguna tontería. Algunas personas piensan que, durante un tratamiento médico, especialmente cuando es tan importante como un tratamiento oncológico, los otros aspectos de la vida quedan en suspenso y dependen de las necesidades del tratamiento", agrega.
Se olvida que la paciente tiene que seguir viviendo las 24 horas en un cuerpo que ha cambiado. Sigue siendo ella, pero el espejo le devuelve una imagen con la que cuesta identificarse. "Si para ellas es importante verse guapa, que continúen con su skin care (siempre con el consejo previo del médico sobre qué usar), que se maquillen y se compren una peluca con la que se vean divinas", agrega Cortés.
Puede parecer que superar la enfermedad es la prioridad frente a la preocupación por el cabello, pero son dos cuestiones independientes que afectan a la integridad de la mujer. "Los psicólogos, durante la exploración, evaluamos también estos aspectos, validando desde el primer momento esta preocupación y atendiendo emocionalmente a la persona, porque somos conscientes del peso que puede tener este tema para muchas pacientes", añade.
Lo paradójico es que muchas veces es la propia paciente la que, de forma involuntaria, crea una autocensura. Así lo destaca Elena Cedillo, psicóloga de yees!, "la primera que puede censurarse emocionalmente es la propia mujer cuando piensa que no tiene derecho a sentirse mal por algo que considera menos importante".
La experta explica que está acostumbrada a que muchas personas minimicen su discurso. Su respuesta, siempre, es que todo aquello que cause sufrimiento emocional es prioritario: "No podemos hacer una jerarquía. Nadie tendría derecho a determinar cómo tiene que sentirse otra persona ni establecer qué aspectos de su propia experiencia merecen más o menos importancia".
La pérdida de cabello, no reconocerse frente a un espejo o percibir cambios en su cuerpo, pueden generar tristeza y malestar. Ese sufrimiento es real y merece ser validado y atendido sin necesidad de compararlo.
Por este motivo, hay varias marcas en el mercado que ponen el foco en las necesidades de las pacientes oncológicas. Una de ellas es MÊME y su gama dermocosmética pensada para pieles debilitadas por los tratamientos contra el cáncer.
Todo empezó con la experiencia de la madre de Judith, fallecida de cáncer cuando ella tenía 19 años. A pesar de la enfermedad, su madre siguió cuidando su imagen y su feminidad —moda, cremas, esmaltes— como forma de luchar psicológicamente contra el cáncer.
Sin embargo, encontrar productos de belleza adaptados a las necesidades específicas de una piel en tratamiento resultó muy difícil, lo que llevó a Judith, años después y apoyándose en su formación en Diseño Industrial, a idear MÊME: la primera marca de belleza pensada exclusivamente para mujeres con cáncer, combinando eficacia, feminidad y atractivo.
Hoy MÊME esta disponible en el mercado español, con el objetivo de seguir mejorando la calidad de vida de las mujeres afectadas por la enfermedad. Promueve un modelo de acompañamiento integral, con un abordaje holístico de la salud entre el bienestar físico, emocional y psicológico que sitúa al paciente en el centro del proceso de cuidado.
Su objetivo es contribuir al bienestar y a la calidad de vida de quienes atraviesan el proceso de la enfermedad mediante productos específicos pero también, un movimiento ACT FOR SKIN, una iniciativa de los laboratorios Pierre Fabre que busca movilizar a los profesionales sanitarios y al conjunto del ecosistema sanitario en favor del cuidado de la piel durante los tratamientos oncológicos.
¿Cómo lo hacen? Con actividades de visita médica en centros de oncología y programas de formación en hospitales, proporcionando información especializada sobre el cuidado de la piel y contribuyendo a una mejor comprensión de las necesidades específicas de los pacientes.
Además, cuentan con una colección de más de 70 productos (probados y ampliamente estudiados) que incluye productos para uñas y pintauñas; de cuidado facial y corporal, con cremas hidratantes, sérums, bálsamos, geles limpiadores y brumas calmantes; de maquillaje, con correctores, BB Cream, sombras de ojos, coloretes y lápices de cejas/ojos; y de cabello e higiene, con champús suaves, mascarillas capilares, sueros para pestañas y cejas, y mucho más.
Hay que diferenciar tres conceptos: imagen corporal, autoestima e identidad.
"Los cambios que se derivan de la enfermedad repercuten tanto en la forma en la que nos valoramos como en el sentirnos nosotras mismas. Aunque no podemos generalizar, porque no todas las mujeres viven estas modificaciones de la misma manera, ni necesariamente ven afectada su autoestima", sostiene Cedillo.
Un diagnóstico de cáncer implica muchos cambios sobre los que la mujer siente que no tiene control. Es muy común que lleguen a no reconocerse de la misma manera por todos los cambios visibles que provoca. Cuidar el aspecto puede ser una forma de mantener cierta continuidad con quien era antes de la enfermedad e incluso de recuperar una pequeña parte de control.
Las expertas están de acuerdo: "Nuestro cuerpo forma parte también de cómo nos reconocemos, cómo nos presentamos a los demás o incluso de cómo vivimos nuestra intimidad. Por eso, ante un cáncer, los cambios corporales toman un significado que va mucho más allá de la estética".
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