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Mindfulness

10 consejos para evitar comer por ansiedad

Sucede mucho: la comida llena un espacio que a veces es difícil gestionar de otra manera. En realidad, cuando comemos porque tenemos ansiedad, estamos respondiendo a una emoción. Pero puede evitarse.

Por Miriam Aguilar

28 de junio de 2021 / 10:47

Más de una vez seguro que te has encontrado comiendo sin tener hambre en realidad. Quizás incluso te hayas pasado todo el día picando o de repente te has dado un atracón, con la consecuente culpa que suelen generar este tipo de comportamientos. Si bien lo ideal en estas situaciones es acudir a un especialista, lo que podemos empezar a hacer desde ya es tomar consciencia del problema y coger el toro por los cuernos. Te damos 10 consejos muy útiles a la hora de hacer frente a ese hambre emocional que te hace comer en cuanto llega el más mínimo resquicio de ansiedad:

  1. Cuando tengas la sensación de hambre, bebe un vaso de agua y respira lentamente varias veces. Date 10 minutos y observa si el hambre ha desaparecido. A veces confundimos hambre con sed.
  2. Sintoniza tu cuerpo cada hora, asignándote un número del 0 al 7 según tu nivel de hambre. Practícalo hasta que empieces a notar diferencias entre los distintos niveles de hambre de la escala. Cuando comas, a mitad del plato pregúntate cuál es tu nivel de saciedad. Y vuelve a preguntártelo de nuevo al finalizar. 
  3. Come más despacio, masticando bien la comida y pensando en su sabor. Una alimentación más consciente implica comer más lento, observando mis sensaciones corporales y pensamientos, reconectando con el placer con los alimentos y recuperando las sensaciones fisiológicas de hambre y saciedad.
  4. No pienses en términos de alimentos buenos o malos. Tener alimentos prohibidos o disparadores sólo va a llevarte a la profecía autocumplida “me estoy negando a comer chocolate y el día que lo como no puedo parar hasta terminar la tableta”. Cuando tengas hambre física, come lo que desees, no lo que crees que deberías comer. 
  5. Evita comer viendo la tele o haciendo otras actividades. Concéntrate en conectar con la experiencia de comer.
  6. Come en platos pequeños y oscuros. Según se ha estudiado, comer por la vista puede llevarnos a ingerir hasta un 20% más y los platos grandes y bancos invitan a un mayor consumo.
  7. Para de comer cuando estés satisfecho, aunque haya aún comida en el plato.
  8. Céntrate en el aquí y el ahora. Date unos minutos al día para prestar atención exclusivamente a tu respiración. El mindfulness te permitirá estar más presente en tu vida cotidiana y hacer una cosa cada vez, en el momento presente.
  9. Haz ejercicio o practica algún deporte poniendo atención en cómo es el movimiento, el ritmo, cómo sientes tu cuerpo…
  10. Pregúntate, antes de comer: ¿Tengo hambre? ¿Realmente necesito comer? Si la respuesta es sí, preguntáte: ¿Me comería una manzana? Si la respuesta es sí, es que tu cuerpo necesita energía y cualquier alimento le viene bien. Si la respuesta es no, pregúntate: ¿Para qué quiero comer entonces? Quizás descubras que quieres comer simplemente por un hábito de horario o porque has visto a alguien tomando algo. 

Recuerda que el cambio de tu relación con la comida no es lineal, sino que requiere, como todo, mucha práctica. 

Si te invade el hambre emocional y comes por estrés, te recomendamos acudir a un profesional que te ayude. Te sorprendería saber la cantidad de personas que han acudido a un psicólogo para hacer frente a sus malos hábitos. De esto trata precisamente la psiconutrición, a la que puedes acceder de manera individual o grupal. Si lo prefieres, también puedes consultar estos libros que cambiarán tu relación con la comida de una vez por todas, escritos por expertos que te ayudarán a disfrutar de la comida y amar lo que ves en el espejo. 

 

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