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Francesc Miralles y el teléfono de Dios

En la vida tenemos demasiadas preguntas y pocas respuestas. Ni teniendo buena cobertura. FOTO: Olly/Pexels.

O convocarle a un Teams para pedir explicaciones

Imagina poder mandar un whatsapp a Dios cada vez que a la vida le faltan respuestas

Los humanos queremos certezas. Y nos fastidia la contrariedad. Imaginamos que Dios podría resolverlo todo en un pispás. El escritor Francesc Miralles plantea esta curiosa cuestión en su último libro

Por Verónica Palomo

8 DE MARZO DE 2026 / 08:00

¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué pinto yo en ella? ¿Por qué no tengo suerte, mientras otras personas prosperan? ¿Sirve de algo rezar? Son cuestiones tan antiguas como el propio ser humano y que creemos que se solucionarían si Dios se marcara como prioridad nuestras pequeñas desdichas. Es lo que plantea el escritor y ensayista catalán Francesc Miralles en su último ensayo: ‘El teléfono de Dios. ¿Qué le preguntarías si te dieran su número?’ Porque, tal vez, si nos pusieran delante de la deidad, tampoco atinaríamos a pedir.  «Dios podría ser como la sabiduría que hay sumergida en cada persona en el subconsciente. Nosotros solo utilizamos un pequeño porcentaje de la información que tenemos».

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Las respuestas están en tu interior

A lo largo de la vida acumulamos experiencias, aprendizajes, influencias culturales y emocionales que permanecen en un nivel profundo de la mente. Esta idea conecta con la conocida teoría del iceberg del escritor Ernest Hemingway, a la que el autor hace referencia: «El escritor solo utiliza una pequeña parte de lo que sabe. El resto permanece sumergido. Lo mismo pasa con las personas».

Desde esta perspectiva, ‘marcar el teléfono de Dios’ significaría entrar en contacto con la intuición, ese conocimiento silencioso que no siempre aflora en la conciencia, pero que contiene muchas respuestas importantes. Encasquetarle las preguntas a la divinidad es, en el fondo, no afrontar nuestros propios problemas desde la serenidad. Algo así como ‘que me lo resuelvan otros’.

Querido Dios, he venido a pedir

En 2026 tener a alguien en tu lista de contactos no es llamar. Es mandar un whatsapp. Y es lo que plantea Francesc Miralles: si tuviéramos el teléfono de Dios, ¿cómo serían esos mensajes? ¿Le escribiríamos cada vez que nos surge una duda o cuando nos topamos ante un revés? Probablemente le tendríamos asfixiado. Pero también nos ayudaría a hacer un ejercicio de reflexión. «Creo que las personas aprovecharían para comprender mejor la humanidad, lo que ocurre en el mundo, cómo cambiarlo, ayudar. Otros muchos desearían saber si hay una vida después de esta. Eso es algo que tiene que ver con los vínculos con las personas que amamos, ya que a muchas personas les gustaría saber si en algún momento se va a reencontrar con sus padres, con ese abuelo que fue tan importante en su vida o con el hermano que murió”.

Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena

¿Por qué siempre son los momentos de vulnerabilidad los que nos hacen más proclives a la búsqueda de respuestas existenciales? ¿Por qué sentirse fuerte, feliz, lleno, pleno nos hace reflexionar tanto? Miralles cree que tiene mucho que ver con el sentido del arte en sí, que es cubrir huecos. «Si una persona está viviendo un amor maravilloso, no tiene la necesidad de escribir una novela de amor. Si escribe una novela de amor es porque no lo tiene o porque lo tuvo y lo perdió. Cuando te sientes vulnerable, triste o perdido, profundizas en los abismos de tu alma. Es ese momento en el que puedes hacerte preguntas más relevantes», explica el autor.

Entonces, ¿la reflexión y la profundidad viene muchas veces del sufrimiento? «Sí. De hecho, la inmensa mayoría de canciones que se han compuesto de música clásica son en tono menor, tienen el tono de la melancolía, de la tristeza y hay muy pocas en tono mayor, que sería más bien una marcha militar o una melodía de fiesta. Es por este motivo», contesta Francesc Miralles.

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La divinidad no está en una rave

Tener el teléfono de Dios es un recurso muy atractivo, una metáfora que utiliza en el libro, pero evidentemente no es posible: ¿Cuál o qué es equivalente a ese teléfono? Miralles es tajante: «Al silencio. Todas las grandes religiones han nacido en el desierto. Allí hay espacio y silencio. Lo que necesitamos para que hable la voz de la sabiduría, sea Dios, sea el subconsciente, sea la intuición, la magia de la vida, es darle espacio y darle silencio». Malamente vamos a encontrar ese momento de intimidad espiritual en una rave, en una fiesta o en el frenesí de la vida diaria.

Moraleja: para lograr una conexión directa con ese teléfono lo primero es dejar el multitasking, apagar el ruido, desconectar todos los cachivaches que tengamos… Hay que buscar un momento de serenidad, dejar de proyectarnos al pasado y al futuro y abrirnos a las grandes preguntas que tenemos y a las posibles respuestas que nos daremos nosotros mismos.

El dilema de las respuestas

En ocasiones intentamos ir demasiado lejos a buscar esas respuestas que dan sentido a la vida. No todo tiene respuesta. Aunque a veces la respuesta está cerca. «Es verdad que muchas veces buscamos respuestas en sabidurías orientales, en sabios que vivieron hace 200 años o 2000 años. Y, en realidad, en nuestro interior, en nuestro subconsciente tenemos esa respuesta». Aquí volvemos otra vez a esa necesidad de recuperar el silencio. «Necesitamos ese reposo para que las aguas se calmen y podamos ver a través ellas», dice Miralles.

Aunque eso debería bastar, «el sentido de la vida a veces se pierde. Ocurre cuando vemos injusticias en el mundo, violencia, cuando alguien desaparece, cuando un amigo se aleja de nuestra vida y no sabemos por qué, cuando alguien muere demasiado joven, etc. Cuando se pierde el camino, las preguntas existenciales son las que nos pueden permitir encontrarlo».

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