NO TE PIERDAS Micromeditaciones: conectar con el ahora en tiempo exprés también funciona

Ponte cómoda, resérvate unos minutos y siente que estás viva. FOTO: Nappy/Pexels.

Micromeditaciones en la vida real

Reconectar contigo misma en unos minutos: meditación abreviada para quienes no tienen tiempo

Vamos por la vida acelerados y siempre repetimos el mantra de que no tenemos tiempo para nada. Por suerte lo de meditar también cuenta aunque sea en pequeñas dosis. Y los efectos se notan igual.

Por Paka Díaz

28 DE FEBRERO DE 2026 / 08:00

No tengo tiempo. Llego tarde. No me da la vida. No soy capaz de sacar minutos para nada. Se te pasa responder un WhatsApp, te saltas el gimnasio, cancelas citas… La agenda aprieta, la cabeza no se calla y el cuerpo empieza a mandar señales: insomnio, ansiedad, irritabilidad, cansancio emocional. Sabemos que la meditación incluso nos puede ayudar a mejorar la salud mental. Pero, en este contexto y por falta de tiempo, sigue sonando para muchos a lujo inalcanzable. Pero ¿y si no hiciera falta tanto tiempo, ni un sitio ideal para empezar a parar de verdad? Ahí entran en juego las micromeditaciones.

Esta práctica se adapta como anillo al dedo al estilo de vida actual. Nada de hacer grandes paradas en un tiempo que no tenemos. Aquí se trata de detenernos unos breves instantes para respirar, observar y volver al momento presente. No se trata de huir del caos, sino de aprender a estar en él sin desbordarnos. «No va de cuánto tiempo meditamos, sino de la conciencia con la que hacemos las cosas. Más vale calidad que cantidad», explica Javier Salinas, experto en mindfulness y profesor de yoga, autor del libro Micromeditar (Diana).

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Micromeditar es, en esencia, meditar en pequeñas dosis. Javier Salinas evita definiciones rígidas. En su trabajo habla casi indistintamente de meditación y micromeditación porque la diferencia no está tanto en la técnica como en la actitud. «No es algo nuevo. Va en contra del mundo de la cantidad. Podemos pasar mucho tiempo con alguien y no estar realmente presentes. O compartir un momento breve y estarlo de verdad».

Lo bueno de la micromeditación es que no exige cambiar de hábitos, rehacer la agenda o aislarse del mundo. Al contrario, se integra en lo cotidiano. Dos minutos antes de una reunión, un minuto consciente en el metro, tres respiraciones antes de responder un mensaje que nos altera. «Mucha gente cree que meditar implica cortar con la vida diaria, y eso es imposible. Todos tenemos responsabilidades. Se trata de encontrar un pequeño espacio al comienzo, como esos dos primeros pasos que dimos de niños antes de aprender a andar», explica Salinas.

Al integrarse con más facilidad de nuestra vida, alcanzamos adherencia. En otras palabras: hacemos más paradas, aunque sean breves. Y todo suma.

Esos pequeños gestos, repetidos, generan cambios profundos. Porque ayudan a corregir inercias mentales y emocionales que arrastramos desde hace años. Esas que nos roban energía sin que nos demos cuenta. Para ayudarnos, nos destaca tres micromeditaciones para incluir en tu día a día, cuando las emociones se disparan.

Salinas no habla de mantener a raya la ansiedad en el sentido clásico. «La ansiedad, como cualquier sensación, es una mensajera. Si la tapo es como ponerme auriculares para no escuchar la alarma de incendios cuando mi casa se quema», matiza. La micromeditación no busca silenciarla, sino escuchar qué viene a decir. «El problema no es sentir, sino reprimir. Cuando reprimimos, al final nos desbordamos», apunta. Esta práctica evita que la emoción se acumule y nos devuelve a un estado más saludable.

Cómo practicarla (2–3 minutos):
 Detente donde estés. No hace falta cerrar los ojos.
 Lleva la atención al cuerpo y localiza dónde se manifiesta la ansiedad, si es en el pecho, estómago, garganta.
.. Respira de forma natural y observa la sensación sin intentar cambiarla.
Pregúntate en silencio qué necesita ser atendido ahora mismo en tu vida.
 No busques respuestas brillantes. Basta con escuchar.

Vivimos hiperestimulados. Listas, pantallas, decisiones constantes. «Es como conducir todo el día un coche al límite de su velocidad», dice Salinas. Y el sistema nervioso paga el precio. La herramienta más sencilla —y más olvidada— para regularlo es la respiración. Con la práctica de esta micromeditación dejamos de reaccionar impulsivamente y empezamos a responder con más claridad. «La meditación te enseña a observar tus procesos mentales y a no vivir en piloto automático».

Cómo practicarla (3 minutos):
 Busca un lugar tranquilo, aunque sea el baño de la oficina. Inhala por la nariz contando hasta cuatro.
Exhala lentamente por la boca contando hasta seis.
Repite el ciclo varias veces, sin forzar. «La respiración no es solo meter aire. Es el sistema regulador del sistema nervioso. Es el auriga que puede domar los caballos desordenados de la mente».

La soledad no siempre tiene que ver con estar físicamente solo. Muchas veces aparece en medio del ruido, de las relaciones, incluso del éxito. Para Salinas, la clave está en el aquietamiento interno. «Cuando la mente se calma, nos reconectamos. Primero con nosotros, luego con la naturaleza y finalmente dejamos de sentirnos separados».

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Cómo practicarla (2 minutos): Siéntate o permanece de pie con la espalda erguida.
Lleva una mano al pecho y siente el contacto.
Respira despacio y repite mentalmente ‘estoy aquí’.
Permanece unos instantes observando la sensación de presencia. «La meditación es experiencial, no intelectual. Puedo explicarte qué es el chocolate, pero hasta que no lo pruebas no lo sabes», apunta.

Los efectos de la meditación, ya sea larga o en versión mini, no siempre son espectaculares ni inmediatos, pero sí profundos. Cambia la forma de relacionarte con tus pensamientos, con tus emociones y contigo mismo. Salinas recuerda una respuesta atribuida a Buda. Cuando le preguntaron qué había ganado meditando, dijo que nada, pero que había perdido todo lo que le impedía ser feliz.

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