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La tecnología nos hace sentirnos solos en un mundo conectado./ Foto: Getty.

Salud mental

Aprende a ser feliz con la tecnología: cómo vivir en un mundo digital sin obsesionarse con las redes

Cómo lograr una vida, simplemente, normal en esta sociedad tecnológica. Porque la felicidad suele ser justo eso.

Por Paka Díaz

25 de febrero de 2024 / 09:30

En las dos últimas décadas, el teléfono móvil se ha convertido casi en una extensión de nosotros mismos. Una extensión que, además, nos ocupa mucho tiempo. Tanto que ya no sabemos estar sin consultarlo. Cuando se rompe un smartphone, el caos es absoluto. Padecemos nomofobia. Nos hemos acostumbrado tanto, que dependemos de ellos. Con el móvil roto en el bolso, incluso llegar a la tienda se convierte en un suplicio. ¿Cómo saber dónde hay una sin las aplicaciones de mapas? ¿Cómo entretenerte en el camino? ¿Cómo ser más feliz en este mundo digitalizado?

En un mundo tomado por la tecnología, las redes sociales se han convertido en el patio de vecinos. En nuestra pandilla de amigos. Nos mostramos en ellas o miramos a otras personas. Las consideramos el espejo en el que nos miramos. Anhelamos las vidas de otros. Tratamos de mostrar en ellas nuestra mejor versión. Y mientras, quizá notas un vacío que crece en tu interior. No eres al único que le ocurre.

Desde 2012 se ha observado un aumento del deterioro en la salud mental de niños, adolescentes y jóvenes. También de las adicciones comportamentales asociadas a unas redes sociales. Esas herramientas que nos iban a convertir en un mundo conectado, quizá en realidad nos está alejando más que nunca a unos de otros. Al observar esta realidad, Marino Pérez Álvarez, catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo, decidió escribir El individuo flotante, un libro en el que analiza el impacto de la tecnología en nuestras vidas y como salir de esa adicción, para tratar de ser felices.

Por qué somos adictos al móvil

¿Qué pensaría alguien si saliera hoy de un coma de 20 años? “Como poco, seguro que se quedaría sorprendido”, asegura Marino Pérez Álvarez. La profunda digitalización que ha experimentado el mundo nos ha cambiado muchísimo. Sin embargo, no todas esas transformaciones han sido positivas. O, al menos, no para todas las personas. Por eso, el psicólogo reconoce que le “llamó la atención el nuevo paisaje humano, de todos enganchados al móvil”. Como también “saber que el uso de las redes sociales está asociado con deterioro de la salud mental.”

El libro El individuo flotante, de Marino Pérez Álvarez, catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo.
El libro El individuo flotante (ed. Deusto), de Marino Pérez Álvarez, catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo.

Además, el experto se sintió intrigado al ver cómo la tecnología ha generado necesidades muy diversas que no teníamos. “Antes de que existiera, nadie echaba de menos el teléfono”, señala. Sin embargo, este popular accesorio ha terminado “por crear, y solucionar, necesidades que no se tenían. Por ejemplo, hacerse fotos y colgarlas”. Esas necesidades creadas nos han acabado por hacer adictos al móvil, por ejemplo.

Tratar de comprender ese enganche, su impacto en la salud mental y cómo la tecnología transforma nuestras vidas es el objetivo de su libro. “Todo ello, sin demonizar las redes sociales, pero sin ocultar su lado oscuro”, apunta.

Por qué nos sentimos solos si estamos hiper conectados

Una de las grandes paradojas de nuestra sociedad es que estamos hiper conectados y, al mismo tiempo, más solos que nunca. Según datos del el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada (SoledadES), más del 40 % de jóvenes se sienten solos. El doble que hace una década y el doble, también, que las personas mayores de 65 años.

Las redes sociales nos hacen flotantes y nómadas, navegantes solitarios, a menudo captados por algoritmos que nos alimentan con la papilla que nos gusta”, afirma Pérez Álvarez. Además, señala que “paradójicamente, las redes sociales contribuyen a la soledad de nuestro tiempo: sentirse desconectado a fuerza de estar conectado”.

Para explicarlo, el psicólogo ha creado el término «individuo flotante». Se trata de un tipo de persona que “genera las sociedades abiertas y plurales como la nuestra, que ofrecen muchas posibilidades sin que ninguna sea plenamente satisfactoria”.

Lo llama flotante porque “alude a ligereza, levedad del ser y falta de anclaje en algo sólido y duradero. Cuando uno queda a expensas de modas, tendencias e influencers”. Pese a ser una situación adaptativa, no está exenta de peligros: “puede suponer una insoportable levedad del ser, cuando la vida carece de sentido: vacía y sin esperanza”.

Cómo hacer un uso razonable de las redes sociales

Además de recalcar que la tecnología y la digitalización han cambiado el paisaje humano –algo perceptible a primera vista: todos vamos con el móvil–, Marino Pérez Álvarez subraya que también ha cambiado “nuestra relación con el mundo, con los demás y con nosotros mismos”.

Por un lado, el experto destaca que, en nuestra relación con los demás, tiramos de mensajes prefabricados. Cada vez somos menos espontáneos en nuestras relaciones personales. Además, miramos más el mundo a través de las pantallas, en lugar de en directo. Con todo, lo más preocupante, advierte, es que “la relación con nosotros mismos ya no incluye pensar. Pensar se ha hecho insoportable, conforme estamos continuamente con el móvil”.

Para evitarlo, Pérez Álvarez apela a nuestra sensatez: “ Todo es cuestión de un uso razonable: ser más usuario de las redes que usado por ellas”.

Cómo afectan las redes al bienestar mental

Desde 2012 se observa un creciente deterioro en la salud mental de niños, adolescentes y jóvenes, así como un aumento de las adicciones asociadas a unas redes sociales. El impacto de la tecnología en los menores es brutal. El experto señala dos efectos principales de las redes sociales en niños, adolescentes y jóvenes.

“Por un lado, deterioran su salud mental (ansiedad, depresión, anorexia, conductas autolesivas). Por otro, crean problemas nuevos, como el miedo a perderse algo si no estás conectado (conocido como FOMO por sus siglas en ingles), la adicción al móvil y la selfitis”, alerta.

Esa selfitis va más allá de no parar de hacerse fotos para colgarlas en redes. En su caso más extremo, advierte, se llega a “acudir a cirugía plástica para parecerse a uno de esos selfies. Uno se identifica más con su yo filtrado que consigo mismo como es”.

Aprender a ser feliz en un mundo digital

Para sobrevivir a este mundo digital, y tratar de ser felices en él, hay que empezar por dejar de mirar a las pantallas. Sólo así se puede reducir el impacto de estas en nuestras vidas. “Sobreviviremos al mundo digital en la medida en que recobremos la conexión con el mundo analógico de toda la vida: con las cosas, los demás y nosotros mismos”, corrobora el experto.

Él sugiere un eslogan para nuestras vidas: «Más contacto real con las cosas y las personas y menos fotos y mensajes».
En cuanto a los menores, además afirma que sería necesaria “una regulación parental y escolar del uso de móvil y la creación de entretenimientos alternativos que faciliten las relaciones, los juegos y la lectura”.

Cómo ser feliz en un mundo digitalizado

Ser feliz en este mundo digitalizado, vendría a ser una especie de oxímoron. Como señala Pérez Álvarez, “en el mundo digital difícilmente se puede ser feliz porque está diseñado para captar nuestra atención y suscitar deseos continuos que nunca se terminan de satisfacer”.

Por eso, en realidad el bienestar mental comienza por dejar de obsesionarse con ser felices. Por tanto, la recomendación del experto es “dejar de buscar la felicidad y en su lugar centrarse en la vida, más que en el ombligo, con un espíritu deportivo”. O sea,” prepararse, conocer las posibilidades y los límites, y saber ganar y perder”. Y acaba con una pregunta que da mucho que pensar: “¿Por qué empeñarse en ser feliz pudiendo ser normal?”.

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