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NO TE PIERDAS Madonna se enfrenta a un mundo que condena a las mujeres a desaparecer a partir de cierta edad
OPINIÓN
1 DE OCTUBRE DE 2026 / 07:30
Madonna se enfrenta a un mundo que condena a las mujeres a desaparecer a partir de cierta edad. Pero ella se resiste a dejar de ser ella.
Marita Alonso Redactora
Nadie juzga a Mick Jagger, ni a Iggy Pop, cuando suben a un escenario. A Madonna se la mira con lupa. FOTO: Santiago Felipe/Getty.
Cuando una mujer alcanza una edad determinada, parece que solo puede elegir entre dos opciones. Y elija la que elija, la van a criticar. Puede pasar por el quirófano, tal vez ponerse en manos de su médico-estético de confianza para intentar borrar alguna pincelada del paso del tiempo, o dejar que las cosas sigan su curso. Un curso que, por supuesto, no es precisamente el más instagrameable.
Todas sabemos que Madonna ha elegido la primera opción, y aunque por supuesto no estamos aquí para criticar sus decisiones. Pero en un mundo que castiga la vejez —especialmente, la femenina—, que no haya optado por erigirse como un referente que se niega a acatar las obligaciones inscritas de un mundo profundamente edadista no deja de resultar una oportunidad perdida. Aunque comprendo que es humano lo que le sucede. Porque sospecho que Madonna también tiene miedo a envejecer.
Hace ya tres años, tras su paso por los Grammy, alzó la voz en su perfil de Instagram para hablar acerca de las críticas que su rostro estaba recibiendo. "Entiendo que todo esto es una prueba y me alegra abrir camino para que a todas las mujeres que vienen detrás de mí les resulte más fácil en los años venideros", dijo. "Espero con ilusión muchos años más de comportamiento subversivo —desafiando límites, plantándole cara al patriarcado— y, sobre todo, disfrutando de mi vida", añadió.
La doctora Pernille Yilmam, consultora de investigación en neurociencia y salud mental, cuyo trabajo suele centrarse en la imagen corporal, tiene claro que la fama y la belleza no hacen a nadie inmune a los problemas de autoestima. "Si la cirugía ayuda a alguien a sobrellevar eso, que así sea. Para mí, la verdadera cuestión es si al público debería importarle. ¿La única razón por la que podría importarle? La influencia de Madonna como modelo a seguir", dice.
La cantante aprovecha cualquier situación para reivindicar su intención de seguir rompiendo las reglas. Lo hace incluso cuando es la imagen de un banco. "Valora mis logros, no el número de años que he vivido en este planeta. Siempre me estoy reinventando para poder seguir siendo yo misma", dice en un spot del banco brasileño Itaú.
El problema es que, a fuerza de reinvenciones, una ya no sabe qué Madonna es. Si es la Ciccone Ave Fenix o si ha dejado de ser ella y no es más que un clon de lo que fue. O si, en el fondo, se siente cada vez más incómoda con un reloj que no para de avanzar. Su icónico tema Vogue se publicó en 1990. Hace más de un cuarto de siglo. Por no hablar de que el mítico Holiday, uno de los temas que no suelen faltan en sus directos, se lanzó en 1983.
Por aquel entonces, los de la Generación X aún llevaban sus camisetas del verano de Naranjito y los milennials estaban empezando a nacer. Y eso pesa.
El tiempo pasa y la pregunta es cómo le está plantando cara Madonna. Recientemente grabó un tema junto a Kylie Minogue, poniendo en marcha el sueño del colectivo LGTBIQA+ al unir a las dos grandes divas de la historia del pop. Pero la química sobre el escenario no fue tan mágica. La cantante de Papa don't preach no estaba del todo cómoda, algo que volvió a quedar claro cuando ambas concedieron a Graham Norton una entrevista televisiva. Mientras que la australiana parecía actuar con absoluta normalidad y tranquilidad, Madonna se convertía en ocasiones en un personaje de Zoolander al adoptar algunos gestos que podrían indicar que sentía cierta inseguridad.
Algo que, de hecho, sus palabras reforzaron. "En realidad, sentía un poco de envidia de ti", le dijo a Minogue. "Creo que mi exmarido, por aquel entonces, estaba enamorado de ella. Yo pensaba: '¡Nunca seré tan guapa como Kylie!", confesó después al presentador. Podríamos pensar 'bueno, pero Madonna ha tenido un exitazo en la música que Kylie jamás ha logrado'. Pero la realidad que subyace es que Madonna tiene 68 años y Kylie, diez menos. Y eso, cuando has sido icono generacional, diva de las masas, luz de la revolución sexual, duele en lo más recóndito del alma.
Es muy probable que Kylie Minogue también haya coqueteado con los pinchazos mágicos, pero aquí se erige la paradoja de la que hablábamos al comienzo... elevada al cuadrado. Porque ahora, quien intenta frenar el paso del tiempo ha de hacerlo sin que se note, algo que por descontado, exige contar con los reyes de la estética y con el presupuesto suficiente para poder pagar sus servicios. Por no hablar de la moda. ¿Quién dijo que los microshorts, los corsés y las plumas no se pueden llevar pasados una edad si a ti te apetece?
Lo positivo de Madonna es que ella se niega a desaparecer en un presente que quiere que, a partir de determinada edad, las mujeres se escondan en sus hogares enfundadas en jerséis de cuello vuelto. Y Madonna se enfrenta a este mundo luciendo bodys, bailando con gente que podría ser amiga de su hija Lourdes y demostrando que cada una puede elegir la forma que quiera de envejecer… A sabiendas de que elija lo que elija, será criticada, claro.
Desde que muchos la conocimos en el escenario del Live Aid, Madonna ha sido una creadora de tendencias. Una revolucionaria. Una máquina de crear estilo. Treinta años después aquello que brotaba de forma natural, parece forzado. Como si tuviera la necesidad de seguir siendo una iconoclasta, de seguir sorprendiendo, de provocar. Y en esas estábamos cuando en la Final del Mundial de fútbol se planta en el MetLife Stadium en un buggy, flanqueada por unos Ronaldo Nazário y Ronaldinho en horas bajas. Un guiño a la nostalgia o una broma pesada.
"Durante mucho tiempo Madonna desafió los límites de lo que las mujeres podían y debían hacer. Ahora se ha convertido, en cambio, en el máximo exponente de nuestro pavor a envejecer. Todo en su apariencia denota que ha sucumbido a unos cánones de belleza implacables. Una dictadura estética que insiste en que el valor de la mujer reside únicamente en proyectar una imagen de juventud", escribe Glynnis MacNicol en The New York Times.
Comenta que no es óptimo criticar a Madonna por aferrarse a una versión idealizada y retocada de su yo más joven. Por obcecarse en revivir una época en la que las cosas parecían más emocionantes y el futuro, mucho más prometedor. "Más bien, cabe reconocer que, al negarse a permitir que su cuerpo revele la verdad del paso del tiempo, ella sigue proyectando un rayo de luz sobre los espacios que todos habitamos", dice.
Pero es sensato plantearse si Madonna, la grandísima, la única, la incomparable Madonna sigue teniendo que ejercer de faro o si no pasa nada por relajar.
En cualquier caso, lo verdaderamente preocupante no es que Madonna, icono de la transgresión, no se permita a sí misma envejecer. O que la gran Madonna tenga miedo a envejecer. La pregunta es ¿qué va a ser del resto de nosotras? Porque tras escribir esto, siento que el retinol ya no es suficiente. ¡Ay, Virgencita de Lourdes, ayúdame!
Marita Alonso Estudié Comunicación Audiovisual pero cambié las cámaras por el teclado del ordenador, mi fiel compañero de vida. Escribo sobre estilo de vida y cultura e intento que la cultura pop esté siempre presente en mis artículos. Qué queréis que os diga: crecí con la MTV y soy kardashianista.