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Mujer con insomnio que toma fármacos para el insomnio que engordan

A veces es peor el remedio que la enfermedad. Algunos fármacos usados para atajar la depresión y el insomnio, favorecen el aumento de peso. FOTO: Rulo MX/Pexels

El dilema del sueño

No dormir engorda y algunos fármacos que se recetan contra el insomnio, también

El insomnio crónico está vinculado al exceso de peso y a los estados depresivos y aumenta en la menopausia. Algunos medicamentos para mejorar el sueño tienen una cara B: engordan.

Por Verónica Palomo

18 DE ENERO DE 2026 / 08:00

La obesidad es uno de los factores que inciden en una mala calidad del sueño. Y, a la vez, dormir mal, favorece un aumento de peso. Sin embargo, algunos estudios advierten que algunos fármacos para el insomnio también engordan. Un círculo vicioso donde la solución al problema se convierte en un mero parche que aumenta aún más ese problema. La doctora Rybel Wix, especialista en medicina de sueño de los hospitales HM Sanchinarro y HM Puerta del Sur, analiza esta paradoja y sugiere soluciones menos lesivas.

La menopausia que roba el sueño

El mal dormir es un intruso acoplado en la cama la mitad de los españoles. Un 54% duerme menos de las horas recomendadas, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), pero una gran parte de ese porcentaje de insomnes corresponde a un perfil muy específico: mujer entre los 45 y 65 años. «Entre el 40–60% de las mujeres en peri y posmenopausia sufren trastornos del sueño, con un incremento aproximado del 50–60% en la prevalencia de insomnio respecto a la etapa premenopáusica».

La culpa la tienen los cambios hormonales, fundamentalmente el descenso de estrógenos y progesterona, que participan en la regulación del sueño a través de serotonina y GABA. «Estos cambios favorecen una mayor fragmentación del sueño y el insomnio», explica Rybel Wix, especialista en medicina de sueño de los hospitales HM Sanchinarro y HM Puerta del Sur.

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Cuando los sofocos te impiden pegar ojo

«Tampoco ayudan los síntomas vasomotores, como los sofocos o la sudoración nocturna, que despiertan repetidamente y reducen la eficiencia de sueño, ni el incremento de trastornos del ánimo (ansiedad, depresión) y de apnea obstructiva del sueño y obesidad, que agravan la calidad del mismo», recalca la experta, miembro del grupo de insomnio de la SES (Sociedad Española del Sueño).

Dormir poco y mal es una vía rápida hacia la obesidad 

La especialista de la SES cuenta que «en la menopausia se tiende a sufrir una combinación de insomnio y sueño corto». Esta mala calidad y la corta duración de sueño se asocian de forma consistente con mayor riesgo de aumento de peso, obesidad, síndrome metabólico y diabetes tipo 2. El mecanismo biológico que nos lleva a ello es complicado, pero se puede resumir en que la falta de sueño provoca un aumento de la hormona del hambre, llamada grelina, y una disminución de la hormona de la saciedad, la leptina».

Este desequilibrio hace que nuestro apetito se vuelva voraz. Nos pide más comida, de esa poco saludable que despierta nuestra dopamina, como unas patatas fritas con tres toneladas de kétchup o mayonesa. «Nos provoca un hambre constante y, como consecuencia, la dificultad de regular el peso, de mantener los kilos a raya. Por otra parte, como señala la especialista en sueño, «a más horas despiertos disponibles para comer, mayor ingesta y peor control de impulsos alimentarios».

Por último, «la fatiga diurna reduce la actividad física y favorece el sedentarismo».

¿Y si los fármacos para dormir engordan?

Algunos estudios apuntan a los ansiolíticos que se recetan (o se auto recetan) para calmar esa ansiedad e irritabilidad que provoca el insomnio asociado a la perimenopausia y menopausia serían un factor de riesgo más a la hora de engordar. La realidad es que hay fármacos para el sueño que favorecen el aumento de peso, pero no como pensábamos. Lo explica la doctora Rybel Wix: «En muchas ocasiones se recurre a benzodiacepinas y fármacos Z (zolpidem, zopiclona, etc.) para tratar el insomnio en menopausia. Sin embargo, hay que recordar que las guías de la American Academy of Sleep Medicine recomiendan que la primera línea de tratamiento sea la terapia cognitivo-conductual para insomnio (TCC-I)».

A pesar de ello, las revisiones científicas recientes indican que las benzodiacepinas y los fármacos Z, usados como hipnóticos, no parecen tener un efecto relevante directo sobre el peso corporal. «El problema principal en términos de peso —explica Wix— está en los antidepresivos sedantes y antipsicóticos que se utilizan off-label para dormir. Me refiero a aquellos prescritos en condiciones distintas de las autorizadas, es decir, que son utilizados para un uso no reflejado en su ficha técnica».

En este grupo se encuentran la mirtazapina (recetado en casos de depresión y que produce cierto estado de sedación), algunos ISRS ((Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina), quetiapina, etc… «Estos sí que se asocian con ganancia ponderal significativa».

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Pérdida de la estabilidad corporal y más riesgo de caídas

Más allá de que los antidepresivos usados como fármacos contra el insomnio engorden,  la experta advierte de otros efectos secundarios a largo plazo que no conviene olvidar: «Caídas, dependencia, deterioro cognitivo, etc…».

Por eso mismo, la estrategia de elección de tratamiento de insomnio, de acuerdo con la AASM, es no basarlo en benzodiacepinas, sino en intervenciones no farmacológicas y en fármacos específicos cuando hagan falta.

Más terapia y menos pastillas

Tal y como enumera la especialista en sueño, en una mujer menopáusica, las alternativas principales son:

  • Terapia cognitivo-conductual para insomnio (TCC-I): Es el tratamiento de primera línea para el insomnio crónico e incluye el control de estímulos (la cama está solo para dormir y se asocia solo con el descanso), la restricción del sueño (limitar el tiempo en la cama), la reestructuración cognitiva (identificar y desafiar los pensamientos negativos sobre el sueño) y técnicas de relajación adaptables a la clínica menopáusica (sofocos, preocupación por la salud, etc.)
  • Abordaje de la causa menopáusica: Valorar la terapia hormonal sustitutiva (THS) en las candidatas apropiadas, ya que puede mejorar los sofocos y, secundariamente, el sueño.
  • Tratar comorbilidades: Es el caso de la apnea del sueño, depresión/ansiedad y obesidad, que contribuyen a la fragmentación del sueño.
  • Fármacos alternativos más específicos, según las guías farmacológicas y la evidencia disponible: hipnóticos de acción corta bien seleccionados y por tiempo limitado (por ejemplo, Z-drugs), fármacos dirigidos a la fisiología del sueño (agonistas de receptores de melatonina, antagonistas de orexina) que tienen un perfil distinto de las benzodiacepinas y que pueden ser útiles en algunos casos, aunque siempre individualizando beneficio–riesgo.

En definitiva, en la menopausia el abordaje óptimo sugiere un uso muy prudente y limitado de fármacos, evitando cronificar el consumo de ansiolíticos y priorizando intervenciones que mejoran tanto el sueño como el perfil metabólico y cardiovascular».

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