
En los supermercados de muchos países europeos existe un sistema paar 'devolver los cascos': depositas los envases usados y te devuelven dinero. FOTO: Mart Production/Pexels.
Devolver el envase y cobrar por ello
¿Y si te pagaran por reciclar? Así funciona el cashback que ya se aplica en muchos países de Europa
La fórmula europea que convierte tus residuos en dinero (y que España aún no aplica)
25 DE ENERO DE 2026 / 08:00
La generación de Naranjito aún recuerda que hubo un tiempo en que llevabas los cascos al súper y te devolvían dinero. No era mucho, pero incentivaba a los hogares a guardar primorosamente las botellas de refrescos, agua mineral o cerveza. Sabían que esos envases eran dinero. Luego llegaron los envases de plástico y las máquinas desaparecieron de los supermercados. Las ciudades se llenaron de contenedores amarillos, destinados a que depositemos allí nuestros envases domésticos de un solo uso de cartón, plástico o madera (las cajas de fresón, por ejemplo). Ecoembes se encarga de su reciclaje, pero ya no se percibe nada por las molestias de almacenarlos en casa y depositarlos en el contenedor. Y eso es un escollo para dinamizar el reciclaje. Po9rque cobrar por reciclar sí es posible y estimula la economía circular.
En otros países europeos, en cambio, si hay un reintegro monetario. Y eso dispara las tasas de reciclaje. Rumanía, sin ir más lejos, ha alcanzado un 94 % de reciclaje en un año con un principio simple: devolver dinero por reciclar. Cada envase vacío se convierte en ingreso. ¿Podría funcionar en España?
El modelo rumano: cifras que lo cambian todo
Desde diciembre de 2023, cada envase en Rumanía incluye un depósito de 10 céntimos reembolsable al devolverlo en supermercados. Este Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) ha generado una participación ciudadana masiva, llevando al país del 40 al 94 % de reciclaje de envases en apenas doce meses. «El sistema hace visible el valor del envase», afirma el ambientólogo Alberto Vizcaíno, autor del libro ‘Contenedor amarillo S.A. «El consumidor recupera lo que paga solo si devuelve el envase. Eso cambia radicalmente su comportamiento», explica.
¿Por qué un sistema tan eficaz no ha llegado todavía a nuestro país? Aunque no se desglosa en el ticket, los españoles también pagamos el envase. Así lo permite la Ley 7/2022 que establece que los fabricantes de productos deben reciclar obligatoriamente todos los envases que ponen en el mercado, pero pueden repercutir en el consumidor el coste de reciclar. Sin embargo, no gratifican al ciudadano cuando deja los envases que ya ha pagado en el contenedor, a diferencia de lo que ocurre en sistemas de depósito y retorno como el de Alemania o Rumanía.
¿Y por qué aquí no vemos ni un céntimo?
Vizcaíno es tajante: «En España las corporaciones de distribución de productos envasados han ejercido una fuerte presión política y económica para evitar su implantación. Han financiado estudios manipulados, comprado voluntades políticas y generado desinformación para proteger un modelo de negocio basado en el envase de usar y tirar”.
Raúl González Miguel, CEO de Ecodicta (una plataforma de alquiler de ropa que promueve el consumo responsable), coincide en que la falta de voluntad es el mayor freno: «Lo que existe es dejadez para no hacerse cargo de un problema. Apostar por la economía circular requiere esfuerzo, pero también diseño inteligente de incentivos».
El reto de separar bien los residuos
Desde la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER), su presidente Ion Olaeta ve positivo el SDDR si los distribuidores incentivan al ciudadano, pero subraya que debe adaptarse a cada residuo. «No todos permiten una devolución viable». Advierte además que debe evitarse pagar dos veces (punto verde y depósito) y cuestiona ampliar el sistema a latas y cartones si no funciona con plásticos, por falta de justificación técnica y económica.
Olaeta también apunta que los residuos que llegan desde un sistema como el SDDR «llegarían mejor seleccionados y más limpios», lo que facilitaría el tratamiento y la calidad del material reciclado. Porque ese es otro de los problemas: dejamos los envases con desdén y no poco desconocimiento. Hay quienes creen que el cubo amarillo es para plásticos y echa perchas, juguetes rotos… O que depositan envases a medio vaciar. Esos residuos obligan a limpiar y multiplicar los procesos de triaje para lograr materias primas limpias y útiles. Pero, ¿quién se molesta en vaciar el bote de kétchup caducado cuando no te pagan por ello?
Hacia dónde va el reciclaje en España
Desde Ecoembes, Álvaro Otero Cavero reconoce el potencial de los incentivos económicos: «Fuimos los primeros en probar un sistema con recompensa en España con el piloto Reciclos. Vimos que funciona, y creemos que España está preparada para incorporar un SDDR que complemente al contenedor amarillo». Sin embargo, el paso no lo ha dado el sector del envase, sino el textil con TexMat, un proyecto piloto de contenedores para depositar ropa usada que bonifica al depositar las prendas en función de cómo estén. Tras este proyecto están la Universidade da Coruña, dos empresas tecnológicas y Humana Fundación Pueblo para Pueblo.
Volviendo al reciclaje de envases de uso doméstico, el sistema habitual para reciclar es el reciclaje mecánico. Consiste en triturar los envases de plástico hasta lograr una especie de papilla con la que se pueden fabricar nuevos envases u otros objetos. La limitación aquí es que todos los envases debe ser de un mismo material, por ejemplo, PET o polipropileno. Si el plástico está a su vez compuesto por varios tipos de plástico ese tipo de reciclaje no es posible. Otero Cavero señala aquí los avances en reciclaje químico que sí permite tratar envases complejos, como los multicapa (por ejemplo, los de los paquetes de salchichas). E insiste en una visión sistémica: «Reciclar es un hábito de aguas abajo. Lo prioritario es reducir la generación de residuos y fomentar la reutilización. El mejor residuo es el que no se genera, pero si se paga por él, se devuelve”.
A día de hoy, en España el ciudadano paga por el envase, pero no percibe nada aunque lo deposite en el contenedor amarillo. No cobra por reciclar.
Del chip al cambio: tecnología, dinero y hábitos que sí funcionan
La digitalización entra también en juego, pero no todos los expertos lo ven con buenos ojos. Vizcaíno advierte sobre el futuro pasaporte digital de producto, que traza cada materia prima desde su origen. «Encarecen innecesariamente el producto y generan una trazabilidad sobre el consumidor con implicaciones sobre su privacidad», explica. «Falsas soluciones para desviar dinero público y proteger el modelo de usar y tirar». Vizcaíno defiende lo simple: contenedores suficientes, vaciados y accesibles.
Para Raúl González Miguel, el cashback no es solo una cuestión económica: «El ciudadano es responsable de lo que compra y deja al planeta. Reciclar cuesta al principio, pero luego te hace sentir mejor». Y añade: «En España funcionamos mejor con incentivos positivos. El castigo no encaja con nuestra cultura, pero si devuelves un envase y te dan algo a cambio, el chip cambia muy rápido. Lo vimos con las bolsas de plástico: ponerles precio redujo su uso de forma inmediata». En otras palabras: si el ciudadano percibe un dinero al retornar los envases, es más probable que recicle con ahínco.
¿El cashback circular es el futuro?
Todo indica que sí. Como dice Vizcaíno: «Reciclar no es suficiente si no cambiamos el modelo. El incentivo es la vía más efectiva para lograrlo».
No será inmediato, pero Rumanía demuestra que es posible. España ya cuenta con tecnología y referentes para adoptar modelos eficaces. Pero Olaeta advierte que los nuevos sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP) no deben romper un sistema que ha funcionado durante años.
Sin embargo, los cambios regulatorios apremian. El nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR), que entró en vigor en 2025, obliga a los Estados miembros a establecer sistemas de depósito y retorno para envases de bebidas antes de 2029 como parte de la nueva normativa de envases de la UE. Sin embargo, no especifica el método concreto de reintegro económico y deja en manos de cada país la elección del sistema que mejor encaje.
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