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Las ciudades de 15 minutos luchan por hacer más cómoda y feliz la vida de sus habitantes./ Imagen: Unsplash.

Medio ambiente

Qué son las ciudades de 15 minutos: los lugares en los que mejor se vive lo tienen todo cerca

Olvídate del coche y ve al trabajo caminando... Elige dónde vivir. El modelo de ciudad de 15 minutos es la oportunidad para restaurar la calidad de vida y cambiar el sistema actual. El reto está servido.

Por Sara Trueba Rodríguez

14 de marzo de 2023 / 08:00

Mucho se habla últimamente de las ciudades de 15 minutos, pero, ¿qué son? Imagina cómo sería tu vida si pudieras ir andando al trabajo, si no dependieras del coche a diario y, el más difícil todavía porque implica un cambio de estructura a nivel global, si no tuvieras que salir de tu pequeña provincia para desarrollarte profesionalmente. Parece una utopía, pero existe un modelo (en realidad es un gran reto y una oportunidad) que podría hacerlo posible: bienvenido a la ciudad de los 15 minutos.

El término, creado por el científico Carlos Moreno en realidad no es un concepto nuevo recién salido de un cónclave secreto y viralizado por arte de magia. De hecho, la ciudad de Melbourne lleva más de veinte años trabajando en la ciudad de 20 minutos, llevando a sus barrios los cambios necesarios para conseguir que todo esté accesible en un radio de 20 minutos a pie o en bicicleta.

Qué es una ciudad de 15 minutos

Lo de menos es si hablamos de ciudades de 15, 20 o 30 minutos. El tiempo es un matiz que marca el lugar concreto y sus circunstancias. Diego Isabel La Moneda, director del Foro NESI (fundación que promueve la transformación de la economía), hace hincapié en la necesidad de cambiar el foco para llegar a algo mucho más sostenible en todos los aspectos: «Se habla mucho de plan B, de planeta B, pero lo cierto es que no tenemos plan B, solo tenemos un plan y es necesario transformar el modelo de vida. Desde nuestra organización creamos un documento que se llama Urbanismo para la vida centrado en las personas».

En este sentido, incluyen las ciudad de 15 minutos como fórmula para poner el foco en la calidad de vida. «Se trata de que cualquier persona tenga las necesidades cubiertas en un radio inferior a 15 minutos a pie o en bicicleta si vive en una ciudad y a 45 minutos si reside en un entorno rural«.

El objetivo fundamental del modelo es mejorar la vida de las personas y hacerlas más libres de elegir. «Lógicamente, si la gente usa menos el coche, el aire estará más limpio y, por ende, mejorará su calidad. La contaminación está claramente vinculada al modelo, pero no es el único objetivo», comenta el Director de NESI.

No es lo mismo poder recorrer una ciudad en poco tiempo que una ciudad de 15 minutos

Cabría pensar que a lo largo de la geografía española ya existen muchas ciudades de 15 minutos. De hecho, muchas capitales de provincia en España podrían, a priori, ser consideradas como tal. Pero lo cierto es que no, y ahí reside uno de los grandes retos (y problemas) a los que habría que prestar atención con urgencia.

«Una cosa es poderte desplazar de lado a lado de la ciudad en poco tiempo andando, pero otra muy distinta es que tengas acceso a todo lo que necesitas. Yo soy de Palencia, una ciudad que se puede recorrer en 20-25 minutos, pero no responde a este modelo de ciudad de 15 minutos porque no hay empleo y la población se ve obligada a marchar a una ciudad que le ofrezca una oportunidad laboral. En Palencia, por ejemplo tampoco hay servicio de radioterapia, hay que trasladarse a otra ciudad para recibir este tratamiento».

¿Y si nos vamos al medio rural? Ahí también suspendemos. «Creemos que lo son, pero no… Faltan muchas cosas para hacer que las ciudades o pueblos encajen en este modelo. Lo que tienen las pequeñas ciudades (zonas verdes y relaciones humanas) les faltan a las grandes; lo que tienen las grandes (empleo y servicios sanitarios) es la gran necesidad de las pequeñas poblaciones», declara  Diego Isabel.

La hiperproximidad en las ciudades da libertad

Diego no habla de este concepto urbanístico desde la limitación. Como defensor de este modelo junto a otras organizaciones como el Grupo de Liderazgo Climático, C40, la hiperproximidad no trae limitación de movimientos, al contrario, da libertad a las personas: «La limitación viene con el sistema actual que te encierra en el coche y te obliga a utilizarlo para ir al trabajo. Cuando tienes la opción de ir a comprar en cercanía, de tener tu empleo cerca y disfrutar de una serie de servicios básicos sin desplazarte lejos, eso es libertad real», explica.

Y puntualiza: «No estamos hablando de la ciudad de los «0» minutos, eso ya lo vivimos en el confinamiento y no queremos volver. La proximidad genera oportunidades para ser más libre en la elección de tu proyecto de vida».

Además, con este tipo de estructura urbanística se favorece otro elemento esencial en la mejora de la calidad de vida de las personas: las relaciones humanas. «No sólo tenemos que hablar de regeneración medioambiental. Cuando no hablas con el vecino, no tienes relación con tu entorno, no hay calidad de vida, por eso las ciudades de 15 minutos contemplan espacios públicos esenciales para esas relaciones», añade Diego Isabel.

Los retos de las ciudades de 15 minutos

Podríamos pensar que reconvertir una ciudad a este modelo de vida supondrá un gasto elevado para las ciudades y barrios, pero el director de NESI lo tiene muy claro: «Al contrario, es una inversión y una ventaja».

«Si al diseñar un barrio intentas que la gente tenga cerca lo que necesita, se creará un barrio vivo y eso es actividad económica y economía local que repercute a todas las personas. ¿Hace falta centro de salud o escuela? Es, en todo caso una inversión (no lo veo como gasto). En cualquier caso este modelo es más sostenible porque fomentas la economía local, no dependes de le economía externa. Es mucho más rentable que el actual», explica.

Y añade: «En términos económicos y medioambientales, hoy  necesitas desplazarte para ir al trabajo con el gasto combustible y energía que conlleva, además de la contaminación que genera. Que una persona que vive en Madrid tenga que emplear 69 minutos de media al día en desplazamientos al trabajo no ayuda a la empresa porque el trabajador se agota físicamente».

Reto 1: reequilibro territorial

Reconvertir una ciudad en una de 15 minutos no es sinónimo de crear ciudades a lo alto. El gran problema aquí es que cada vez llega más gente a las grandes ciudades, lo que hace imposible la proximidad porque obliga a crear proyectos urbanísticos solo para vivir (sin servicios). «A nivel país necesitamos un reequilibrio territorial donde la gente de poblaciones medianas y pequeñas no tengan que desplazarse a las grandes. Abandonar una ciudad para ir a otra incapaz de absorber tanta gente no tiene sentido«.

Irse de un lugar por la falta de servicios y empleo y llegar a metrópolis saturadas, hace que aumente el precio de la vivienda de unos mientras que otros, inevitablemente, se vacían. «No queremos que todo el mundo esté en Madrid, Barcelona o Málaga. O lo revertimos o en 100 años nuestro modelo  actual habrá fracasado porque habrá 4 ciudades grandes y nadie vivirá en los pueblos o pequeñas ciudades», advierte.

«No creo que nadie piense que las macrourbes son buenas para vivir. Nuestras ciudades aún no llegan a ser como México DF o Nueva Delhi, pero ¿quién piensa que en estas ciudades se vive bien? A no ser que tengas suficiente poder adquisitivo, la respuesta es fácil de contestar», concluye Diego Isabel La Moneda.

Reto 2: la oficina, a 15 minutos

Esta es la gran dificultad, aunque el director de NESI plantea soluciones que no necesariamente serían tan difíciles de implementar. «Los modelos no son perfectos y lo más difícil de lograr es un sistema con diferentes opciones laborales en cercanía. En el foro NESI apostamos por la descentralización económica«.

«¿Por qué una oficina de 1000 trabajadores nunca se ha planteado pensar dónde viven sus empleados? ¿Por qué no tener varios pequeños centros de trabajo repartidos, puntos donde los equipos se reúnan y tengan su puesto de trabajo, combinando teletrabajo con presencialidad? Aun en el caso en el que, de vez en cuando, el empleado tuviera que ir a la oficina central, mejoraría su calidad de vida, sin renunciar al trabajo en equipo ni la presencialidad… «, cuenta el experto.

Según Isabel La Moneda, no se trata de polarizar si no de descentralizar, abriendo camino a oportunidades  de innovación y exploración, «creando compañías más modernas y más generadoras de talento».

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