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Andar antes de ir al trabajo me ha ayudado a conocerme a mí misma./ Unsplash.

Ejercicio y bienestar

He empezado a ir andando al trabajo y así me ha cambiado la vida

Caminar antes de empezar mi jornada laboral me ha hecho planteármela de otra manera y me ha ayudado a reducir mi ansiedad y a ser más productiva.

Por María Muñiz Marcelo

3 de marzo de 2023 / 14:16

Que levante la mano a quien no le falten horas en el día. Esta siempre ha sido mi excusa para escaquearme de hacer deporte, y eso que ya he descubierto las virtudes que este tiene para mi bienestar mental corriendo cinco minutos cada día durante un año. Aún así, la pereza muchas veces me puede. O podía, porque desde hace aproximadamente un mes he decidido cambiar el autobús por mis zapatillas para ir al trabajo. Sí, todas las mañanas voy andando al trabajo. Y, una vez más, como me ha ocurrido siempre con el ejercicio, he ganado muchos beneficios, y no solo en lo que a la parte física se refiere.

Por qué empecé a andar para ir al trabajo

Podría haber elegido cualquier otro momento del día para salir a pasear, pero, como ya decía, tengo la sensación de que me faltan horas en el día. Así que, había que aprovechar el tiempo. Siempre lo había hecho al llegar a casa del trabajo, pero lo cierto es que el cansancio siempre era excusa suficiente y, al final, lo de salir andar ocurría solo si se alineaban los astros, por lo que decidí invertir los horarios.

Además, en mi feed de Instagram había visto influencers que lo hacían y lo recomendaban, es decir, les funcionaba, y decidí probarlo.

Empezar poco a poco para acostumbrarse

A pesar de que andar es una actividad que exige poco por nuestra parte y que podemos llevar a cabo casi sin ningún tipo de esfuerzo, hay que coger costumbre. Y no solo porque hay que lograr la resistencia para hacerlo a diario, sino porque implica adelantar toda nuestra rutina para poder ir tranquilamente andando cada mañana al trabajo. Y, reconozcámoslo, sacrificar esa hora de descanso no es tarea fácil.

A esto hay que añadir que, durante los meses de invierno, hay que tener en cuenta que a primera hora de la mañana también nos tendremos que enfrentar al frío. Después de unos días andando para ir al trabajo, será el menor de nuestros problemas. Ya casi ni lo notaremos. Además es algo que tiene fácil solución: nada como abrigarse más de lo normal.

Por eso, lo mejor será tener un amplio abanico de opciones. Es decir, por ejemplo, puedes empezar dando un pequeño paseo y después coger el transporte público para ir al trabajo. También es cierto que todo dependerá de la distancia a la que se encuentre tu trabajo. Y es que no es lo mismo que esté a una hora andando que a 15 minutos.

En este sentido, si la distancia no es demasiado larga, lo ideal sería alargar el trayecto para que podamos experimentar los beneficios tanto físicos como emocionales del paseo matutino. Quizás esta sea una de las cosas que puedes introducir cuando ya hayas cogido costumbre de ir andando al trabajo. Da un rodeo. A medida que vaya pasando el tiempo, ir andando al trabajo se traducirá en dar un paseo por la mañana que termine cono el trayecto a la oficina.

Cómo me ha ayudado andar antes de ir al trabajo

Andar por la mañana me ha supuesto un esfuerzo, sí, pero una cosa está clara: me merece la pena. De hecho, la pereza qua aparecía en los primeros días ya no ha vuelto a surgir, sino todo lo contrario, me levanto con muchas más ganas de empezar el día. Además me noto mucho más activa desde primera hora de la mañana. Soy más productiva.

Definitivamente, ha mejorado mi fuerza de voluntad, y no solo porque me proponga como reto personal caminar cada día como mínimo una hora por la mañana (normalmente ahora ando una hora y media). Mientras ando, aprovecho para pensar en los distintos aspectos que componen mi vida. Es un momento perfecto para la retrospección y para organizar los pensamientos, así como las tareas que tienes para cada día. Visualizarlo así es realmente motivador.

Por su parte, es un momento perfecto para la meditación. Una parte de mi paseo la dedico siempre a intentar conectar con mi ciudad e incluso con el frío del invierno y esto me ayuda a ser mucho más consciente de mí misma.

Esto al final termina ayudándome a relativizar los pensamientos que, por ejemplo, la noche anterior me generaban más angustia o me preocupaban y que en otro momento hubieran sido detonante de un ataque de ansiedad. Así que también me ha ayudado a mejorar mi ansiedad y a reducir mis niveles de estrés. Llego al trabajo mucho más relajada, de mejor humor, con ganas de enfrentarme al trabajo y sin ápice de sueño, porque he tenido tiempo de sobra y factores suficientes para despejarme.

Por su parte, físicamente me encuentro más en forma y me veo mejor, a pesar de que la intensidad de este «entrenamiento» no es para nada alta. Suelo caminar deprisa para subir esta unos niveles, por eso me siento menos cansada, con mayor resistencia y más energía. ¿Necesitas alguna razón más para ir andando a trabajar?

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