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Mujer con ansiedad positiva vence retos

Ese vértigo cuando te enfrentas a un reto desconocido o cuando vas a tener tu primera cita no deja de ser ansiedad positiva. Y te obliga a distinguirte del resto. FOTO: Rulo MX / Pexels.

Tu gasolina interior

La ansiedad buena existe y es la energía que transforma el pánico en concentración y ansia de éxito

Bien gestionada, la ansiedad positiva nos ayuda a ponernos en marcha, aumenta nuestra concentración y nos impulsa a prepararnos más y mejor. Es hora de darle la vuelta y aprovecharla en nuestro beneficio.

Por Marcos López

23 DE ENERO DE 2026 / 07:30

Todos conocemos la ansiedad que nos lleva por la calle de la amargura. Es una emoción completamente natural que ha acompañado, y protegido, al ser humano a lo largo de la historia. Pero también hay una ansiedad positiva. Es ese gusanillo que nos impulsa a hacer cosas. Son como el yin y en yang de una de tus emociones más primitivas. Como destaca Marina García, codirectora del Instituto de Psicología Psicode, «se trata de una emoción diseñada para ayudarnos a sobrevivir. Sin esa alarma interna de estamos en peligro, nuestro cuerpo no habría podido hacer frente a las amenazas que enfrentaban nuestros antepasados».

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Un poco de ansiedad es tu gasolina

El problema no es tener ansiedad, sino cómo la interpretamos y respondemos a ella. «Cuando entendemos la ansiedad como nivel de activación del organismo, podemos verla como un motor de energía».

Esa activación interna es la palanca que nos ayuda a concentrarnos, rendir mejor, tomar decisiones rápidas o ponernos en marcha ante un reto.

Céntrate en el presente y no te tortures por el futuro

Tu vida no está en riesgo. No hay ningún voraz depredador a la vuelta de la esquina. Lo malo es vivir cada minuto como si hubiera un león esperándonos en un ascensor que inevitablemente debemos coger. Como continúa Marina García, «el problema aparece cuando ese sistema de alarma se desajusta y empieza a activarse en situaciones cotidianas en las que, aunque no existe un peligro real, nuestro cerebro interpreta que sí lo hay y el cuerpo reacciona como si estuviéramos en riesgo».

Los ejemplos son infinitos: miedo constante a ser abandonado por la pareja, a perder el control. La clave aquí es que «la mente no dramatice, no anticipe consecuencias catastróficas y no se pierda en problemas que aún no han llegado».

Estrés y ansiedad: juntas pero no revueltas

También hay que distinguir entre ansiedad y estrés. Que aunque mucha gente los use como sinónimos, no son lo mismo. El estrés, puntualiza Cecilia Martín, «es la respuesta fisiológica del organismo ante una demanda que nos supera: liberación de cortisol, tensión muscular, aumento del ritmo cardíaco, etc. Es un proceso principalmente biológico que aparece cuando evaluamos que las demandas de la situación –lo que se nos pide– son superiores a los recursos que tenemos para hacerle frente».

Por su parte, la ansiedad surge cuando interpretamos una situación como amenazante.  Nos preocupamos y anticipamos que algo malo puede ocurrir. Aunque más allá de para torturarnos, angustiarse por los problemas que aún no han pasado no sirva para nada.

No estás ansiosa, estás activada

Recuerda: nadie puede evitar sentir ansiedad. Lo que hay que hacer es darle la vuelta. Cuando esa ansiedad positiva es moderada y está bien gestionada, «tiene un componente claramente adaptativo: nos pone en marcha, aumenta nuestro nivel de alerta, mejora nuestra concentración y nos impulsa a prepararnos más y mejor», refiere Cecilia Martín.

Como ejemplo cita la ansiedad que muchos deportistas sienten antes de una competición y que los lleva a rendir al máximo. Esa ansiedad positiva les obliga a centrarse en el partido, controlar todos sus músculos y afinar cada movimiento.

De la angustia a la ansiedad positiva

Llegamos a la pregunta del millón: ¿cómo podemos convertir esta ansiedad mala o negativa en buena o positiva? La respuesta es simple: siendo conscientes de que la diferencia no está en el cuerpo, sino en la interpretación. La misma sensación fisiológica puede vivirse como amenaza o como impulso.

En palabras de Cecilia Martín, «para transformar la ansiedad en una aliada hay que cambiar el significado y empezar a llamarlo: nivel de activación. En lugar de decir estoy ansioso es mejor decir estoy activado. En vez de pensar esto significa que algo va mal, cambia a esto significa que mi cuerpo se está preparando para rendir. Este pequeño giro cognitivo tiene un impacto enorme».

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No te bloquees, aprovéchala

Cada persona es un mundo y siempre habrá a quien le cueste más darle este giro a su ansiedad. No pasa nada. Si este es tu caso, siempre puedes recurrir a la ayuda de un profesional. Como indica Marina García «la mejor forma para transformar la ansiedad negativa en ansiedad positiva es verla como una emoción facilitadora, en lugar de algo que bloquea. En terapia trabajamos desde un enfoque positivo y nuestros pacientes aprenden a sentir la ansiedad en su cuerpo de igual forma que cuando hacen deporte, donde se aceleran y se activan y no temen las sensaciones físicas».

En definitiva, concluye Cecilia Martín, «lo importante es aceptar la ansiedad como una emoción más, no huir de ella. No es un bloqueador, sino un acelerador… cuando sabemos conducirla». No dejes que tu ansiedad se ponga al volante de tu vida. Aprovéchala para ser (mucho) más feliz.

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