
La hiperconectividad que nos permite el móvil empieza a ser un problema. Lejos de quitarnos trabajo, nos acaba dando más cansancio. FOTO: Cottonbro Studio/Pexels.
Cuando el móvil es como estar en la oficina las 24 horas
Desconecto… pero no del todo: consultar el mail de trabajo un ratito en tus horas de descanso es trabajar
Revisar los mails de trabajo en festivo, aunque solo sea un ratito, no es desconexión digital. Al menos, no del todo. Y lo que es peor, agota como si estuvieras en la oficina.
Por Marita Alonso
20 DE FEBRERO DE 2026 / 07:30
Estás de fin de semana con la familia y, en un momento dado, decides entrar en el mail del trabajo por si hubiera llegado esa contestación de un cliente. O haces scroll por Instagram para ver qué hace la competencia o en busca de ideas para tu próximo evento. O respondes de pasada al chat del trabajo, le pasas un contacto a una compañera y te anotas en el Google Calendar una nueva reunión de tu equipo. Eres el trabajador de Schrödinger, estás descansando, pero no estás. Y esa incapacidad para hacer una desconexión digital completa del trabajo, móvil incluido, es un problema cada vez mayor.
Aunque la legislación española reconoce el derecho a la desconexión digital y obliga a las empresas a garantizar la conciliación personal y familiar, poner en marcha tal derecho sigue siendo una asignatura pendiente para muchas personas. Porque muchas veces no son las empresas las que no respetan el descanso de sus trabajadores. Son los propios trabajadores quienes nosaben desconectar de verdad.
Descanso, ¿qué descanso?
Silvia Mérida, psicóloga de Blua de Sanitas, señala que el principal impacto que tiene tal incapacidad de enfrentar es que el organismo no logra activar los mecanismos de recuperación necesarios durante el tiempo suficiente. «El descanso efectivo requiere que el cerebro reduzca de forma sostenida los niveles de alerta asociados al trabajo. Cuando se revisa el correo laboral, se consulta un chat profesional o se permanece atento a posibles asuntos pendientes, ese proceso de restauración se interrumpe», explica.
Por eso, señala que por más que la persona se encuentre físicamente de vacaciones o en tiempo de ocio, la activación mental se mantiene. No hacer una desconexión digital completa del trabajo es estar de forma física, pero no emocional. «A medio plazo, esta situación favorece la aparición de fatiga psicológica, sensación persistente de cansancio y dificultades de concentración. También es habitual que aumente la irritabilidad o la percepción de no haber descansado, incluso tras periodos prolongados fuera del entorno laboral», comenta a WeLife.
En el caso de que tal patrón se cronifique, el riesgo se incrementa.
Agotados y sin poder dormir
La paradoja de la hiperconexión constante es que cuanto más agotados estamos, más le cuesta al cuerpo conciliar el sueño. Y eso incrementa aún más el agotamiento.
Esa falta de desconexión sostenida se asocia a mayor vulnerabilidad al agotamiento emocional, a síntomas de ansiedad y a alteraciones del sueño, ya que el cerebro no identifica momentos claros en los que puede bajar la guardia. «Esto puede dar lugar en última instancia a lo que conocemos como burnout laboral, o síndrome de estar quemado en el trabajo», apostilla.
Aunque te parezca ligero, sigue siendo trabajo
La divulgadora en bienestar personal Claudia Fontanals considera trabajo estar mirando el correo, el chat o temas relacionados con el trabajo supone trabajar. Aunque no haya una tarea formal, a nivel mental y emocional esas pequeñas acciones las registramos como trabajo. «Nuestro cuerpo y mente no distinguen entre ‘solo echo un vistazo’ y ‘estoy trabajando en horario laboral’. En ambos casos se cumplen varios factores: Se mantiene activado el modo alerta, se anticipan problemas, tareas o decisiones y no hay descanso puro. De hecho, ese micro-chequeo constante (correo, WhatsApp del trabajo, teams…) es precisamente lo que más agota, ya que no estás produciendo, pero tampoco recuperándote», dice la autora de Yo también pensé que no podía.
Lo ideal es establecer espacios. En el caso de querer chequear temas de trabajo, «lo oportuno entonces es agendar un rato para ello e intentar que el resto del día sea de desconexión».
Si estás 24 horas disponible, ¿cuándo descansas?
Mérida coincide en señalar que mantenerse pendiente de mensajes, posibles incidencias o decisiones activa los mismos circuitos cognitivos y emocionales que el trabajo formal. «El cerebro responde del mismo modo ante una responsabilidad anticipada que ante una tarea concreta. Por ese motivo, no se produce una recuperación real. Cada vez existe mayor consenso en torno a que la disponibilidad permanente no equivale a descanso, especialmente cuando se mantiene una expectativa, explícita o implícita, de respuesta o supervisión continua», asegura.
Considera que la clave no está en eliminar la tecnología, sino en definir límites claros y realistas que protejan la salud mental. «Resulta más eficaz acotar momentos concretos para revisar asuntos laborales, en lugar de mantener una vigilancia intermitente durante todo el día. Por ejemplo: dedico 30 minutos estructurados en un horario fijo para revisar los correos. La interrupción constante del descanso es uno de los factores que más contribuye al desgaste psicológico», comenta.
Silencia el móvil
Fontanals indica un truco sencillo para vencer la tentación de mirar el móvil: alejarlo de la vista, quitar las notificaciones o, incluso, desinstalar aplicaciones. «Otro recurso muy útil es sustituir el hábito. Identificar en qué momentos solemos mirar el móvil —por ejemplo, con el café— y cambiar el móvil por otro objeto. Siguiendo el ejemplo: cuando prepares el café, deja el móvil a un lado y sustitúyelo por un libro. El cerebro no funciona bien con el vacío: necesita una alternativa», asegura.
Considera importante indicar que en el fondo, el límite no es al móvil, sino al diálogo interno de ‘si no estoy pendiente, algo malo pasará’. «Todo lo anterior no va de control, sino de entrenar al cuerpo para que entienda que no tiene que estar en alerta constante», indica.
Sin líneas difuminadas: o estás o no estás
Silvia Mérida considera también importante mitigar la ambigüedad, pues cuando no existe una decisión clara sobre si se está descansando o trabajando, aumenta el nivel de estrés. «A ello se suma la necesidad de crear barreras externas, como desactivar notificaciones o separar dispositivos. Un ejemplo podría ser contar con un móvil de trabajo y otro personal, o desvincular el correo corporativo del propio», dice.
Para finalizar, añade que conviene revisar las creencias que sostienen este hábito. En muchos casos, la dificultad para desconectar no responde a una exigencia real, sino al temor a perder control, oportunidades o relevancia profesional. «Abordar este aspecto reduce de forma significativa la sensación de estar siempre ‘en alerta’. Para esto, contar con apoyo profesional para revisar y reestructurar estas creencias es clave. En definitiva, la desconexión no es un lujo ni una cuestión de disciplina personal. Es una condición necesaria para la recuperación emocional, el bienestar psicológico y la sostenibilidad del rendimiento a largo plazo», dice para terminar.
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