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NO TE PIERDAS Errores que hacen que el magnesio no te funcione

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fitball en una oficina

Inspira profundo, activa el core y ve terminando ese informe que te ha pedido tu jefa. FOTO: Maidesite/Pexels.

A tu core le gusta y al inspector de trabajo, no

¿Qué fue de la fitball que colonizaba las oficinas hace 5 años?

Las cosas no siempre son blanco o negro. Y no hablamos de los colores de la bola. Usarla muchas horas seguidas puede que no te proporcione unos abdominales de acero y sí algunos problemas de lumbares.

Por Silvia Capafons

18 DE MARZO DE 2026 / 14:00

En la pandemia de covid se puso de moda aquello de que ‘de esta saldremos mejores’. Mucho pensaron que, si  la bondad no acababa calando en nuestros corazoncitos, al menos sí que podríamos evitar que la espalda se resintiera de pasar tantas horas sentados ante el ordenador. Y entonces, surgió el milagro: miles de personas en todo el mundo sustituyeron las sillas de sus escritorios por bolas de gimnasio. Hasta la llamaban por su nombre: la fitball o pelota suiza. Volvimos a la vida presencial y la fitball colonizó la oficina. Las redacciones de revistas, agencias de marketing y medio Silicon Valley se volvieron más saludables a golpe de pelotas de fitness, con perdón. Algunos hoteles hasta las incorporaron en sus habitaciones, no fuera a ser que sus clientes de negocios terminaran un Excel con dolor de lumbares y un core sin estimular. Por no hablar de quienes la integraron como un mueble más en sus casas. Cuando se cumplen 5 años de aquello nos hemos preguntado qué ha sido de aquellas fitball que con tantas ganas unimos a nuestras posaderas en horas de trabajo.

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La invasión empezó en los 80

Hubo un tiempo en el que, si no tenías una pelota gigante de colores en un rincón del salón, no eras nadie en el mundo del bienestar. La fitball, pelota suiza o swiss ball para los más técnicos, llegó a nuestras vidas entre los años 80 y 90 en España con la promesa de otorgar abdominales de acero y un cuerpo tonificado. Eran los tiempos de Naranjito, Jane Fonda, Miami Vice y Sensación de Vivir y las bolsa suizas eran solo un detalle snob en gimnasios de modernos. O cosa de gente muy viajada. 

Pasaron los años y llegó la pandemia. A todos nos dio por hacer repostería y ejercicio en casa. Consecuencias: se agotó la levadura y se dispararon las ventas de la fitball. Unos para hacer ejercicio; otros, como sustituta de silla de oficina para tonificar la espalda. Al regresar a las oficinas, muchos se las llevaron con la misma buena intención que el batch cooking con ensalada de tofu. En muchos casos, duraron lo mismo que los buenos propósitos de comer saludable: unas semanas. Pero la bola suiza había llegado para quedarse. 

De cosa de ricos a cachivache para todos

Esta peculiar pelota gigante y semiblanda nació en 1963. La diseñó el fabricante de juguetes italiano Aquilino Cosani y se popularizó en Suiza en los 70 gracias a los fisioterapeutas. De hecho, ese fue su origen: rehabilitación pura y dura. «Hoy su uso se ha diversificado a Pilates, yoga, entrenamiento de fuerza y al bienestar corporativo», explica Beatriz Ruiz, líder de mercado en fitness de Decathlon, la casa que ha hecho popular al artilugio después de que Technogym lo pusiera en el mapa aspiracional en nuestro país. Fue, precisamente, al ponerla en el mercado a precios asequibles cuando la fitball conquistó las oficinas.

Entre finales de los 90 y principios de los 2000 las pelotas de esta última marca eran el objeto de deseo de gimnasios de alta gama. Por supuesto, con su acabado premium y precio para pocos bolsillos. Decathlon logró que la fitball pasara a costar menos de 15 euros y se incluyera en el carrito de la compra de media España. En palabras de Beatriz Ruiz, durante el pico de la pandemia las ventas de material de home gym aumentaron más de un 300%. «La fitball fue la reina por ser barata, versátil y fácil de desinflar. En plataformas de e-commerce, hoy las pelotas de ejercicio se mantienen constantemente en el top 10 de accesorios de fitness más vendidos de la última década».

Hoteles y gimnasios también tienen la suya

Lo que en un principio era solo para rehabilitadores y más tarde para gimnasios de elite, ha acabado siendo un elemento más en los gimnasios de barrio. Las consultoras Grand View Research y Zion Market Research valoraban el mercado global de las pelotas suizas en unos 307 millones de dólares en 2021. Para 2030 se espera que llegue a los 607 millones, es decir, se va a duplicar. Sobre todo en los hogares, porque el segmento que más crece no es el de los gimnasios, sino el doméstico. «Durante el auge del wellbeing corporativo post pandemia, muchas empresas tecnológicas y hoteles de diseño sustituyeron parte de su mobiliario o crearon zonas de movimiento con fitballs. También están los hoteles que las introdujeron en las habitaciones como parte de kits de entrenamiento personal para viajeros de negocios», cuenta la responsable de Decathlon.

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El tamaño sí que importa

Si has intentado sentarte sobre un balón de baloncesto habrás visto que no es cómodo. Se queda pequeño. Para acoplarse con soltura a la musculatura de los glúteos hace falta una superficie más generosa. En concreto, 65 centímetros, que es el diámetro de la pelota líder en ventas, según Decathlon. «Es el estándar para personas de entre 1,65 y 1,85 de estatura. Y la medida perfecta para usarla como asiento en mesas de oficina estándar, que es de unos 72-75 centímetros de alto», dice la experta de la multinacional francesa.

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La bola suiza contra el inspector de trabajo

Los expertos en movimiento consideran que una persona que se pasa ocho horas sentada en la oficina es sedentaria, aunque luego lo de todo en el gimnasio. La solución intermedia son los escritorios móviles, para trabajar de pie, o la bola suiza. 

En los últimos años, utilizarla con este último fin vuelve a ser moda. ¿Deberíamos cambiar la silla de oficina por una de estos artilugios hinchables? A favor, que su inestabilidad obliga a activar el core, mejora la postura y previene el dolor de espalda. En contra, esa misma estabilidad. Porque la normativa de prevención de riesgos laborales y seguridad y salud en el trabajo especifica que el asiento debe ser estable y la altura y el respaldo regulables. Y la modesta fitball no deja de ser un objeto redondo, móvil y sin respaldo ni acomodo para las lumbares. 

¿Y la ciencia qué dice?

Además, la ciencia es un poco escéptica, así que conviene ser prudente. Sí hay un estudio de la Universidad de Waterloo en Canadá que arroja que, sin ser una cura milagrosa para el dolor de espalda, aumenta la variabilidad postural, aunque conviene usarla correctamente para evitar problemas lumbares. Como explica Beatriz Ruiz, no es un sustituto total, pero puede ser un complemento. «La idea de sentarse activamente es excelente para evitar el sedentarismo estático, ya que el cuerpo realiza microajustes constantes para mantener el equilibrio. De esta forma, se activa el core y mejora la propiocepción. Sin embargo, usarla las 8 horas de la jornada puede ser contraproducente al no tener respaldo ni reposabrazos».

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