
Cuando no sabes por dónde te llegan los balones es mejor pedir tiempo muerto, tirar la pelota al suelo y analizar. FOTO: Koolshooters/Pexels.
Pelota al suelo
Parar no es fracasar, es darle al cerebro la oportunidad de reorganizarse para hacer las cosas bien
Hay que aprovechar las segundas oportunidades. Incluso, propiciarlas. Porque cuando todo va mal, o paras, reflexionas y redireccionas el rumbo, o el asunto acabará peor.
Por Paka Díaz
18 DE MAYO DE 2026 / 14:00
Hay rachas en las que la vida parece que va, como dice Luis Enrique, ‘cuesta abajo y sin frenos’. El asturiano y entrenador del Paris Saint Germain destaca por su capacidad de liderazgo y sentido de equipo. Tiene claro que cuando las cosas están fuera de control es el momento de frenar en seco, analizar qué está sucediendo y redireccionar. En estrategia de equipos se conoce como el ‘fresh start effect’, es decir, un nuevo comienzo con las pilas recién cargadas. O, como dicen los gurús de la NBA ‘pelota al suelo’, un tiempo muerto sin jugar el balón para reflexionar, analizar qué está pasando en la cancha y volver a salir con las ideas claras.
Esta segunda oportunidad también se puede aplicar a nuestra vida individual. «El fresh start effect es esa sensación de que hoy puedes empezar de nuevo, como si hubiera un botón de reinicio en tu vida», explica Sandra López Caballol, psicóloga especializada en alto rendimiento y desarrollo personal.
Tu cerebro ama los comienzos
Este efecto de ‘nuevo comienzo’ es un concepto de psicología conductual acuñado por los investigadores del comportamiento, Katy Milkman y Hengchen Dai, de la Universidad de Pensilvania (EE UU). Describe cómo las personas se sienten significativamente más motivadas para perseguir metas personales después de ‘hitos temporales’ (como el inicio de una nueva semana, mes, año, cumpleaños o semestre académico). «Nuestro cerebro funciona por capítulos. Cuando empieza uno nuevo sentimos que dejamos atrás errores, culpas o rutinas viejas. Esa frontera psicológica, aunque sea simbólica, genera un impulso emocional que aumenta la motivación. Sentimos esperanza, energía y hasta placer», señala López Caballol. «La dopamina sube y el cortisol baja. Por eso nos sentimos capaces de hacer cambios».
El problema es que la rutina suele volver rápidamente. De hecho, muchos propósitos se abandonan en pocos días. Pero eso no significa que el fenómeno sea inútil. «Es una ilusión, pero una ilusión que funciona», indica López Caballol.
Poner la pelota en el suelo
No siempre necesitas un cambio de calendario. A veces basta con una pausa consciente. En el mundo del deporte se habla de ‘poner la pelota en el suelo’, o pedir tiempo muerto. O sea, parar el juego, analizar qué está pasando y volver a empezar con claridad. La psicología recomienda algo parecido cuando la vida se desordena.
«A veces vivimos como si corriéramos en una cinta que no para», explica la psicóloga. «Trabajo, mensajes, compromisos… todo se mezcla y perdemos el rumbo». En esos momentos, detenerse unos minutos puede ser más útil que seguir avanzando en piloto automático. «Parar no es fracasar, es darle al cerebro la oportunidad de reorganizarse», dice la experta.
¿Pausa estratégica o procrastinación?
Existe una diferencia importante entre una pausa estratégica y la procrastinación. «La pausa estratégica busca claridad. Te detienes para decidir qué hacer y te vuelves a poner en marcha», explica López Caballol. Es cuando el entrenador detiene el juego y advierte a los jugadores de qué se está haciendo mal, dónde están dejando huecos y qué errores en defensa están dando ventaja al equipo contrario.
Procrastinar, en cambio, consiste en retrasar decisiones sin avanzar realmente. «Mirar memes o revisar el móvil durante horas da la sensación de estar haciendo algo. Pero en realidad solo estamos evitando la tarea», señala.
La clave está en la intención. Una pausa estratégica genera dirección. La procrastinación mantiene el caos.
El cambio es posible
La curiosidad nos emociona, pero al cerebro le gusta la comodidad. Prefiere no salir de su zona de confort. De ahí la necesidad de cortocircuitar esos patrones y dejar claro que estamos en una nueva etapa en la que hay que cambiar. «Si no, vamos a seguir repitiendo los mismos hábitos como si fueran nuestra serie favorita. Aunque ya sepamos el final», dice López Caballol.
Esa sensación de hoja en blanco despierta curiosidad y motivación. «Hace que el cambio parezca posible», destaca la experta. No borra el pasado, pero sí cambia la narrativa mental.
Rituales para reiniciar tu mente
El cerebro responde especialmente bien a los rituales de inicio. Son pequeños gestos simbólicos que marcan el comienzo de una etapa. No tienen que ser complicados. «Nuestra mente necesita señales concretas de reinicio. Y algunas funcionan sorprendentemente bien porque activan la sensación de control y de nuevo comienzo», señala López Caballol.
Destaca estas acciones:
- Ordenar el escritorio antes de empezar una tarea
- Escribir tres objetivos concretos para el día
- Tirar un objeto que ya no necesitamos
- Realizar una pequeña limpieza de cinco minutos
Ir poco a poco
El secreto para que salga bien es empezar con tareas muy pequeñas. Porque el error más común al aprovechar el fresh start effect es intentar cambiar demasiado a la vez, cuando la psicología conductual recomienda lo contrario. «El truco es empezar tan pequeño que sea imposible fallar», explica López Caballol.
Los llamados microobjetivos generan una sensación de logro que refuerza la motivación. En lugar de hacer ejercicio, caminar diez minutos. En vez de ordenar la casa, organizar un cajón, y no pensar en comer mejor, sino simplemente preparar una comida saludable. «Cada pequeño logro genera dopamina. Y esa sensación de éxito alimenta el siguiente paso», resume López Caballol.
El objetivo es el hábito
Aunque el fresh start effect es poderoso, no es suficiente. Y la motivación inicial dura poco si no se convierte en hábito. «La disciplina no aparece de golpe. Se construye con repeticiones pequeñas y constantes», dice López Caballol. Para ello recomienda recordar tres reglas: empezar muy pequeño, hacer visible el hábito con listas o recordatorios y repetirlo siempre en el mismo contexto.
Los cambios no son inmediatos y «no ocurren en el momento emocionante del inicio. Ocurre en la repetición silenciosa de los días normales», concluye la psicóloga.
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