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No te haces mayor hasta que empiezas a comportarte como tal
La menopausia, los cambios hormonales y los prejuicios suelen empujarnos hacia el sofá justo cuando más nos interesa seguir en movimiento
Por Cristina Martín Frutos
28 DE AGOSTO DE 2026 / 07:30
Hará tres o cuatro años que la frase 'soy una señora' se convirtió en el lema de una generación de mujeres. Estampada en camisetas, tazas y tote bags —lo confieso, yo tengo también una—, venía a reivindicar la madurez femenina. Algo así como decirle al mundo: "Llámame señora, pero a mí no me importa". Sin embargo, no todo es tan sencillo como a veces prometen estos mensajes virales. Muchas mujeres al cruzar el Rubicón de los 50, empiezan a sentirse mayores (generalmente más de lo que indica su DNI).
Y no solo eso. También ser ven mayores, y lo que es peor, empiezan a pensar y actuar como lo que siempre pensaron que era el estereotipo de una señora mayor.
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Es curioso porque esta forma de autoedadismo está muy relacionada con el edadismo social. A lo largo de la historia, se ha dado por hecho, sin pensar en las consecuencias, que la menopausia era una especie de final. Ya lo decía la ginecóloga Diana Freire en ASISA WeLife Menopausia A Coruña: "Siempre se pensó que la menopausia era poco menos que llegar al infierno. Y no lo es. Es solo el final de una etapa en la que ya no puedes tener hijos, pero queda mucha vida por delante".
Sin embargo, la narrativa, como pasa con muchos otros ámbitos, ha calado. "Muchas mujeres asumen de forma errónea que, al llegar a la menopausia, es normal perder capacidad física, ganar peso o reducir la actividad. Y terminan adoptando hábitos más sedentarios", reconoce Marta Sánchez-Dehesa, ginecóloga especializada en fertilidad.
La sensación de verse mayor es solo eso: una sensación. No en vano, hay personas con 75 años que viajan, practican deporte, salen con amigos y no paran. Un estudio de 2022, realizado por Caser, señalaba que seis de cada diez españoles se encuentran más jóvenes de lo que son. En concreto, se percibían unos cuatro años menos de su edad.
¿Por qué entonces le pasa esto a las mujeres? La menopausia tiene mucho que ver. Es un proceso lleno de cambios. Tantos que no siempre es fácil entenderlos y llevarse bien con ellos.
A esto se suma otra serie de circunstancias vitales como que los hijos —si se tienen— se hacen mayores y más independientes. Además, las responsabilidades laborales suelen ser mayores y la forma de asumir las rutinas cambia. Se usa más el coche para los desplazamientos porque "no hay necesidad de pasarse el día en el transporte público".
Una serie de pensamientos y actitudes que terminan por redundar en eso que llamamos edadismo y que hasta la OMS ha definido como "la forma de pensar (estereotipos), sentir (prejuicios) y actuar (discriminación) con respecto a los demás o a nosotros mismos por razón de la edad".
Esta forma de pensar es errónea y muy lesiva para quien la padece. Es mala si viene de otros y aún peor si somos nosotras las que nos autodinamitamos convencidas de que ya somos mayores. Que no estamos para ciertos trotes. Que eso que antes tanto nos gustaba ya no es para nosotras. No es solo una cuestión psicológica, sino que también lo es física. "A menudo, estas mujeres, sin darse cuenta, reducen el nivel de actividad física y adoptan hábitos mucho más sedentarios. Y empiezan a creer que ciertas actividades, deportes o proyectos ya no son para su edad", lamenta la doctora Sánchez-Dehesa.
Y he ahí la consecuencia inesperada. Más sofá, más sedentarismo, menos movimiento. Un cóctel explosivo que, unido a los cambios hormonales, puede llevar a algunas mujeres a incrementar su peso. Porque, como recuerda la ginecóloga, "la disminución de estrógenos favorece cambios en la distribución de la grasa corporal y el metabolismo se vuelve algo más lento, pero hay otros factores que influyen más en el posible aumento de peso". Entre ellos cita la alimentación, la actividad física y los hábitos.
Cumplir años es un hecho que no podemos cambiar. Lio que sí podemos modificar es la proyección que tenemos de nosotras mismas a medida que cumplimos años. Lo explica el bioquímico Pere Estupinyà, autor de '¿Qué quieres ser de mayor?' (Debate). "El punto aquí es que no siempre nos sentimos más mayores o más jóvenes de lo que somos. Es más, en general, estadísticamente, los estudios dicen que la mayoría de gente a partir de los 40 o 50 se siente más joven, en el sentido de que por referencias culturales esperaban estar peor.
Por supuesto, puede haber momentos puntuales donde duele una rodilla, te levantas cansada o tienes un sofoco. En ese momento claro que te sientes mayor... Pero es algo pasajero".
Además de no obsesionarse demasiado con este tipo de sensaciones, Estupinyà comparte otro consejo. "El autoedadismo nos hace percibir que queda menos tiempo por delante y que ya no merece la pena hacer tal o cual cosa. Es un error. La edad prospectiva (los años que nos quedan) es más importante que la edad cronológica (los años que hemos cumplido). Esa forma de verlo nos debe hacer cambiar el chip", explica. Además, no sabemos cuánto llegaremos a vivir. El experto en longevidad Manel Esteller recuerda el caso de María Branyas, una catalana que vivió hasta los 117 años. "Ella decía que era por tomar tres yogures al día, pero también es verdad que, incluso a su edad, seguía teniendo un propósito".
La clave está en no dejar de hacer cosas que nos gustan, como entrenar, comer bien, salir con amigos... por la edad que hemos cumplido. "Hay que hacerlo porque nos apetece. Esa motivación esconde el secreto para que no nos apaguemos ni nos dejemos de cuidar", añade Estupinyà.
Porque la edad cae como plomo en el momento preciso en que abandonamos nuestr autocuidado.
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