El mejor protector solar es el que te encanta usar y aplicar a diario. La constancia es clave. FOTO: Olly (Pexels).
No te juegues la piel bajo el sol
Nuevas e inesperadas mentiras sobre el protector solar que conviene dejar en la toalla
Para sorpresa de nadie, vuelven las populares mentiras de cada año sobre la fotoprotección. Repasamos errores, falsedades e innovación para combatirlas.
14 DE JULIO DE 2026 / 07:30
Haber nacido en tierras andaluzas no es condición sine qua non para llevarse bien con el sol, al menos no en mi caso. Me agobia la simple idea de tumbarme en una hamaca cual lagarto y no dudo en poner en práctica todos los sortilegios posibles cuando Madrid supera los 30 grados en sus marquesinas de autobús: caminar por la sombra, llevar gorra y embadurnarme de crema protectora son mis máximas de junio a agosto. Confieso que mi palidez natural y mi aversión a cualquier atisbo de quemazón me han facilitado cumplir a rajatabla las normas básicas de protección solar. ¿Pero qué razón habría para no hacerlo?
Los efectos nocivos de la radiación solar sobre nuestra piel van más allá de considerarse un factor indiscutible de envejecimiento. Cada exposición sin protección deja una huella que la piel no olvida (eso tampoco ha cambiado). Pero, para sorpresa de los más concienciados, hay quien se empeña en afirmar lo contrario cada verano. ¿Cuánto hay de cierto y cuánto de bulo en el callo solar? ¿Es el protector solar un aliado inocuo para nuestra piel? Demasiadas preguntas a las que solo pueden contestar los que más saben.
Quemarse por costumbre
La premisa que circula es esta: si te expones poco a poco, la piel genera su propia defensa y puedes broncearte sin crema ‘de forma natural’. Para los que fuimos niños en los 90, estas afirmaciones parecen ciencia ficción, pero algunos deportistas e influencers abrazan la controvertida teoría. En España, su altavoz más conocido es el futbolista Marcos Llorente, que ha vuelto a defender esta relación ‘natural’ con el sol incluso en los platós de un conocido programa televisivo, y en prime time. Para los expertos en piel, esta idea no se sostiene.
«Aunque la piel desarrolla ciertos mecanismos de adaptación, como un ligero engrosamiento de la capa superficial, no significa que esté protegida frente al daño celular que provoca la radiación ultravioleta. El llamado ‘callo solar’ no evita las mutaciones en el ADN ni reduce el riesgo de cáncer de piel, y acaba generando una falsa sensación de seguridad», explica el doctor Javier Pedraz, dermatólogo de IML Clinic.
El doctor Carlos Morales Raya lo resume con una comparación difícil de rebatir: «Cuando alguien empieza a fumar tose mucho y con el tiempo deja de hacerlo porque el cuerpo se adapta a la agresión, pero eso no es señal de que el tabaco haya dejado de ser perjudicial». Tampoco el bronceado es el escudo que aparenta. «No es un signo de salud, sino una respuesta defensiva frente a una agresión», insiste Morales Raya.
La piel tiene memoria
Alba Villanueva, Dermalab & SPF Clinical Manager de ISDIN recuerda, desde el departamento de I+D, que «la piel tiene memoria y que cada exposición sin protección suma un daño que, con los años, se traduce en manchas, fotoenvejecimiento y mayor riesgo de cáncer«. Así de claro. «Hasta el 80% de los signos visibles del envejecimiento facial están relacionados con la exposición solar acumulada», apunta el doctor Morales Raya. Muchas arrugas y manchas que atribuimos a la edad son, en realidad, fruto del fotoenvejecimiento.
¿Es seguro el filtro solar?
Despejado el mito del callo solar, queda otra duda no menos importante: ¿qué efectos tiene sobre nuestra piel la crema que nos aplicamos a diario? La sospecha de fondo, en realidad, es la de los filtros ‘químicos’: si se absorben, ¿pueden llegar a resultar tóxicos? Estudios de la FDA detectaron que algunos llegan al torrente sanguíneo, aunque la propia agencia matizó que esa absorción no equivale a peligro.
La diferencia está en el tipo de filtro. «Cuando el filtro es físico o mineral, no se absorbe, refracta la radiación que recibimos; sin embargo, cuando el filtro es químico, sí llega a absorberse», explica Ana Fernández, farmacéutica y responsable de formación del grupo Naos (Institut Esthederm y Bioderma). Por eso los minerales son aconsejables «en pieles sensibles, con tendencia atópica, en el embarazo, después de un peeling o cuando la piel está más dañada».
Octocrileno, benceno… ¿por qué están ahí?
Entre los filtros químicos hay un elemento señalado cada verano: el benceno. «Es un contaminante potencial que puede aparecer en determinados productos», explica Katia Ravard, del equipo de I+D de Pierre Fabre —grupo de Avène—, donde aseguran controlarlo con límites por debajo de las 2 ppm y técnicas analíticas avanzadas.
La industria, además, se autorregula. Avène lleva más de una década retirando filtros discutidos como el octocrileno. «Ya en 2010, Pierre Fabre puso en marcha un programa de investigación para eliminar este ingrediente de sus formulaciones, en favor de combinaciones de filtros más seguras y respetuosas con el medio ambiente«, señala la experta.
El dilema de la vitamina D
En condiciones reales de uso, los protectores solares no suelen impedir que el organismo produzca vitamina D. «Ante un posible déficit, lo sensato es que lo valore un médico y no renunciar a proteger la piel», tranquiliza Pedraz.
Volviendo a la duda inicial, no existe evidencia de que el protector solar provoque cáncer; la más abrumadora apunta al sol. «La relación entre radiación ultravioleta y cáncer de piel es una de las asociaciones mejor demostradas en medicina», afirma el doctor Javier Pedraz.
Morales Raya añade que la prueba no es solo clínica: «A nivel molecular se han identificado mutaciones características producidas por la radiación ultravioleta en muchos tumores cutáneos», lo que él describe como ‘la huella que el sol deja en el ADN’. Por eso la Organización Mundial de la Salud considera la radiación UV un carcinógeno demostrado.
La protección solar del envase, en entredicho
El tema de la eficacia también parece generar desconfianza: ¿de verdad protege lo que dice el envase? La respuesta más reciente la da el análisis de 2026 de la OCU, que llevó al laboratorio cerca de treinta solares de alta protección y concluyó que casi todos cumplen lo que anuncian. Pero, ¿cómo se garantiza eso?
Antes de salir al mercado, un fotoprotector atraviesa una larga batería de pruebas. «Shiseido siempre ha sido inflexible a la hora de garantizar la máxima calidad y seguridad para sus consumidores», señala Nathalie Broussard, directora de comunicación científica de la firma. Detalla que todos los ensayos se encargan a laboratorios externos e independientes: eficacia UVB y UVA y resistencia al agua según normas ISO, pruebas de no comedogenicidad y de tolerancia cutánea, una evaluación toxicológica completa de cada ingrediente, ensayos de estabilidad por envejecimiento acelerado y test de conservantes para descartar contaminación microbiana.
Avène e ISDIN describen protocolos equivalentes.
Sí, nos echamos menos crema solar de la necesaria
¿Por qué, entonces, un análisis externo arroja a veces un SPF distinto al de la etiqueta? Por dos motivos, y los dos son ciertos. El primero es el propio método: «El test del SPF está sujeto por naturaleza a fluctuaciones, hasta el punto de que se acepta cierto grado de variación incluso en el estándar de referencia», admite Broussard. Influyen la cantidad exacta de producto, la temperatura, la humedad o el fototipo de los voluntarios.
El segundo depende del uso: desde ISDIN, Alba Villanueva recuerda que el envase ofrece la protección que indica «cuando se utiliza de forma correcta». El error más común es aplicar menos cantidad de la necesaria.
Más allá del factor solar
«Formular un producto solar es un arte delicado», asegura Nathalie Broussard, de Shiseido. «La tensión entre la eficacia protectora UV y el tacto sensorial/cosmético de la textura es fundamental en el desarrollo de un solar», señala la experta.
«Para conciliar ambas cosas existen soluciones, tanto en la elección y el tratamiento de los filtros como en las tecnologías para formar la película protectora. Cabe mencionar la microencapsulación de los filtros para estabilizarlos y mejorar el tacto, la combinación de filtros orgánicos y minerales para un efecto sinérgico, y tecnologías avanzadas de dispersión de ciertas partículas minerales», añade Broussard.
No todo es UVB
«Una buena noticia es que nunca es tarde para empezar a protegerse», recuerda Morales Raya. Parte del daño mejora con tratamiento y buena fotoprotección. La fotoprotección de hoy va mucho más allá del número del SPF, e incluso más allá de los filtros. El daño no lo causa solo la radiación UVB —la de las quemaduras—, sino todo el espectro que llega a la piel: la UVA, la luz visible —en especial la luz azul de alta energía—, el infrarrojo y hasta la contaminación.
Por eso los laboratorios han ido sumando recursos. Desde ISDIN, Alba Villanueva explica que han incorporado a las fórmulas antioxidantes que «refuerzan las defensas naturales de la piel» y actúan «allí donde los filtros no llegan por sí solos».
Shiseido lo ha llevado a su tecnología SynchroShield, que refuerza la película protectora frente al agua, el calor y el roce e incluso repara las zonas dañadas. La firma combina alta protección con fórmulas que llegan a un 85% de ingredientes de cuidado. Avène, por su parte, ha desarrollado un filtro propio, TriAsorB, para cubrir también la luz azul.