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NO TE PIERDAS Las cremas que caducan aunque no las abras y las señales para diferenciarlo

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tomar el sol en los brazos y que salgan manchas en la piel del rostro

La piel no tiene piedad. Ni demarcaciones por zona. El sol en las piernas puede causar problemas en la cara. FOTO: Yuliia Auer/Pexels.

Distrito único cutáneo

«Solo me ha dado el sol en la espalda y ahora tengo manchas en la cara» y otras curiosidades de la hiperpigmentación de la piel

Todo está conectado. Tu piel no cree en las fronteras y si te da el sol en un brazo, te puede brotar la melanina en las mejillas.

Por Amalia Gutiérrez Cátedra

29 DE JULIO DE 2026 / 07:30

La escena se repite cada verano. Aplicas protección solar por la mañana, sin excepción, también los meses de invierno. Vuelves a utilizarlo a media mañana y cada vez que vas a salir de casa. Sin embargo, las manchas vuelven en cuanto aparecen esos primeros rayos de sol con potencia de temporada estival. Es esa paradoja de que solo te da el sol en los brazos, pero te salen manchas en la piel del rostro. La respuesta está en un complejo sistema de señales que viajan por el organismo y estimulan las células del pigmento, incluso en una cara protegida.

La piel no entiende de zonas

Durante años dimos por hecho que el efecto de la radiación ultravioleta era cosa de zonas: si el sol incidía en el antebrazo, el impacto lo sufría el antebrazo. Hoy los expertos hablan de la piel como un órgano endocrino e inmunológico, con capacidad para enviar señales al resto del cuerpo«La piel no funciona por compartimentos aislados, sino como un órgano integral», resume Gema Herrerías, farmacéutica y nutricionista, fundadora de A5 Farmacia.

Así actúa cuando le da el sol: «Se estimula la vía hormonal mediante la producción de proopiomelanocortina (POMC), una proteína precursora de hormonas capaces de activar los melanocitos y aumentar la síntesis de melanina. Por otro lado, induce la activación de los queratinocitos y los fibroblastos, que a su vez liberan factores que estimulan la producción de melanina».

Dicho de otro modo: la radiación que recibe el cuerpo activa señales, hormonales y celulares, que dan a la piel la orden de fabricar más pigmento, incluso aunque la cara no se haya expuesto.

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Y el rostro paga el pato

La radiación ultravioleta en zonas corporales diferentes de la cara «genera ciertas señales que van por la sangre y son capaces de influir en la pigmentación facial», apunta la doctora Cristina García Millán, dermatóloga especialista en pieles sensibles y directora de la clínica Esthea Médica (Madrid). «La radiación ultravioleta estimula la producción de Alfa-MSH, de ACTH, de péptidos como la endotelina y de ciertos factores de crecimiento. Todos son capaces de modular la actividad del melanocito y alcanzarían la circulación sistémica, lo que explicaría los efectos a distancia del sitio irradiado», apunta la experta.

De izquierda a derecha: Bruma solar facial con protección solar SPF 50, de La Roche-Posay; Sérum Resplandor Antimanchas Vinoperfect, de Caudalie; protector solar incoloro de muy alta protección y amplio espectro, de Gema Herrerías; spray protector solar 360º Fluid SPF50 de Heliocare (Cantabria Labs).

El espejo del verano

A esa vía hormonal se suma la inflamatoria. La doctora Ana Martínez-Lauwers Dolz, especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología en IMR, describe lo que ocurre cuando el sol golpea la piel: se produce la «liberación de mediadores inflamatorios por parte de las células irradiadas (Interleucina-1, Interleucina-6, TNF-alfa)». Y ahí está la clave del efecto a distancia: «Estas sustancias no solo actúan en la zona expuesta. Una parte puede alcanzar la circulación sanguínea y generar respuestas sistémicas», concluye.

Hay quien va un paso más allá y apunta hacia el cuerpo en su totalidad. María Sánchez Bonmatí, farmacéutica y nutricionista especialista en psiconeuroinmunonutrición, y quien colabora para la nueva fórmula protectora solar en nutricosmética Beso Sun & Glow, creada por Beso Beach de la mano de Proage by LFL (Lifestyle for Longevity), sitúa la piel dentro de una red que la conecta con el resto del organismo. «La piel es el espejo más visible de lo que ocurre en nuestro interior». Un órgano en diálogo constante, añade, con «el metabolismo, el intestino, el sistema inmune, las hormonas y el estrés». De esa conexión depende, en buena parte, cómo se comporta: «Lo que comemos puede favorecer un entorno antiinflamatorio o, al contrario, alimentar una inflamación crónica de bajo grado».

Sol, estrés y más aceleradores de manchas

 «La mancha es solo la punta del iceberg. Tratarla bien no consiste en elegir un despigmentante, sino en entender qué hay detrás», destaca Gema Herrerías. «Yo evalúo factores como la exposición solar, los hábitos de vida, el estrés, el estado de la función barrera, la inflamación, la microbiota cutánea o los cambios hormonales».

Martínez-Lauwers enumera los frentes a los que reaccionan los melanocitos:

  • La radiación UV
  • Luz visible
  • Infrarrojos y calor
  • Hormonas
  • Inflamación
  • Estrés oxidativo
  • Factores de crecimiento
  • Señales de los vasos sanguíneos

Y, encima, no se rinden

El protector solar, aunque es esencial, solo bloquea una parte de los estímulos. Por contarlo de una forma más resumida, tapa la puerta principal por la que entra el daño, pero no todas las ventanas. El calor, las hormonas o una inflamación de fondo pueden seguir dando la orden de fabricar pigmento aunque, de forma aparente, dicha radiación quede bloqueada.

Eso explica por qué hay manchas que no se rinden. Martínez-Lauwers apunta a dos rasgos del melasma que lo vuelven tozudo: una inflamación crónica de baja intensidad —invisible, pero suficiente para mantener despiertos a los melanocitos— y un componente vascular, «con mayor presencia de factores como el VEGF (siglas en inglés de Vascular Endothelial Growth Factor, o factor de crecimiento del endotelio vascular), una proteína que el cuerpo produce para estimular la formación de nuevos vasos sanguíneos. Por eso, concluye, «algunas manchas son tan persistentes incluso en pacientes muy disciplinados con la fotoprotección».

Protección y sombra

Los expertos en piel coinciden en que la fotoprotección es la base, pero tiene que cubrir el cuerpo entero. Para pieles con tendencia a las manchas, Herrerías marca el listón: «Recomiendo siempre protector solar SPF50+ de amplio espectro con muy alta protección UVA y que cubra la luz visible».

Y un gesto que casi nadie respeta, la reaplicación según el plan del día: «No es lo mismo una jornada en la oficina, donde puede ser suficiente renovar al mediodía, que un día de playa o actividades al aire libre», situaciones en las que conviene renovar más a menudo. Y siempre tras el baño o el ejercicio físico. 

Las dermatólogas recalcan también la importancia de la protección física, como el uso de sombreros o la búsqueda de sombra en las horas centrales del día

Cuidar la piel desde dentro

La alimentación no funciona como una pantalla solar, «pero sí puede influir en cómo la piel tolera y repara el daño solar», explica María Sánchez Bonmatí. La meta, matiza, no es «tomar algo para poder tomar más sol sin control», sino llegar al verano con más capacidad de adaptación.

Su base es un plato de colores: «Tomate, granada, frutos rojos, aceite de oliva, pescado azul, verduras y agua». La suplementación también puede ayudar a prevenir y tratar las manchas. Herrerías reparte el trabajo entre activos: el ácido azelaico para frenar la síntesis de melanina, la vitamina C y la vitamina E frente al estrés oxidativo, los retinoides y el ácido glicólico para retirar el pigmento ya formado, y la niacinamida o el ácido tranexámico para limitar su transferencia.

De izquierda a derecha: sombrero ajustable protección UV, de Uniqlo; Fórmula H2SUN para preparar la piel antes de la exposición solar, de Luxmetique; nutricosmético solar antioxidante Beso Sun & Glow, de Beso Beach.

Un ingrediente aparece en las cuatro entrevistas como el de mayor respaldo por vía oral: el Polypodium leucotomos, un helecho con acción antioxidante. Para García Millán es «un complemento esencial en pacientes con melasma», por su efecto sobre el estrés oxidativo y el daño solar. Martínez-Lauwers lo cita junto a la nicotinamida —con evidencia en prevención del cáncer cutáneo— y, bajo control médico, el ácido tranexámico oral.

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Los límites de las pastillas

Los suplementos no son, ni mucho menos, el remedio infalible contra la hiperpigmentación. «Que una molécula frene la melanina en el laboratorio no demuestra que ese complemento alimenticio reduzca las manchas en las personas», advierte Herrerías. Además, en Europa no hay declaraciones de salud autorizadas sobre reducir manchas con complementos, «así que cuando una marca lo promete está afirmando más de lo que la normativa permite». 

La conclusión es clara: para no tener que lamentar un exceso de pigmentación, mejor prevenir cada vez que nos pongamos al sol. 

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