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NO TE PIERDAS Ultraprocesados, dulces de verano y un bañador mojado: el trío que dispara las infecciones vaginales
Abusar del azúcar en verano, esa dulce tentación que paga la microbiota vaginal. FOTO: ROMAN ODINTSOV (Pexels).
Eje intestino-vagina
Relajar la dieta en verano nos puede salir caro. No hablamos de kilos de más. La salud vaginal también se resiente con el exceso de azúcares.
Por Amor Sáez
16 DE AGOSTO DE 2026 / 07:58
Ese helado de después de cenar, los bollos de la pastelería de tu pueblo, las pizzas del supermercado porque no te apetece cocinar en vacaciones… El verano pone a prueba la consistencia de la dieta y dispara el consumo de azúcares. Malo para la salud metabólica, para la báscula y, como colofón, para la salud vaginal.
Las infecciones del tracto génito-urinario pueden aparecer en cualquier momento, aunque su incidencia se multiplica con los cambios hormonales de la menopausia. Sabemos que cuidar la higiene es clave para reducir el riesgo de estas incómodas complicaciones.
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Lo que ya es menos conocido es la relación entre una dieta alta en azúcares (azúcar, hidratos de carbono, edulcorantes y fermentados) con infecciones como la vaginosis bacteriana o la candidiasis. Y la causa vuelve a ponernos de frente a una vieja conocida: la microbiota.
«Una dieta habitualmente alta en azúcar y ultraprocesados puede alterar tu microbiota intestinal, que está conectada con la microbiota vaginal. Lo conocemos como el eje intestino-vagina: las bacterias buenas de tu intestino influyen también en el equilibrio de tu vagina», señala Nekane Moreno Jurado, ginecóloga de la Unidad de Ginecología y Longevidad de Clínica Eres.
Este problema es más acuciante en mujeres con diabetes o con la glucosa mal controlada.»Hay una relación más directa: el exceso de azúcar en sangre crea un ambiente perfecto para que crezca la cándida, el hongo responsable de la típica ‘infección por hongos», asegura la doctora Moreno.
Este sería el proceso que lo desencadena: «El exceso de azúcar altera el pH vaginal, provocando que proliferen hongos que habitan de manera natural y fisiológica en la vagina, como la Cándida álbicans, agravando sin duda sus síntomas».
Los cambios asociados a la perimenopausia y menopausia cambian la fisiología vaginal. «Los estrógenos juegan un papel crucial en la salud vaginal, estimulando la maduración del epitelio de la vagina y la producción de glucógeno local. Los Lactobacillus se alimentan de ese glucógeno y lo transforman en ácido láctico, manteniendo un pH óptimo (entre 3.8 y 4.5) que actúa como un escudo protector», detalla la ginecóloga.
Los problemas llegan cuando empiezan a caer los niveles de estrógenos. «El epitelio se vuelve más fino y seco, disminuye la población de Lactobacillus y el pH vaginal se eleva (se vuelve más neutro o alcalino)».
Una dieta alta en azúcares desequilibra el ecosistema microbiano del intestino. Proliferan mucho las de una especie frente a otras y eso genera un desequilibrio que altera la funcionalidad de la pared intestinal. Por no hablar de que, en más ocasiones de las deseadas, las que aumentan su número son las más proclives a crear infecciones.
Y se encuentran con una cavidad vaginal en horas bajas. Es la tormenta perfecta.
Por un lado, se dispara el riesgo de disbiosis y/o permeabilidad intestinal. Por otro, con la menopausia, la cavidad vaginal pierde elasticidad por falta de colágeno, el conducto se acorta y el pH varía. Si hay bacterias con ganas de provocar una infección saliendo del conducto intestinal, tendrán que recorrer menos camino hasta llegar a una vagina que ha perdido parte de su protección ácida habitual.
Y aún hay más. «La permeabilidad intestinal altera, a su vez, el sistema inmunológico, provocando una inflamación crónica de bajo grado a nivel sistémico, y una baja respuesta del sistema inmune a nivel local en las mucosas vaginales. Este desastre fisiológico reduce su capacidad para defenderse frente a patógenos oportunistas (como la cándida)», detalla Ana Molina Jiménez, consultora agroalimentaria y cofundadora de Ren.U, y autora del libro Relación entre los azúcares y las infecciones vaginales (Publicaciones Cajamar).
Los primeros síntomas son fáciles de identificar: picor, escozor y un flujo más espeso.
Estas son las infecciones vaginales más vinculadas a una dieta rica en azúcares:
Las infecciones vaginales se incrementan un 50% durante la época estival, llegando a representar hasta un tercio del total de las consultas ginecológicas estos meses, según datos de la Asociación Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). ¿Por qué? Las razones principales son:
La experta insiste en que la estrategia nutricional preventiva es diferente a la sintomática. Es decir, cuando tenemos instaurada una candidiasis, es necesario establecer una estrategia sintomática. De manera que «las pautas al inicio serán muy restrictivas, en lo que respecta a azúcares, hidratos de carbono simples y fermentados, enfocadas a mejorar rápidamente la sintomatología, pero no debe prolongarse en el tiempo. Mientras que, cuando hablamos de una alimentación preventiva, el enfoque es diferente y debe ir orientado hacia una estrategia antiinflamatoria, inmunoprotectora y reguladora de la microbiota”, detalla Ana Molina.
Recuperar los alimentos antiinflamatorios del patrón mediterráneo es la manera más fácil y directa de aumentar nuestras defensas frente a infecciones oportunistas.