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La grasa rebelde aumenta con la insulina alta

Una dieta cetogénica ayuda a eliminar la grasa rebelde./ Unsplash.

SALUD

Grasa Rebelde (Parte II): El mejor combustible para nuestro cerebro

Cuando escuchamos la palabra grasa, nos ponemos a temblar sin pararnos a pensar qué es, para qué sirve y por qué nuestro cuerpo la almacena. ¿Quieres saber un poco más de ella?

Por Mónica Heras

17 de junio de 2022 / 11:18

Te prometimos una serie de artículos en los que profundizaríamos acerca de esa grasa rebelde. Ya hablamos de cómo la evolución nos dotó de un un sistema de almacenaje energético llamado grasa. Gracias a él tenemos un cerebro más desarrollado al de otros animales y la clave consiste en enseñarle a nuestro cuerpo a echar mano de la grasa en lugar de la glucosa para conseguir toda el combustible que necesita, eso sí, sin perder masa muscular.

Para lograrlo podemos seguir una dieta cetogénica, aunque no es necesario vivir en estado de cetosis, sí que es recomendable tener largos periodos en los que nuestra ingesta de carbohidratos sea mínima y prioricemos la de grasas y proteínas.

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De grasa a combustible

Ahora queremos seguir conociendo a la grasa, ese enemigo que, como podrías haber visto, no lo es tanto si aprendes a usarla a tu favor. Para ello vamos a contarte el proceso de la quema de grasa: movilización, transporte y oxidación.

Moviendo la grasa rebelde

El primer paso para usar la grasa, es extraerla de la célula, la cual la almacena en forma de triglicéridos (tres ácidos grasos). La la enzima HSL o LSH (lipasa sensible a hormonas) es la que se encarga de romperla y es susceptible, como su nombre lo indica de varias hormonas. Sin embargo, las que más inciden en la movilización de grasa son la insulina y dos catecolaminas: la adrenalina y la noradrenalina.

Insulina

Con niveles altos de insulina, en lugar de mover esa grasa que queremos utilizar como energía, lo que sucede es que acumulamos más grasa. Esto se debe a que se activa la enzima opuesta, la LPL (lipoproteína lipasa).

Las catecolaminas

Estas en cambio, sí que activan la HSL y con ella la movilización de grasa. Aquí lo interesante es tener en cuenta que la hormonas trabajan con un emisor y un receptor y en el caso de las grasas, los dos receptores que predominan son las catecolaminas, de las cuales nos interesan ls alfa-2 y las beta-2. Sin ponernos científicos, para eso mira este estudio, solo diremos que, cuando las catecolaminas llegan a un receptor beta-2 aumenta la movilización de grasa, pero cuando llegan a uno alfa-2 se disminuye

Conclusión, que para movilizar grasa debemos mantener la insulina baja y las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) altas. Sin embargo, en una batalla en igualdad de condiciones siempre ganará la insulina, o sea, el michelín.

Transporte de grasa

Vale, ahora que ya hemos roto esos ácidos grasos y que corren libremente por la sangre, toca transportarla y aquí interviene que tengamos un buen riego sanguíneo alrededor del tejido graso.

Oxidación

Necesitamos que esa grasa sea llevada a algún sitio donde podamos quemarla, o de lo contrario se almacenará en otro lugar de nuestro cuerpo y volverá a convertirse en esa grasa rebelde de la que queremos deshacernos. Lo ideal es que llegue a un músculo que necesita energía y que ahí sea capaz de oxidarse.

Para que esto suceda, la grasa debe atravesar la mitocondria y todo el proceso será aún mejor cuanto menos glucógeno tengamos en el hígado o en los músculos.

¿Cómo hacer que la grasa rebelde sea combustible?

Ahora que ya sabemos cómo es el proceso que los ácidos grasos siguen hasta ser transformados en energía, te será más fácil entender qué sucede con esa grasa que no somos capaces de eliminar.

  • La grasa rebelde es más sensible a la insulina, por lo que tiende a acumularse más fácilmente pero es más difícil de movilizar.
  • Tiene receptores alfa-2 que beta-2 en el tejido adiposo. Esto sucede en la zona del glúteo y de la pierna en la mujer, así como en la parte abdominal en los hombres.
  • Las zonas donde tenemos grasa rebelde suelen tener  peor riego sanguíneo, lo que dificulta la movilización

Así funciona la grasa rebelde y, como ves, las hormonas tienen mucho que decir al respecto, además está claro que mantener un índice glucémico bajo es imprescindible. El famosos déficit calórico debe hacerse, pero con control, de lo contrario tendrás hambre y volverás loco a tu metabolismo, segregarás más cortisol, menos leptina (la hormona del apetito) y la grasa rebelde se acumulará aún más, obligando a tu cuerpo a usar músculo para cubrir el gasto energético.

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