
Bajo ese aspecto inocente, pequeño e irresistible, en un aperitivo de patatas fritas se esconden muchas calorías vacías. FOTO: Larissa Deruzzi/Pexels.
La trampa del aperitivo
Patatas fritas o aceitunas: la batalla entre una bomba de calorías y sal y ‘el Ozempic del bar’
El aperitivo de tu bar favorito puede arruinar tu dieta en apenas unos minutos. Los que necesitas para devorar ese bol de patatas fritas con el que acompañas bebida y charla. Palabra de Boticaria García.
16 DE ENERO DE 2026 / 07:57
Te sientas en un bar, pides algo para beber y el camarero te pregunta qué prefieres para picar: aceitunas o patatas fritas. Dos propuestas de aperitivo muy habituales en nuestros bares, a primera vista, igual de apetecibles. Pero, como indica Boticaria García (@boticariagarcia) desde su perfil de Instagram “no es una decisión trivial”.
Y no se trata solo de las calorías. Hay una opción nutricionalmente interesante y otra… que mejor dejar de lado.
Las patatas suspenden en el test nutricional
Sin ningún tipo de miramientos, la conocida farmacéutica y divulgadora califica ese apetecible bol de patatas fritas como «una bomba de sal y grasas refinadas». Suponiendo que esas patatas sean solo el tubérculo laminado y frito en aceite de oliva con sal estamos ante 230,4 calorías. Por ponerlo en referencia, algo parecido a tomar dos plátanos medianos, una porción pequeña de pizza o tres huevos cocidos.
Si nos fijamos en la grasa, tenemos 15,8 gramos. Lo mismo que un filete de 100 gramos de salmón, o que tres lonchas de bacon. La diferencia es que la cantidad de proteínas es muy pequeña. ¿Y por qué habla de grasas refinadas? Simple: esos aperitivos rara vez se fríen en aceite de oliva virgen extra. Suelen prepararse en aceite de oliva alto oleico u otros de mezcla de semillas muy refinados para abaratar su precio.
Por resumir: muchas calorías y pocos nutrientes de calidad. O, lo que es lo mismo, calorías vacías.
Una bomba de sal
En cuanto a la sal que tanto horripila a Boticaria García podemos estar ante unos 0,4 y 0,6 gramos de sal.
Cabe recordar que la OMS recomienda no superar 5 gramos de sal al día. En otras palabras: esa ración de 40 gramos ya aporta entre el 10 y el 12% de la ingesta máxima recomendada. Y es solo un picoteo.
Las aceitunas, según la preparación, también pueden llevar bastante sal, pero siempre será menos que en el caso de las patatas fritas.
Son malas, pero no puedes dejar de comerlas
Que levante la mano quien no haya pedido al camarero otro bol de patatas con la excusa de una segunda ronda de bebidas. Como si no nos hubieran llenado lo suficiente a pesar de su alto contenido en grasas y calorías.
La clave está precisamente en los ingredientes: ese torbellino de grasas y sal, unido a lo estimulante que es el crujido al llevárnoslo a la boca, «estimula la liberación de dopamina y le dicen a tu cerebro ‘dame más», explica la popular farmacéutica. Por eso no puedes parar de llevar la mano hacia el bol.
Aceitunas, el ‘Ozempic’ de la barra de bar
Las humildes aceitunas, en cambio, tienen grasas monoinsaturadas saludables (recuerda que el aceite de oliva se elabora con aceitunas). Su ingesta «estimula la liberación de hormonas GLP1, como las de los nuevos fármacos para la obesidad. No estoy diciendo que las aceitunas sean el nuevo Ozempic, o el nuevo Mounjaro, pero ayudan a echar el freno de mano del hambre».
De hecho, las patatas fritas están dentro de ese peligroso grupo de alimentos gatillo que nos exacerban las ganas de comer aunque no tengamos hambre. En especial, si hemos tenido un mal día, tenemos un pico de estrés o nos asfixian las preocupaciones. Lo que nutricionistas y psicólogos, como Ana Morales, denominan hambre emocional. «El hambre emocional entra como una diva dramática: aparece de golpe, exige atención inmediata y suele tener antojos muy específicos. No busca nutrirte, busca consolarte».
Boticaria García es menos lírica, pero más contundente a la hora de determinar qué es mejor, patatas fritas o aceitunas: las patatas fritas «aprietan el acelerador (del hambre). Como bonus, las aceitunas llevan antioxidantes». Es decir, no son ni de lejos calorías vacías, sino un picoteo que aporta.
Pero, ¿por qué hay que elegir?
Cualquier aperitivo, piscolabis, picoteo o bocado para quitar el gusanillo, por pequeño que nos parezca, también suma en el aporte diario de nutrientes y calorías. También sucede con los snacks de media mañana, la merienda o ese picoteo tonto que nos ponemos al llegar a casa antes de preparar la cena.
Si vamos a comer entre horas, mejor echar mano de alimentos que aporten nutrientes de calidad. «En lugar de productos con un alto contenido calórico, grasa y sal (como patatas fritas, dulces o galletas), pon el foco en alimentos integrales, frutas, verduras y lácteos bajos en grasa», recomienda Allie Wergin, nutricionista de la Clínica Mayo.
Así que ya sabes qué responder cuando el camarero de tu bar favorito te de a elegir, ya sabes qué es mejor entre patatas fritas o aceitunas.
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