Aunque empieza hasta 10 años antes de la menopausia, los síntomas más acusados de la perimenopausia llegan en los tres o cuatro años antes de que se retire la regla. FOTO: Pexels.
ASÍ TODO COBRA MÁS SENTIDO
No todo es «culpa» de la perimenopausia, pero identificarla ayuda a comprender todo un poco mejor
Esta etapa de transición, que muchas mujeres viven como una segunda adolescencia durante años, es más llevadera si se conoce su origen. Algo que permite tratar los síntomas y sentirse más acompañada.
13 DE MAYO DE 2026 / 07:30
Si hay algo que no se hartan de repetir los expertos al hablar de las mujeres y su salud hormonal es que la información es poder. Cuanto más sepan de sus cuerpos, de su funcionamiento y sus cambios, mejor. Siguiendo esa línea, ser capaz de identificar que una se encuentra en perimenopausia es fundamental. ¿Por qué? Porque esta etapa, que la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), define como la etapa entre el final de los ciclos regulares y el año siguiente a la menopausia natural, puede alargarse hasta una década. Y porque en ese tiempo —especialmente los tres o cuatro años previos a despedirse de la regla— ocurren tantas cosas que la mujer puede llegar a pensar que se está volviendo loca.
«Entender que se va a pasar por ese proceso, que van a suceder cambios y comprender que su origen tiene que ver con la falta de hormonas puede resultar de gran ayuda y tranquilidad para la mujer», sostiene el doctor Juanjo Fernández, coordinador de ginecología en HLA Universitario El Ángel (Málaga), del grupo ASISA. Sin embargo, eso no tiene que hacer ver que cualquier síntoma que experimente una mujer a partir de cierta edad sea por la perimenopausia. Ni mucho menos caer en el pensamiento negativo de que ya todo va a ir a peor o que no hay vuelta atrás.
La teoría de la compensación
Antes de nada, conviene aclarar los conceptos. Sabemos que la menopausia llega cuando se han superado 12 meses consecutivos sin menstruar. Pero, ¿cuándo se entra en perimenopausia? Como indica la AEEM la duración de este periodo de transición puede empezar 10 años antes. «Cuando el ovario empieza a fallar en la producción de hormonas, algo que suele suceder alrededor de los 40 años, aunque a veces ocurre antes», señala el experto. En ese momento, «existen mecanismos cerebrales (en la hipófisis) que intentan compensar el fallo mandando mayor estimulo al ovario para que funcione», añade.
Durante un tiempo esa compensación es efectiva: la menstruación sigue más o menos regular, el cuerpo se sigue comportando de un modo parecido… De modo que el proceso pasa totalmente desapercibido. O, en todo caso, se piensa que los cambios tienen que ver con la edad o con un momento de estrés (que también es así). De hecho, aunque el ovario empieza a ir ‘forzado’, no se suelen producir síntomas. «Además, no es un proceso lineal, sino que al principio esos estímulos son intermitentes. Es decir, solo ocurren cuando hay fallo ovárico, algo que se suele dar solo en ciertos ciclos».
Todo empieza con un exceso de estrógenos
La cosa cambia cuando la hipófisis se ‘cansa’ de esa compensación y no es capaz de regular la secreción de hormonas por parte del ovario. Ese punto, que el doctor Fernández sitúa entre tres y cuatro años previos a la menopausia, es cuando la mujer se familiariza —generalmente sin saberlo— con la perimenopausia. Lo que sucede en su cuerpo es que el ovario empieza a forzar una producción de hormonas cada vez más desordenada. De hecho se produce un exceso de estrógenos. «Precisamente eso es el responsable de los primeros trastornos que suelen ser excesos de sangrado o ciclos más cortos», apunta el experto de ASISA.
Según el fallo va avanzando, el ovario empieza a agotarse. «Y ahí llegan las faltas de reglas. En algunas pacientes, también, empiezan los sofocos, los problemas para dormir, la fatiga…».
Algunas pueden preguntarse si es posible identificar todo esto con un análisis. «Al ser un momento de altibajos, los niveles hormonales pueden orientar, pero la perimenopausia no se diagnostica analíticamente, ya que las fluctuaciones en el nivel de hormonas nos pueden llevar a confusión. En cambio sí está justificado en pacientes por debajo de los 45 años con trastornos del ciclo menstrual significativos o sintomatología».
Esto sí, esto no… Los síntomas reales de la perimenopausia
Como sucede al hablar de menopausia o de la menstruación, hay tantas perimenopausias como mujeres. Generalizar en temas de salud nunca es buena idea. Sin embargo, sí hay patrones que se repite, lo que puede ayudar a identificar que nos encontramos en esa transición. Según el ginecólogo, el más frecuente son los sofocos y sudores nocturnos. «Tal vez porque se identifican muy bien». Pero, desde su experiencia en consulta, también son muy frecuentes el insomnio, la irritabilidad, la ansiedad o el descenso de la libido. «Curiosamente, en muchos casos la paciente no lo identifica directamente con los cambios hormonales».
Pese a todo no hay que caer en echarle la culpa de todo a la perimenopausia. No hay que obviar que esta etapa de la vida coincide con años donde hay más estrés, problemas personales, enfermedades de padres, familiares o propias, cambios de trabajo… «La información es buena, pero hay que saber gestionarla. Tendemos a encasillar y buscar nombre a todo lo que nos pasa y eso nos lleva a veces a autodiagnosticarnos o a buscar información en fuentes no siempre fiables», advierte el doctor.
Cuanto más preparada, mejor
Otra razón fundamental de aprender a identificar la perimenopausia es prepararse para ella. O, en todo caso, prepararse durante ese momento para lo que está por venir. «Es el momento en el que toca empezar a cuidarse más para estar igual», ilustra el médico. Queramos o no, los primeros fallos ováricos coinciden con que el metabolismo se enlentece, las necesidades del cuerpo cambian y todo ello requiere mejores hábitos. Cuidar la alimentación, limitar el alcohol y practicar ejercicio, especialmente de fuerza, va a marcar la diferencia.
Además, puede ser una buena idea recurrir a la suplementación -calcio, vitamina D con vitamina K, omega 3 y magnesio suelen ser los más interesantes- y acudir al ginecólogo para valorar la terapia hormonal si hubiera síntomas notables. «Saber lo que se está pasando ayuda a no conformarse ni aguantarse». Por último, el doctor recuerda que esta «segunda adolescencia«, donde todo te molesta, se acumulan los cambios físicos y estás más sensible, también pasa. «En menopausia algunos de estos síntomas, como la irritabilidad, la ansiedad e, incluso, los bochornos, desaparecen. Es verdad que otros aumentan o se mantienen, pero en general es una etapa sin tantos altibajos».