Aunque queda muy hollywoodiense, las mujeres no siempre sentimos el infarto como un dolor intenso en el pecho. FOTO: Anna Shvets/Pexels.
No todo es la mano en el pecho
Las mujeres somos diferentes… hasta en los síntomas del infarto
Pasada la menopausia la principal causa de muerte entre mujeres es el riesgo cardiovascular. Toca cuidarse y reconocer los síntomas.
Por Verónica Palomo
2 DE JULIO DE 2026 / 07:30
La imagen dominante del infarto ha estado siempre marcada por el llamado Hollywood heart attack: un hombre de mediana edad que se lleva la mano al pecho y cae desplomado. Esta exagerada escena transcurría así porque era la manera en la que la medicina entendía por aquel entonces el ataque al corazón.
Este patrón de paciente masculino dejaba a las mujeres fuera del imaginario clínico y del foco de la investigación cardiovascular. Así fue durante muchas décadas: la Medicina, con mayúsculas, pasaba por alto que las mujeres no tenemos la misma fisiología que los varones.
Una larga historia narrada con voz de varón
En ese contexto se formaron, por ejemplo, cardiólogas tan relevantes como la estadounidense Nieca Goldberg, portavoz de la Asociación Americana de Cardiología. Hace unos años, esta profesional contaba en una entrevista en la CBS cómo a finales de los años 70 y principios de los 80 escuchaba —durante su formación como residente— que el infarto era, esencialmente, ‘cosa de hombres’.
En ese momento pudo observar que muchas mujeres con síntomas menos ‘clásicos’ eran infradiagnosticadas o se les recetaban ansiolíticos. Todo ello lo plasmó en su libro Women Are Not Small Men (Las mujeres no son hombres pequeños).
La mujer también existe
Hoy el panorama ha cambiado: la investigación ha incorporado a más mujeres, las guías clínicas han avanzado y existe mayor conciencia de las diferencias en la presentación de la enfermedad cardiovascular.
Sin embargo, como advierte la cardióloga española Antonia Sambola Ayala, coordinadora del Grupo en Enfermedad Cardiovascular de la Mujer de la SEC, en su libro El corazón de las mujeres, el problema no es tanto que el infarto femenino sea distinto, sino que no se atiende igual.
Esto ocurre porque las mujeres seguimos sin interpretar bien los síntomas y normalmente acudimos a urgencias con el infarto muy avanzado. Este tiempo de más provoca un retraso en el diagnóstico y, por lo tanto, en el tratamiento.
Ellos tienen más infartos, sí, pero en las mujeres es más letal. Según la Sociedad Española de Cardiología, tras un primer infarto, la mortalidad es un 20% mayor entre las mujeres.
Más allá del dolor torácico
Es un hecho que el dolor en el pecho es el síntoma más frecuente, presentándose en hasta el 80% de los casos tanto en hombres como en mujeres que sufren un infarto. No obstante, las mujeres experimentan con mayor frecuencia una serie de síntomas inespecíficos o atípicos que suelen ser ignorados o atribuidos erróneamente a otras causas. Entre estos signos menos clásicos destacan:
- Dolor irradiado: molestias en la mandíbula, el cuello, la espalda o el costado.
- Alteraciones digestivas y respiratorias: sensación de indigestión, náuseas, vómitos y disnea (falta de aire).
- Signos sistémicos: fatiga extrema, mareos, palpitaciones y una angustiante sensación de muerte inminente.
Esta sintomatología, al ser menos conocida, contribuye a que el infarto femenino sea difícil de identificar para la propia paciente, especialmente si ya convive con cuadros de dolor crónico.
Así se previene el infarto al corazón
Irene Santa Inés Diéguez, facultativa en el Centro de Salud Juan de Austria (Alcalá de Henares), destaca que la atención primaria constituye la primera línea de defensa y el pilar esencial para la prevención de accidentes cardiovasculares.
Según explica, el principal reto en la práctica clínica diaria es evitar la aparición de factores de riesgo, especialmente ante el reciente cambio de paradigma en la prevención durante la menopausia. «Mientras que anteriormente las consultas se centraban meramente en el alivio de la sintomatología, hoy existe una mayor conciencia sobre la pérdida del freno estrogénico, esa protección natural que las mujeres pierden en esta etapa biológica», señala.
Por ello, las visitas motivadas por síntomas como insomnio, sofocos, sequedad o alteraciones menstruales se aprovechan ahora para realizar un abordaje integral. «El objetivo es sensibilizar a la paciente e intervenir activamente en la adopción de hábitos saludables, que incluyen una dieta adecuada, ejercicio físico, el abandono del tabaquismo y el cuidado de la higiene del sueño y la salud emocional», explica.
Riesgos específicos de la mujer
A pesar de estos avances, persiste una infravaloración del riesgo cardiovascular femenino que, según la doctora Santa Inés Diéguez, responde más a una cuestión de percepción social que a una carencia técnica en el ámbito sanitario. «Los protocolos preventivos actuales son sumamente exhaustivos y han comenzado a integrar en los consensos y guías clínicas diversos factores de riesgo específicos de la mujer que antes no se ponderaban suficientemente. Entre ellas destacan las complicaciones durante la gestación (como la hipertensión o la diabetes gestacional), la menopausia precoz y las enfermedades inflamatorias autoinmunes», sostiene.
El desafío fundamental sigue siendo la autopercepción social de la mujer, quien a menudo no se identifica a sí misma como parte de un grupo de riesgo cardiovascular. Dado que estas patologías todavía se conciben erróneamente como algo de predominio masculino, la doctora subraya la urgencia de concienciar a las mujeres de que son una población diana de riesgo, «una vulnerabilidad que se acentúa especialmente tras el inicio de la menopausia».
No puedo permitirme estar enferma
Este pensamiento convive diariamente entre muchas mujeres y es uno de los mayores obstáculos en la salud cardiovascular femenina. La mentalidad de ‘no puedo permitirme estar enferma’ es una realidad que puede llegar a ser letal. Con frecuencia, las mujeres no identifican sus síntomas como señales de un problema cardíaco, lo que retrasa significativamente la consulta médica.
En las consultas médicas es común observar cómo muchas pacientes ignoran o minimizan su malestar debido a que desempeñan el rol de cuidadoras principales de otros familiares. Al no permitirse un espacio para su propio autocuidado, el diagnóstico se posterga peligrosamente. La doctora Santa Inés Diéguez pone el ejemplo de una mujer con fibromialgia, tan acostumbrada al dolor crónico que, tras un episodio de fuerte estrés personal, confundió un infarto real con una crisis de ansiedad: «Este tipo de confusión es recurrente y, dependiendo de la gravedad del evento (si afecta a una o varias arterias), las señales pueden ser desde sutiles hasta fulminantes».
Infarto femenino: desmontando mitos
Es fundamental combatir la creencia de que la juventud o los chequeos ginecológicos son garantías suficientes de salud cardiovascular:
- El riesgo en mujeres jóvenes. Es un mito que la juventud exima de peligro. D hecho, las tasas de infarto están creciendo en mujeres menores de 55 años debido al estrés crónico, el tabaquismo y complicaciones previas, como la preeclampsia o la diabetes gestacional.
- Limitaciones del control ginecológico. Aunque los exámenes ginecológicos son vitales, no cubren la salud cardiovascular integral. A partir de los 40 años o tras la menopausia, es imprescindible incorporar chequeos específicos de presión arterial, colesterol, glucosa y función cardíaca en las revisiones rutinarias.
La doctora Diéguez concluye recordando que «es fundamental vigilarse, observarse, cuidar los factores de riesgo cardiovascular y consultar ante cualquier síntoma que nos notemos, sin minimizar ni restar valor, especialmente a partir de los 45 años».