NO TE PIERDAS Adelgazar y aumentar masa muscular a la vez, difícil, pero no imposible

Las bebidas enriquecidas con electrolitos no son un refresco al uso. Por mucho que tengan sabor a fresa y un color ideal. FOTO: Mike Jones/Pexels.

Otro suplemento bajo la lupa

Una clase de spinning no es un maratón: cuando los electrolitos pasan de ser una ayuda para deportistas a un negocio

Los electrolitos protagonizan un nuevo capítulo de superalimentos que nos venden como imprescindibles cada vez que nos atamos las zapatillas de deporte. Pero no siempre hacen falta.

Por Marita Alonso

26 DE ENERO DE 2026 / 14:00

Basta dar un paseo rápido por las redes sociales para toparnos con una pléyade de influencers y podcasters glosando las bondades de incorporar suplementos de electrolitos en su dieta. Así, de forma habitual, sin que haya un episodio de deshidratación severa que lo aconseje. Son los nuevos superalimentos y triunfan entre los más jóvenes. Con sabor a fresa, limón, frutas tropicales… El doctor Borja Quiroga, nefrólogo y autor de ‘El reto es no envejecer. Activa la proteína klotho y multiplica tus años de vida’ (Roca Editorial, 2026) no comparte esta moda: «La única razón para añadir sueros con electrolitos a nuestra dieta es la pérdida de estos de manera exagerada. Esto puede ocurre en cuadros gastrointestinales agudos y profusos (diarrea) o en deporte de alta exigencia. En todas las demás situaciones, nuestra dieta nos aporta los minerales y vitaminas que necesitamos». 

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El gesto para prepararlos es sencillo: basta con diluir unos polvos en un vaso de agua. Aportan color, sabor y un montón de electrolitos que, como recalca el doctor Quiroga, no necesitamos salvo en casos puntuales. «Me horroriza ese creciente mercado. Es una fuente de confusión y, sin querer que suene mal, de engaño. Nunca se ha precisado la suplementación de electrolitos porque la dieta ya contiene todos esos elementos. Y, lo peor de todo, es que no hay evidencia que demuestre que suplementar tenga beneficio».

La moda de suplementar con electrolitos no solo daña al bolsillo. «A veces, si es descontrolada, puede inducir algún perjuicio en la salud», comenta el experto, que forma parte de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.).

Antes de gastar dinero en suplementos que tal vez no necesites, deberías saber que en la despensa ya tienes reservas suficientes de electrolitos.

El potasio está en los plátanos, los frutos secos y las frutas deshidratadas. El sodio, en la sal de mesa. El calcio, en los lácteos o los garbanzos. Y el magnesio abunda en los frutos secos y las legumbres.

Todo lo que acaba en la sangre debe tener una utilidad para nuestras células. Viene a ser como un enorme supermercado door to door de minerales, vitaminas, antioxidantes, aminoácidos… Las células toman aquello que necesitan y solo lo que necesitan. Lo que sobra acaba en los riñones, que son los encargados de filtrar la sangre y excretar todo lo sobrante. Si hay electrolitos de más, los riñones tendrán faena extra. Pero si bebemos de más, también. Y encima, podemos llegar a comprometer los niveles de electrolitos que necesita nuestro cuerp0. 

En personas sin enfermedades, el riñón es capaz de deshacerse de todo el exceso de agua y sustancias de desecho que ingerimos. «La regulación de nuestros riñones permiten eliminar desde medio litro a 20 litros de agua al día. Dentro de ese rango tan amplío, el aumento de ingesta de agua no ha demostrado ni ser beneficioso ni perjudicial. Ahora bien, hablando de enfermedades, las cuentas cambian. En situaciones en las que retenemos líquido porque el corazón, el riñón o incluso el hígado funcionan mal, tenemos algunos signos que nos ayudan a discernir si nos estamos pasando con la ingesta hídrica», explica.

Aclara que uno de ellos son los edemas, es decir, la hinchazón de pies, tobillos o incluso piernas; otro es el aumento de peso de un día para otro. Finalmente, el más grave, es la acumulación de agua en el pulmón, que en la persona se sentiría como un ahogo (disnea) y que ocurre de forma más acusada al estar tumbado o cuando hacemos esfuerzos. 

Los deportistas son un sector especialmente goloso para el marketing de suplementos nutricionales. Desde aguas hipervitaminadas a los ya mencionados electrolitos para ‘mejorar el rendimiento’. Ahora bien, no es lo mismo correr un maratón que hacer una clase colectiva en el gimnasio de al lado de casa. Ni el esfuerzo, ni la tasa de sudoración va a ser igual. No hace falta beber en exceso antes de meterte y tampoco tomar electrolitos al salir. Aun así, en una persona sana, este exceso no debería tener mayores consecuencias. «En situaciones de deporte extremo debemos avituallarnos con algo de glucosa. Puede ser posible que precisemos reponer potasio y sodio pero, como digo, eso ocurre en la alta competición. En el deporte que realiza el 99% de la población, la hidratación basada en agua es más que suficiente», aclara.

OTROS TEMAS WELIFE

Natalia Migdalova, especialista en Nutrición Clínica y Deportiva y fundadora de Migdal Nutrición, comenta a WeLife que aunque las bebidas diseñadas para reponer líquidos y electrolitos perdidos durante el ejercicio «contienen carbohidratos, generalmente un 6-8% de glucosa o fructosa, y electrolitos, caso del sodio y del potasio. Estos minerales facilitan la absorción intestinal de agua mediante el transporte de sodio-glucosa y mejoran la retención de líquidos». 

Precisamente porque están diseñadas para la práctica intensa del deporte, las bebidas para deportistas, además de electrolitos, contienen azúcares añadidos en cantidades muy altas. «Eso puede ser innecesario para personas sedentarias o en ejercicios de baja intensidad, aumentando el riesgo de consumo calórico excesivo. Por ello, su uso debe limitarse a contextos de actividad física exigente», advierte. Abusar de esas bebidas isotónicas sin necesidad puede tener un efecto secundario inesperado: el aumento de peso. 

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