
A veces no gritamos a Siri: gritamos al atasco, a la prisa, al día torcido. La IA no se ofende, pero nuestra forma de hablar —incluso con una máquina— dice bastante de cómo gestionamos lo que llevamos dentro. Foto: Olly / Pexels
Enfados en tiempos de la IA
¿Educados con ChatGPT y furiosos con Siri? Algo dice de nosotros
Hay quienes son muy educados con sus chatbots y quienes descargan toda su ira contra un algoritmo. ¿Por qué tratamos a los asistentes virtuales como si fueran humanos?
Por Marita Alonso
13 DE FEBRERO DE 2026 / 14:00
Vas conduciendo. Le pides a Siri que marque el teléfono de tu madre. Con su cálida voz de IA te dice que ese teléfono no está entre tus contactos. Tú insistes y Siri se empecina en que no. Y acabas gritando dentro del coche ‘pero Siri, que es mi madre’. Incluso, la insultas sin pudor. Como si fuera de carne y hueso. Pero tu enfado no le afecta. Por mucho que te desgañites con Siri, a Alexa o a Chat CPT, les va a dar igual: son inteligencias artificiales y tu enfado no entra en su algoritmo. Entonces, ¿por qué gritar a una inteligencia artificial? Fácil: porque nosotros sí somos humanos. Y nos podemos enfadar con una inteligencia artificial o con el vecino del quinto.
Pedir las cosas por favor a Gemini cuesta millones de dólares
Siempre pienso que el capítulo más aterrador de Black Mirror sería aquel en el que salen a la luz las cosas que le preguntamos a ChatGPT. Un estudio reciente indica que pese a que lo que comentamos con la Inteligencia Artificial podría en más de una ocasión ser motivo de escarnio, al menos el 70% de los usuarios mantiene un trato educado con los chatbots de IA.
Pero la IA no es un humano agradecido, sino un mecanismo digital que consume energía en cada proceso. Cuanto más largo sea, más energía reclama. Así lo explica Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, que asegura que los ‘por favor’ y los ‘gracias’ dirigidos a ChatGPT cuestan «decenas de millones de dólares». El motivo es que las solicitudes más largas requieren más procesamiento, lo que genera costos energéticos, financieros y, en última instancia, ambientales.
¿Y si la IA tiene empatía?
Sin embargo, Kurtis Beavers, uno de los diseñadores de Copilot, incitó en un mensaje subido a la web de Microsoft a que los usuarios sean amables con sus chatbots. «Cuando detectan cortesía, es más probable que respondan con cortesía. Lo mismo ocurre con tus colegas, con desconocidos en la calle y con el barista que te prepara el café americano helado», indicó.
El detalle es ese ‘es probable’. Ni los propios desarrolladores saben cómo reaccionará su criatura. Ya pasó con Skynet en Terminator y aquello no acaba bien.
Alexa, presta atención
Pero, ¿por qué tratamos a los asistentes virtuales como si fueran humanos? ¿Por qué a veces somos educados y otras, volcamos sobre ellos nuestra ira? Sergio Jovani, Chief Technology Officer, explica a WeLife que cuando interactuamos con una IA, lo hacemos a través de lenguaje natural, ya sea hablando o escribiendo. «El lenguaje natural, para los humanos, no es solo una herramienta para dar instrucciones. Es una forma de relacionarnos con el mundo, de expresarnos y de canalizar emociones. Por eso, cuando Siri no funciona bien (que pasa con demasiada frecuencia), es casi inevitable que salga frustración en la forma más humana que tenemos de expresarla: el propio lenguaje», explica.
Como sabemos que no hay un coste social real, porque no es un ser que sienta, Jovani indica que nos permitimos descargar esa tensión con más facilidad. «Además, Siri suele usarse para tareas inmediatas. Ese contexto de urgencia hace que el fallo se viva como algo todavía más irritante», asegura. Y lo mismo cuando Alexa se empeña en confundir Rage Against The Machine con Rafa Martín, por poner un ejemplo.
Cordialidad, ante todo
Otra cosa es pedir las cosas con elegancia a ChatGPT. No es porque pensemos que así nos hará más caso o porque creamos que tiene sentimientos. «Es más bien una forma de higiene emocional: mantener un tono amable nos ayuda a pensar mejor, a comunicarnos mejor y a pedir lo que queremos de forma más clara. También influye que ChatGPT no suele exigir la misma inmediatez que Siri, así que podemos permitirnos más paciencia y un estilo más calmado», indica Jovani.
Daniel Díaz Hurtado, Head of Data and AI Practice en Sopra Steria Next, explica que cuando descargamos nuestra rabia contra Siri, no es porque tengamos nada en su contra, sino que cuando tenemos prisa y no nos entiende, la rabia emerge. «Es como cuando hablas con alguien que no te presta atención. En realidad, eres tú el que está frustrado/tenso, y Siri paga los platos rotos (sabiendo que ella no se va a ofender). Al final es un desahogo rápido, que seguramente no tendríamos con una persona. Sabes que Siri no se lo va a tomar a mal. Solemos exigir a la tecnología lo que no exigimos a las personas y por ello, si no nos entiende o da la respuesta que esperamos, nos enfadamos. Muchas veces no somos conscientes de que la tecnología está para ayudarnos», dice.
El foro de ofendiditos de Apple
Curioso, a la par que desternillante, es que en la web de Apple exista un foro en el que hay infinidad de hilos de usuarios que se quejan de que Siri está siendo ‘maleducada’. Es una señal más de que tendemos a dar cierto barniz humano a los asistentes virtuales. De hecho, por eso mucha gente muestra una educación extrema cuando trata con tales dispositivos.
Díaz Hurtado cree que si algo nos responde de forma tan natural, acabamos por tratarlo como a una persona. «A mí me pasa con ChatGPT y otras IAs: le digo ‘gracias’, ‘buenos días’, ‘me gusta tu respuesta’, etc, sin darme cuenta. No lo hago porque piense que tiene sentimientos, simplemente porque me sale así. Supongo que humanizamos la tecnología porque nos hace sentir un poco más cómodos con ella, menos fríos, más ‘de tú a tú», explica.
No es tu amiga, pero tú tienes educación
Por su parte Pilar Conde, psicóloga sanitaria y Directora Técnica de Clínicas Origen, considera que aunque esa ira que volcamos contra Siri o los dispositivos puede percibirse como una forma de descarga, sabemos que el enfado no se regula a través de la expresión agresiva, sino que se trabaja desde la regulación interna.
«La persona que lo use puede sentir que se libera, pero esta liberación es cortoplacista y no soluciona la gestión emocional del enfado. Detrás de la IA no hay ninguna persona, pero nosotros sí nos estamos relacionando con ella. Para nosotros sigue siendo una interacción, en cierta manera. Relacionarnos desde la educación no solo aporta bienestar, sino que nos mantiene en un ensayo social respetuoso. Además, sabemos lo beneficioso que es para nosotros mantener relaciones basadas en el respeto recíproco», dice.
Cuando hay confianza, se pierden las formas
Julia Velkovska, especialista en inteligencia artificial (IA) del departamento de humanidades y ciencias sociales de Orange Labs, explicaba a Le Monde que con los asistentes de voz, al principio, la gente suele decir ‘hola’ y ‘gracias’. Sin embargo, a medida que el uso se consolida, tienden a hacer peticiones más concretas y eficientes. «La cortesía es señal de un uso inexperto, novato o lúdico. Lo importante para que estos sistemas funcionen es hablarles de forma concisa y clara. La cortesía diluye el mensaje», explica.
Jovani hace una conclusión final: «Hablar y escribir es profundamente humano. Por eso cuando hablamos con máquinas acabamos proyectando cosas humanas, como emociones, frustración o cortesía. Y esto probablemente, espero, nos acompañará durante mucho tiempo».
Yo solo quiero añadir que si mi asistente virtual tiene la voz de Scarlett Johansson, como pasa en la película Her, nadie ha de extrañarse si termino por recitarle poemas.
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