
Para avanzar hay que deshacerse de todo lo que nos impide avanzar por nosotras mismas. FOTO: Shvets Production/Pexels.
Adiós a esa mochila que pesa y no te deja crecer
Ni miedo, ni apego enfermizo: es hora de meter tijera a los lastres emocionales
A veces es un pasado que sigue doliendo y otras veces, un presente que aprieta demasiado. Sea lo que sea, toca soltar lastres para sacar todo tu potencial sin cortapisas.
Por Paka Díaz
6 DE MARZO DE 2026 / 14:00
Las búsquedas sobre ansiedad, afrontar el miedo o relaciones tóxicas no paran de crecer. Sin embargo, muchos seguimos viviendo con la sensación de arrastrar mochilas invisibles. Algo se quedó sin decir, una historia terminó mal, una herida se cerró en falso. Sigue adelante, pero con un peso extra. En ese momento toca soltar lastre. No desde la exigencia de superarlo ya, sino desde la comprensión de qué es lo que no te deja avanzar. Porque los miedos dificultan el bienestar.
Emociones que hay que tirar a la basura
Para Ana Morales, psicóloga especializada en obesidad, atracones y bulimia, este punto es clave. Autora de ¡Qué buena estoy!: Tira las dietas a la basura y vive con salud emocional, se encarga de ayudar a soltar lastres emocionales para sentirte mejor, respecto a ti mismo y a tu cuerpo, en toda su diversidad. «Les ayudo a entender qué hay detrás de ese impulso, para construir una relación con la comida y con el cuerpo que no duela», apunta.
Esto se puede aplicar a todos los aspectos de la vida. De hecho, los tres lastres emocionales más comunes son los patrones de pensamiento negativos, los miedos recurrentes y las dependencias afectivas, es decir, ese apego enfermizo que nos agarrota.
Lo negativo, cuanto más lejos, mejor
Los patrones de pensamiento negativos son esas frases internas que repetimos sin darnos cuenta. «No describen la realidad, la distorsionan», aclara Morales. Pensamientos tipo ‘soy un desastre’ o ‘siempre me pasa lo mismo’. El problema no es que aparezcan, sino que, cuanto más los repetimos, más nos los creemos. «Acaban organizando tu vida», explica.
Y eso dificulta enormemente soltar el pasado. «Puedes estar fuera de una relación tóxica desde hace años y seguir viviendo como si aún tuvieras que pedir permiso para todo. No reaccionas al presente, reaccionas a la herida», advierte. Mientras la cabeza siga diciendo «cuidado, que volverá a doler», sigues atrapada en un yo que ya no eres.
Ejercicio recomendado: Recordar que el pensamiento no es la verdad. «Cuando aparezca algo tipo ‘no valgo para esto, en lugar de tragártelo entero, cámbialo por ‘estoy teniendo el pensamiento de que no valgo para esto’. Es simple, pero muy potente», dice la psicóloga. Por un lado, te separa del pensamiento, por otro, te devuelve el control. «No puedes pelear con algo que sientes verdadero, pero sí observarlo», destaca. No se trata de eliminar los pensamientos negativos –eso es imposible–, sino de que no te arrasen.
Tener un plan B
Hay alertas del pasado que siguen encendidas en nosotros. «Llegan disfrazadas», explica Morales. En forma de alerta constante, de anticipar lo peor, no poder relajarte, compararte o esa sensación persistente de que algo malo va a pasar. Te bloquean porque el cuerpo reacciona como si la amenaza siguiera aquí, aunque ya no exista. «Eso agota. Te deja sin capacidad de disfrutar, ni espacio para lo nuevo».
Para afrontarlos, recomienda el plan B emocional. Así lo llama Morales porque, señala»si no tienes un plan B, vas a repetir el plan A de siempre». El objetivo no es dejar de sentir, sino tener alternativas y no reaccionar en modo piloto automático.
Ejercicio recomendado: «Pregúntate en frío, si esto pasara de verdad, ¿qué podría hacer? Luego escríbelo. No es para convencerte de que nada malo ocurrirá, sino para recordarle a tu cerebro que, incluso si ocurre, tienes recursos. Cuando haces este ejercicio, la ansiedad baja muchísimo, porque el miedo deja de ser un bloque enorme y empieza a tener forma», cometa la experta. Y recuerda que un miedo con forma, aunque incomode, se puede manejar.
Romper las cadenas del afecto
La dependencia afectiva es el tercero de los lastres emocionales y hace referencia a que tu bienestar depende de otro. Necesitas validación externa para sentirte tranquilo, e incluso cambias tu forma de actuar para no molestar. O te cuesta poner límites, sientes que das más de lo que recibes o te quedas en relaciones que duelen porque algo es mejor que nada. «La señal más clara es esta: si tu bienestar depende de cómo otra persona esté contigo, ahí no hay vínculo, hay dependencia», afirma Morales.
En terapia lo ve a menudo: mujeres brillantes que dudan de sí mismas tras años pendientes de gustar. «Cuando no te eliges tú, acabas aceptando migajas emocionales», alerta.
Ejercicio recomendado: Para evitarlo, propone crear una lista de decisiones propias. Durante una semana, anota cada pequeña decisión que tomes pensando en ti: qué quieres comer, decir que no, no contestar un mensaje en caliente, descansar sin justificarte. «No es la decisión lo que importa, es el gesto», explica. Es enseñarle a tu cerebro a incluirte. «Le muestras que tú también importas, que tu criterio cuenta y es muy válido, por mucho que te hayan hecho creer que no», analiza. Con la práctica, dejas de buscar fuera lo que no estás acostumbrada a darte dentro. «Ahí empieza la autonomía emocional. No cuando ya no necesitas a nadie, sino cuando dejas de necesitar a alguien para sentir que vales», concluye Ana Morales.
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