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Superar el miedo a sentir y el adquirido puede ayudarte a ser más feliz./ Imagen: Pexels.

Psicología

Hay tres miedos que te están impidiendo ser feliz: así es como tienes que afrontarlos

El miedo a sentir, el instintivo y el adquirido son tres grandes obstáculos que complican tu felicidad. Aprender a identificarlos es el primer paso para acabar con ellos.

Por Paka Díaz

4 de abril de 2023 / 07:00

Disfrutar de la vida en toda su plenitud implica cierto riesgo. Si te enamoras, puede que te rompan el corazón. Pero si te fías de los extraños, quizá te engañen. Y si pasas por un cable que une los áticos de dos edificios, con el vacío por debajo y sin sujeción, quizá te caigas y no lo puedas contar. De estos tres miedos, uno, el tercero de ellos, te protege, los otros dos te pueden generar inseguridad y hasta ansiedad. O sea que hay que superar los miedos para poder ser feliz. Aunque no es tarea fácil.

Pero para que los miedos no dominen la vida, lo primero que hay que hacer es saber identificarlos, entenderlos y afrontarlos (aunque esto sea lo más complicado). Pero, como siempre, no hay que pasar de 0 a 100, sino que hay unos pasos y claves para conseguirlo.

Qué es el miedo

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el miedo es una de las emociones primarias más intensas en los seres humanos. En parte, sentir miedo es una ayuda. De hecho tiene que ver mucho con nuestra supervivencia: nos advierte del peligro, nos hace ser prudentes. Ese sería el miedo instintivo. Sin embargo, hay otros dos miedos que aparecen en nosotros, bien por experiencias que los generan, bien por educación. Estos no sirven de mucho y nos pueden limitar.

Los que suponen mayor problema son el miedo a sentir y el miedo adquirido, dos grandes obstáculos que dificultan que las personas sean felices. Entre otras cosas porque disminuyen la autoestima y pueden generar una inseguridad que lleve a sentirse en un estado de alarma continuo. Al final, la persona acaba angustiada al pensar en el mañana y atrapada en los sufrimientos del pasado. En resumen, todo menos disfrutar del presente.

Aprender a identificar el miedo a sentir y el adquirido y a diferenciarlos del instintivo es el primer paso para acabar con estos limitantes temores. La piscóloga Núria Gabernet explica cómo hacerlo en su libro ¡Hola, ansiedad!, un manual muy recomendable donde encontrar herramientas para sentirse mejor y en el que explica conceptos que te pueden ayudar a ser más feliz, como la técnica japonesa ikigai.

El miedo instintivo

“El miedo es una emoción primaria, instintiva, natural en los animales y por tanto, también, en la especie humana”, explica Núria Gabernet. La terapeuta señala que ese miedo, casi diríamos que innato, “está estrechamente vinculado con la supervivencia. Por lo tanto, es natural que haga acto de presencia en determinados momentos. Por ejemplo, si sentimos que estamos en peligro, puesto que su función es protegernos para salvaguardar la vida”.

El instintivo sería un miedo amigo y protector, siempre dentro de un equilibrio. Sin embargo, la psicóloga advierte: “No obstante, muchos de los miedos que tenemos de adultos los hemos ido adquiriendo a lo largo de la vida, por los aprendizajes que hemos realizado a lo largo del proceso de socialización”.

El miedo adquirido

El miedo adquirido suele aparecer cuando eres pequeño y está muy relacionado con tu contexto. “Durante la infancia somos especialmente sensibles a los mensajes que recibimos del entorno, sobre todo de nuestros padres o personas de referencia. Absorbemos su manera de ver y de entender la vida y, por tanto, lo más probable es que en este proceso heredemos también sus miedos y que los acabemos internalizando como propios”, aclara Gabernet.

Pero, al llegar a la edad adulta, toca hacer cuentas y acabar con los miedos aprendidos que te estén impidiendo disfrutar del mundo al 100% y que incluyen el miedo a exponerte. “Por este motivo, es importante revisarlos de adultos, sobre todo cuando se ha crecido en un ambiente que te ha predispuesto a vivir con miedo y en estado de alerta”, cuenta la psicóloga. Y es muy clara: “Vivir con miedo constante puede llegar a dañar la salud”.

El miedo a sentir

Una amiga conoció a un chico por Tinder. Él era encantador y tenían mucho en común. Sin embargo, al poco tiempo tuvo que dejarle porque él, aunque decía que la quería, no era capaz de expresar ternura. Lo que tenía era miedo a sentir, una sensación muy paralizante que puede impedir gozar de la vida y que puede derivar en filofobia, o miedo a enamorarte.

“El miedo a sentir es un miedo, a menudo irracional, que nos impide ser en plenitud, porque, al desconectarnos de la sensación, nos desconectamos también de la vida. Si queremos sanar las heridas y disminuir la ansiedad que nos puedan generar, tenemos que permitirnos sentir la sensación en el cuerpo, sea la que sea”, recomienda Núria Gabernet.

Algo que Gabernet deja claro en su libro es que no hay que negar las emociones. Por el contrario, anima a expresarlas y a aprender a gestionarlas de ese modo. Para afrontar el miedo a sentir, la experta aconseja hacer ejercicios de respiración y dejar que el cuerpo y la mente se expresen. Ese sería un primer paso hacia sanar ese miedo a sentir. Ese que, de algún modo, nos impide estar en el mundo con libertad y nos limita la posibilidad de disfrutar de él.

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