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NO TE PIERDAS Renace el símbolo de una generación: las batas de las abuelas reconquistan la calle
Hechas en España y con todo el cariño del mundo. Las batas como homenaje a las mujeres todoterreno. FOTO: Getty Images
Renace el símbolo de una generación
El proyecto La Pregonera recupera el símbolo del cariño infinito para toda una generación. Fresquitas y bien confeccionadas.
Por Kino Verdú
2 DE AGOSTO DE 2026 / 07:30
Las madres y las abuelas son intocables. Eso no lo duda absolutamente nadie. Cualquier homenaje que les hagamos se queda corto, pero merece la pena seguir intentándolo. Por eso, el proyecto La Pregonera actualiza (sin traicionar) esa prenda anónima y olvidada: las batas de las abuelas.
Detrás de este ejercicio de sana nostalgia, muy de andar por casa, se encuentra Yolanda Sáenz de Tejada, diseñadora de moda, autora de 20 libros y empresaria rural. «YVázquezdemimadre», le gusta añadir a Sáenz de Tejada, quien desde una aldea en la montaña de 15 habitantes planifica sus tareas como conferenciante internacional y experta en visibilidad femenina, además de enhebrar proyectos que «unen inteligencia artificial, tecnología y formación». También «poeta como forma de vida», incluye.
Nació en Huelva, un 9 de abril de 1968, y se ha criado en Andújar (Jaén). Antes, unos cuantos años antes, vino al mundo su madre, Carmen, en Huelva. «Tiene 85 años y le encanta pintarse los labios de rojo», puntualiza Yolanda Sáenz de Tejada. La creadora (y hacedora) de La Pregonera o cómo reinventar la bata estudió Diseño de Moda en Madrid.
Mientras sus colegas «soñaban con Dior, Versace o Hermès, yo visualizaba tener una furgoneta e ir por los pueblos diseñando colecciones para señoras que no tenían acceso a tiendas». Su hermana pequeña da fe de ese alma de ‘mercadillo’ de Yolanda. La aguijonea (el clásico y sano pique entre vástagos) y la espeta que «has montado esto solo para poder cumplir el sueño de llegar a un pueblo con una furgoneta».
A esa incipiente semilla le siguieron veranos en los que Yolanda observaba con una curiosidad, quizás, desmesurada, a su madre, a sus hermanas, a sus tías Cintia y Mari «siempre buscando batas bonitas y frescas«. Se lavaban por la mañana, se secaban en un pispás y se volvían a poner una y otra vez. «Las he visto meterse en el bolsillo una pinza, una moneda, un pañuelo, una horquilla… Heredar esas batas, con más ilusión que un traje de boda, porque es muy difícil encontrarlas de calidad. Y, sobre todo, bonitas».
La segunda, y gemela, semilla de La Pregonera fue su madre. ¿La motivación? «No encontrar batas para ella y decidir que yo le haría una. Que iba a montar una empresa para que ninguna mujer se quedara sin una bata«.
¿Resultado? La primera colección, recién lanzada, una edición limitada a solo 200 unidades. «Cada bata nace de una mujer concreta, pero representa a muchas», confiesa Yolanda Sáenz de Tejada YVázquezdemimadre.
«Y la tercera semilla, o flor, porque aquí ya había una siembra inmensa en mi cerebro y mi corazón, fue este verano, en la aldea, observando a las mujeres de allí. Incluso los dos últimos años, en los que he tenido más contacto con las mujeres de los pueblos dando talleres o presentando el último libro». La Pregonera es moda para ellas y germinada por ellas (abuelas, madres…). «Por eso reinventamos la bata. Nace con un propósito: que las mujeres den el pregón de su vida, que las aplaudamos, que las reconozcamos y que celebremos que estamos aquí gracias a ellas. Que les demos las gracias».
Una alta directiva, una mega líder, una mujer que haya roto mil techos de cristal y que preside el Consejo de Administración (de la empresa ‘equis’) se puede vestir con una de estas batas, claro. Y un hombre, si quiere. Si la temperatura del poder directivo se pudiera medir (como algunos hacen con el amor; del uno al diez, ¿cuánto me quieres?), habría que elucubrar quiénes son las directivas ‘reales’.
«Nuestras madres y abuelas han dirigido casas, familias, economías domésticas, cuidados, imprevistos, duelos, enfermedades, comidas para veinte, cuentas imposibles y crisis que no salían en ningún informe».
Ellas no han resquebrajado techos de cristal, pero han roto corazones: los de todos los que las han rodeado y abrazado y besado y acariciado.
«Lo que pasa es que no les pusieron el título de directivas. Les pusieron otros nombres: madre, abuela, mujer de su casa, mujer trabajadora, mujer que tira pa’lante. Pero dirigir, dirigían. Y mucho». El logo de sus empresas respondía «al nombre de familia, barrio, campo, mercado, tienda o casa». Pensaban en todo el mundo antes de que nadie pidiera nada. «Tenían visión y organización y de nivel diosa. Y liderazgo, porque cuando ellas hablaban, se ordenaba el mundo pequeño que tenían alrededor. Y tenían una capacidad de resistencia y resolución que ya quisieran muchas empresas», explica.
Para Yolanda Sáenz de Tejada, La Pregonera era su destino «porque tengo la sensación de que toda la vida me he estado preparando para esto; me emocionan las mujeres mayores, me recuerdan lo que siempre quiero conservar: la generosidad, la sencillez, la autenticidad». Considerada, desde hace eones, como una prenda menor, «merece diseño, tejido, patronaje y belleza». Deben ser frescas, cómodas, fáciles de lavar, rápidas de secar y, sí, que requieran de un mínimo planchado «que ya han planchao una jartá».
Estampados bonitos, no estridentes, «cortes favorecedores, pero que reconozcan como suyos, tejidos agradables, bolsillos siempre y una forma de caer sobre esos cuerpos divinos que no apriete». Más que ecológico y sostenible (conceptos que se murieron de tanto usarlos, que diría Rocío Jurado), «La Pregonera nace desde nuestra casa en la aldea. Una aldea de 15 habitantes en la montaña, en contacto con la naturaleza, con la tierra, con los ritmos reales».
«No tendría sentido hacer una marca así y utilizar materiales que no tienen nada que ver con lo que contamos», sostiene. «Las pregoneras no son solo las mujeres que pueden bailar, caminar ligeras o moverse sin ayuda. También son las que apenas pueden salir de casa. Las que tienen una enfermedad. Las que han engordado. Las que están muy delgadas. Las que necesitan comodidad de verdad. Las que tienen el cuerpo cambiado por la edad, por la vida, por los partos, por los tratamientos, por lo que sea».
Sus tallas deambulan desde la S hasta la 3XL. Yolanda Sáenz de Tejada YVázquezdemimadre trabaja con talleres de proximidad «y con mujeres profesionales de la confección». Con cuidado, lentitud y coherencia. Llega a la pregonera (tu madre, tu abuela, tu tía, tu vecina…) en un packaging mimado, a modo de regalo de lujo, vía online a través de la web de La Pregonera. «Como un regalo pensado. Como una forma de decir: ‘Gracias, esto es para ti, esta vez pensamos en ti'», recalca.
Una vez al mes, La Pregonera llega a un pueblo con aires de fiesta. «Vamos a crear un acontecimiento alrededor de las mujeres mayores del pueblo, de sus pregoneras. Es un evento para ellas. Por eso vamos a trabajar muy cerca con los ayuntamientos», explica. Esas mujeres reales ‘desfilan’ con las batas, «con su edad, su cuerpo, su forma de andar y su manera de estar». Yolanda Sáenz de Tejada graba un videopodcast en la casa de una ‘mujer referente’. Las hijas de Yolanda, de 29 y 24 años, «mis vikingas» son socias de La Pregonera (al igual que la pareja de Yolanda).
«He estado grabando a pregoneras estos meses, entrando a sus casas. Me han contado su vida, me han emocionado, me he abrazado a ellas y ahora todo eso lo vamos compartiendo en las redes porque ellas son nuestra marca. Hay un equipo de community detrás preparando cada vídeo con muchísimo respeto y amor porque saben que es el pregón de cada una de nuestras mujeres».
Sus hijas, ‘las vikingas’ quieren una bata. Yolanda responde: «Tendrán una igual que su abuela».
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