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La psicóloga Beatriz Galván analiza la fortaleza mental y las características que debes tener para fomentarla. / Wildfox Couture.

Fortaleza mental

Las ocho preguntas que debes hacerte para saber si eres fuerte mentalmente

El coach Scott Mautz ha desarrollado un cuestionario que sirve para autoevaluar de manera personal la fortaleza mental de cada uno.

Por Sara Flamenco

14 de junio de 2024 / 08:00

La fortaleza mental es el conjunto de recursos psicológicos que tenemos o vamos adquiriendo con el tiempo y que nos sirven para enfrentarnos a los retos y situaciones complejas de la vida. Cuanto mayor sea esa fortaleza emocional, más fácil resultará vencer la incertidumbre, reconocer los deseos propios (y no los impuestos por el entorno social) y decidir qué camino tomar. En relación a esto, el reputado coach Scott Mautz ha publicado el libro El líder mentalmente fuerte, en el que define esta característica «como la capacidad de autorregular las emociones, los pensamientos y los comportamientos para lograr resultados excepcionales a pesar de la adversidad».

El autor asegura que, en sus 30 años de investigación, ha conseguido desarrollar un cuestionario que sirve para autoevaluar de manera personal la fortaleza mental de cada uno. Se trata de ocho preguntas a las que tienes que responder de forma sincera. Hemos hablado con Beatriz Galván, psicóloga experta en apego y trauma, para analizar punto por punto la importancia de cada una de estas preguntas que propone Mautz para entender realmente dónde reside la fortaleza de cada una de las características que el autor quiere resaltar. Veamos las preguntas y cada uno de los comentarios de la experta:

1. ¿Cómo me comporto ante un revés de la vida?

Según Mautz, «cuando estás sorteando obstáculos y enfrentando desafíos, es probable que haya momentos de derrota». Pero lo que determina una mayor fortaleza mental es la capacidad de levantarse y seguir hacia delante. Estamos hablando de la resiliencia, que según Beatriz Galván, es «la capacidad para adaptarnos y superar situaciones adversas, como el estrés, la adversidad o el trauma. La resiliencia implica la capacidad de procesar las situaciones difíciles, recuperarse ante las dificultades y enfrentar los desafíos con determinación».

Ser resiliente supone manejar las dificultades desde la aceptación, la adaptabilidad, el autocuidado y la búsqueda de apoyo, todo ello con una actitud más constructiva, positiva y centrada en la búsqueda de soluciones, no dejándote llevar por los problemas. Según asegura la experta, la resiliencia puede beneficiarte de varias maneras, mejorando tu capacidad para manejar el estrés y la presión, aumentando tu autoestima y confianza en ti mismo, ayudándote a superar situaciones difíciles, fortaleciendo tus relaciones personales y profesionales y, en definitiva, mejorando tu bienestar emocional y mental. «La resiliencia te ayuda a enfrentar los desafíos de la vida con fortaleza y optimismo, lo que puede mejorar tu calidad de vida y tu capacidad para alcanzar tus metas y objetivos», asegura Galván.

¿Y cómo conseguimos todo esto? La experta opina que es importante tener una actitud proactiva y para ello nos da unas pautas para comportarnos de forma positiva ante una situación difícil, puesto que «son parte del aprendizaje y del crecimiento personal»:

  1. Aceptar la situación: «Reconocer y aceptar que algo negativo ha ocurrido es el primer paso para poder superarlo», indica Galván.
  2. Pedir ayuda si es necesario: «Es importante contar con un sistema de apoyo en momentos difíciles», comenta la psicóloga. Por ello, anima a no tener miedo de pedir ayuda a amigos, familiares o profesionales si lo necesitas.
  3. Reflexionar sobre lo sucedido: analiza la situación y trata de identificar qué salió mal y qué lecciones puedes aprender de ella para evitar cometer los mismos errores en el futuro.
  4. Mantener una actitud centrada en las soluciones: aunque la situación sea difícil, se trata de enfocarte en encontrar soluciones en lugar de centrarse solo en lo ocurrido, lo que puede hacerte entrar en un bucle del que no encuentres salida fácilmente.
  5. Buscar nuevas oportunidades: aprovecha el revés como una oportunidad para crecer y mejorar. Busca nuevas metas o caminos a seguir que te ayuden a superar la situación.
  6. Cuidar de ti mismo: «No descuides tu bienestar emocional, físico y mental. Dedica tiempo para cuidarte y hacer actividades que te hagan sentir bien», aconseja le experta.
Ser resiliente es un signo de fortaleza mental. / Foto de RF._.studio en Pexels.

2. ¿Trabajo bien bajo presión?

«Ser mentalmente fuerte significa pensar en desafío en lugar de amenaza», asegura Mautz. Y es que la capacidad de un individuo de trabajar bajo presión dice mucho sobre la forma en la que esa persona piensa y su modo de responder a los estímulos estresantes, tan habituales en el día a día. Eso sí, Beatriz Galván pone el foco en cambiar la situación si es necesario: «Trabajar con límites temporales o más carga de trabajo, no deja de ser una situación estresante, y lo ideal es que esto no se mantenga en el tiempo como condición de trabajo, puesto que no beneficia el bienestar emocional», dice. Pero, ante una eventualidad de este tipo, aporta una serie de tips para poder afrontar estas situaciones:

  1. Organízate: «Mantén una lista de tareas prioritarias y establece plazos realistas para completarlas», aconseja. Esto te ayudará a mantener el enfoque en las tareas más importantes y a evitar sentirte abrumado con la cantidad de trabajo a realizar.
  2. Prioriza: en situaciones de alta presión, es importante identificar las tareas más importantes y urgentes. Dedica tu tiempo y energía a completarlas primero para ponerte después con lo menos importante.
  3. Mantén la calma: «Es normal sentirse estresado bajo presión, pero trata de mantener la calma utilizando estrategias que te ayuden a ello como las respiraciones profundas te pueden ayudar», sugiere Galván.
  4. Comunica: «Si te sientes abrumado o necesitas ayuda, no dudes en comunicarte con tus colegas o superiores. Pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino de inteligencia», recomienda.
  5. Toma descansos: es importante tomar descansos cortos para recargar energías y mantener la claridad mental. Eso no te hará menos productivo, al contrario, logrará que estés más fresco para afrontar la sobrecarga de trabajo cuidando de tu salud mental en el proceso.
  6. Aprende a delegar: si es posible, delega tareas en otros miembros del equipo para distribuir la carga de trabajo y completar las tareas de manera más eficiente.
  7. Aprende a decir no: en situaciones de alta presión, es importante saber cuándo decir no a tareas adicionales que podrían afectar tu desempeño en las tareas prioritarias.

3. ¿Busco la aprobación de los demás?

«Las personas mentalmente fuertes buscan la autenticidad, no la aprobación», concluye Scott Mautz. Y es que buscar la validación externa es muy peligroso, ya que puede erosionar la confianza en ti mismo. «Buscar validación externa ocasionalmente puede ser beneficioso para obtener retroalimentación y diferentes perspectivas, pero depender demasiado de ella puede tener consecuencias negativas en la autoestima, la confianza y la autenticidad personal», advierte la experta. Estos son los problemas que conlleva este comportamiento:

  1. Dependencia excesiva: «Buscar constantemente validación externa puede llevar a una dependencia excesiva de la opinión de los demás para tomar decisiones, lo que puede disminuir la confianza en ti mismo y en tus propias habilidades», previene Galván.
  2. Inseguridad crónica: si una persona se acostumbra a buscar validación externa para cada acción que realiza, puede dudar constantemente de sus propias capacidades y decisiones.
  3. Falta de autenticidad: según la psicóloga, centrarse demasiado en la validación externa puede llevar a una falta de autenticidad, ya que la persona puede terminar actuando según lo que cree que los demás quieren ver en lugar de ser fiel a sí misma.
  4. Riesgo de manipulación: ssto es muy interesante, y puede que no lo hayas pensado hasta ahora. Galván lo tiene muy claro: «Si una persona busca validación externa de manera excesiva, corre el riesgo de ser manipulada por aquellos que buscan influir en sus decisiones para su propio beneficio, en lugar de actuar en su propio interés».
Depender de tu propia opinión y no de la de los demás es una muestra de fortaleza mental. / Foto de Jonathan Valdes en Pexels.

4. ¿Me comparo con los demás?

Mautz asegura que «compararte con los demás a menudo te hace sentir pequeño e inadecuado». Es muy habitual que compares tus propias debilidades con las fortalezas de los demás, por lo que siempre vas a salir perdiendo. «Ese proceso de comparación con los demás puede generar sentimientos de inferioridad, insatisfacción o envidia, y puede limitar nuestro crecimiento personal al enfocarnos en las fortalezas de los demás en lugar de en las nuestras propias», advierte Beatriz Galván. ¿Y por qué lo hacemos? La experta asegura que es algo multifactorial, ya que puede tener que ver con varias características de nuestra personalidad o nuestra propia historia como la falta de confianza en uno mismo, una autoestima erosionada, problemas de autoaceptación, las experiencias pasadas, la propia personalidad del individuo o incluso la presión del entorno social.

5. ¿Soy capaz de aceptar riesgos y cambiar para crecer personalmente?

«Salir de tu zona de confort te da la oportunidad de experimentar nuevas situaciones, aprendizajes y desafíos. Esto promueve la autoconfianza, aumenta la capacidad de adaptación y el crecimiento personal», comenta Beatriz Galván. Según subraya Mautz, esto implica «pensar en grande, asumir riesgos, dejar atrás la incomodidad, probar cosas nuevas y aceptar el cambio en pos de algo que valga la pena». Y es que según asegura la experta, limitarte a funcionar siempre de la misma manera y en los mismos entornos, puede suponer quedarte estancado, limitar tus oportunidades de aprendizaje, de crecimiento, y de desarrollo personal. A su vez esto puede generar respuestas de insatisfacción, sensación de rutina, y de falta de avance en la vida.

6. ¿Sé autorregularme emocionalmente?

Scott Mautz considera que las personas emocionalmente fuertes «no dejan que las emociones negativas se apoderen de ellas». Esto, que tan claro queda sobre el papel, es más complicado de lograr de lo que parece, ya que supone un control de las propias emociones que no siempre conseguimos. «La autorregulación emocional es la habilidad para gestionar nuestras emociones y responder a ellas de manera efectiva. Incluye la capacidad para conectar con nuestras propias emociones y manejarlas», explica Galván. «Esta capacidad se va adquiriendo a lo largo de la infancia, mediante la interacción con nuestros padres, madres y cuidadores. Dependiendo de cómo fueron esas Esta capacidad se va adquiriendo a lo largo de la infancia interacciones, y cómo nos acompañaron emocionalmente, sabremos autorregularnos de forma más o menos eficaz», continúa.

Entonces, si es una habilidad adquirida en la infancia, ¿no se puede trabajar en la edad adulta? Por supuesto que sí. Beatriz Galván asegura que hay herramientas: «trabajando en tu autoconocimiento y conexión con tus emociones, aprendiendo técnicas de relajación, aprendiendo y empleando habilidades de comunicación, practicando la atención plena, trabajando tus pensamientos, practicando actividad física, apoyándote en personas de tu entorno y mediante la psicoterapia».

7. ¿Soy una persona indecisa o no tengo miedo a tomar decisiones?

Galván asegura que tomar decisiones propias es fundamental para expresar tu autonomía, identidad y valores personales, permitiéndote asumir la responsabilidad de tu vida, desarrollar tu autoconfianza y definir el rumbo que deseas seguir. «Dejarse llevar por las decisiones de los demás puede llevar a una sensación de falta de control sobre tu propia vida, baja autoestima y frustración. También podría resultar en arrepentimiento, insatisfacción y alejamiento de tus propios deseos y metas», advierte la experta.

8. ¿Conozco mis propias debilidades y las afronto?

La introspección es la capacidad de reflexionar y observar tus propios pensamientos, emociones y experiencias internas. Es un proceso de autoconocimiento y autoexploración que te ayuda a comprenderte mejor a ti mismo. «El ejercicio de exploración y reflexión acerca de lo que piensas, lo que sientes y lo que vives te ayuda a conocerte mejor, identificar tus fortalezas y áreas de mejora, y tomar decisiones más alineadas con tus valores y objetivos personales. La introspección te permite identificar tus debilidades, comprender su origen y cómo te afectan. Al conocerte en profundidad, puedes desarrollar estrategias para afrontar y superar esas debilidades, potenciando así tu crecimiento personal y emocional», concluye Beatriz Galván.

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