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Sostenibilidad

Por qué el algodón de las prendas que tienes en tu armario no es tan bueno como crees

Disfrazar de orgánico el algodón convencional está a la orden del día. Tu interés por mejorar será el que marque el cambio, pero debes tener en cuenta algunas cosas. El fundador de SKFK nos da las claves.

Por Sara Trueba Rodríguez

1 de marzo de 2023 / 13:30

Descubre cuánto algodón hay en tu armario. Seguramente será el tejido mayoritario… Denim, popelín, punto, terciopelo… Es la fibra más producida de todo el planeta, y su cultivo, de los más antiguos. Desde que el mundo comenzó a despertar en torno a cómo afecta nuestro consumo y estilo de vida en el medioambiente, el algodón ha estado en el punto de mira. Hoy se habla mucho del algodón orgánico como la alternativa segura y consciente.

A pesar de ello, esto puede ser solo palabrería porque, ¿qué hay de verdad detrás de la mayoría de etiquetas que, bajo el apellido «concious» o «sostenible», solo buscan ganar tiempo y dinero a costa de otras firmas que sí trabajan por ofrecer buenas prácticas que reduzcan de verdad la huella de carbono?

Dice Mikel Feijoo, fundador de la firma de moda sostenible SKFK, que vivimos una era tan contradictoria que «los mismos que se reían de marcas como la nuestra, en lucha por reducir los impactos negativos de la industria textil, una de las más contaminantes, ahora son los que hacen greenwashing».

Su firma española, ubicada en el País Vasco, se construye sobre unos férreos pilares que marcan el modelo de negocio. Y eso que ellos mismos dicen que no existe ninguna marca de moda 100% sostenible. De estilo contemporáneo y atrevido, no descuidan un detalle. «Si no puede ser sostenible, abandonamos esa idea», deben pensar ante cualquier decisión estratégica o de diseño.

Mikel asegura que se declara como algodón orgánico mucho más del que hay en realidad, algo que les debe generar mucha impotencia, ya que otras marcas van aprovechándose de la estela que ellos marcan. «Solo el 2% del total del algodón del mundo es orgánico en realidad…», señala.

De este modo, a no ser que ya hayas comenzado a preocuparte por el algodón que entra en tu armario, y aunque seguro que ya compras de manera habitual bajo la etiqueta de «orgánico», es posible que parte del algodón que tienes, usas y compras, sea aún algodón convencional (esté disfrazado o no de orgánico). Y más que probable teniendo en cuenta ese dato del 2%. Pero todavía hay tiempo de tomar conciencia.

Busca la certificación que asegure que es cultivo orgánico

Al margen de las palabras que utilicen, ¿cómo identificar el algodón verdaderamente orgánico del que no lo es? «Las únicas certificaciones que existen hoy son GOTS y OCS. La primera es más completa, y exige que toda la cadena de valor esté certificada y tiene en cuenta los temas no solo medioambientales, sino también los sociales. OCS solo certifica que el algodón sea orgánico».

Eso significa que GOTS asegura la procedencia del algodón, que su proceso de cultivo sea sostenible, que se obtenga partiendo de unas mínimas condiciones laborales justas. Además, profundizando en las cuestiones más sociales, de suelo y uso de recursos. Esto se llama agricultura regenerativa en la que muchas otras marcas como Stella McCarntey también ponen su atención. «Es imperativo que, como clientes, preguntemos de dónde viene esa prenda y cómo está hecha y si dicen que es sostenible que se exija el certificado que lo demuestre», asegura Mikel Feijoo.

¿En qué se diferencia el algodón orgánico del normal?

«El algodón en sí es un cultivo anual que requiere de mucha agua y una tierra fértil», comenta Feijoo. «Para el cultivo de algodón convencional, a la tierra se le añaden compuestos químicos como fertilizantes, herbicidas e insecticidas… El cultivo orgánico es menos productivo pero se lleva a cabo en una tierra viva y que se fertiliza de manera natural, no usa químicos. En cambio, usan rotación de cultivos, insecticidas naturales, plantas trampa para atrapar insectos dañinos, lucha biológica…», explica.

Y añade: «El algodón orgánico no esquilma la tierra, no la degrada. Como ejemplo, el mar de Aral se ha secado por el regadío de algodón en las últimas décadas».

Si es barato, es bastante probable que se trate de algodón convencional

Así, existen fórmulas para conseguir que GOTS sea la nueva biblia de la moda. SKFK, por ejemplo, trabaja con una cooperativa en India, Chetna Organic. Allí se produce la materia prima y Chetna lo que hace es ayudar a los agricultores a transformar sus tierras convirtiéndolas en cultivo de algodón orgánico (proceso que puede llevar hasta dos años). «Esta cooperativa controla toda la cadena de producción, desde el cultivo hasta las marcas pasando por procesadores de fibra, hiladores, tejedores, confeccionistas… Somos unas quince marcas las que utilizamos este sistema. Compramos el algodón antes de que se siembre y así aseguramos un precio de compra justo y pactado con toda la cadena de valor».

La compra directa a los agricultores se hace sumando un 13,4% al precio fijado por el gobierno de la India. Esto, forzosamente, debe repercutirse en el precio final del producto. Así, es lógico pensar que las firmas que producen localmente con pequeñas comunidades de artesanos o que, como SKFK, trabajan con cooperativas de comercio justo, vendan productos más caros que las firmas que producen en grandes cantidades sin prestar atención ni a la calidad del producto ni a la comunidad que lo fabrica.

En este sentido, el cultivo del algodón ha estado históricamente ligado a la explotación. ¿Sigue habiendo algodón producido por medio de abusos a la población? «Uzbekistán es un caso, Xinjiang en China otro. Es lamentable».

Falta de información

En definitiva, es el consumidor (y su interés por cambiar las cosas) el que marcará la tendencia futura. Y es que, con el algodón en la mano y sin etiquetas ni certificaciones que marquen la diferencia, no hay diferencia. ¿Podríamos identificar cuál es algodón convencional u orgánico con el paso del tiempo? «La verdad es que no», concluye el fundador de SKFK.

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