
No siempre es falta de ganas. A veces es cansancio acumulado, expectativas imposibles y una historia con la comida que nadie se ha parado a escuchar. Foto: Pexels
Querer no siempre es poder
La gran mentira de que adelgazar es cuestión de fuerza de voluntad
Si bajar de peso fuera un camino de rosas todo el mundo lo lograría a la primera. Pero las personas no somos solo nuestros kilos. También pesan los hábitos y el entorno.
17 DE FEBRERO DE 2026 / 14:00
Si no adelgazas es porque no quieres. Con un poco de fuerza de voluntad, ya verás como bajas de peso. Querer es poder. Mensajes que repiten la idea de que adelgazar es cuestión de voluntad y que se clavan como puñales en quien lucha contra la báscula sin ver resultados. María M. Yuste, dietista-nutricionista de Bmum, lo explica sin rodeos: «Simplifican un proceso que es mucho más complejo y, además, pueden resultar injustos. Comer bien o cambiar hábitos no es solo cuestión de ‘querer’, sino de aprender, tomar conciencia, entenderse y cuidarse». Y las circunstancias personales de cada persona, sus horarios de trabajo, el dinero o las obligaciones familiares, pueden engullir a los buenos propósitos de perder peso.
Porque adelgazar no se reduce a querer perder peso. «En ese caso, si la persona no lo consigue, se siente culpable. Como si el problema fuera ella, cuando en realidad influyen muchos factores emocionales, sociales y vitales». Desde su experiencia clínica, Yuste insiste en que la nutrición no puede abordarse solo desde lo que se come, es necesario tener en cuenta también cómo se vive. «En nutrición es fundamental unir la evidencia científica con la relación que cada persona tiene con la comida, buscando un equilibrio que permita cambios reales y sostenibles», apunta.
Escuchar antes de pesar
La primera consulta con un nutricionista dista mucho de ser un simple análisis de alimentos permitidos y prohibidos. En ese primer encuentro, el profesional necesita conocer a la persona, por lo que ejerce casi más como psicólogo que como nutricionista. «Antes de hablar de alimentación, lo primero que hago es escuchar», explica la nutricionista de Bmum. «Me interesa conocer la historia clínica de la persona —si hay patologías, intolerancias o síntomas—, pero también su historia emocional y vital. Tengo que saber en qué momento de su vida está, cómo es su día a día y qué relación tiene con su cuerpo y con la comida».
Escuchar no es un gesto secundario, es la base del proceso. «No se trata solo de saber qué come, sino de entender cómo vive su alimentación, cómo se siente y qué le preocupa. Muchas veces, escuchando sus palabras y emociones descubrimos sus miedos, bloqueos o hábitos que nos permiten plantear cambios más efectivos».
A partir de ahí, se pasa a la parte práctica. «Hablamos de alimentación de forma sencilla, con pasos claros, realistas y adaptados a su contexto. Porque los cambios solo funcionan cuando son posibles y se pueden llevar a la práctica en su vida real», señala.
La dieta como un traje a medida
Pretender adelgazar con la dieta de Ibai Llanos o la del influencer de turno es un sinsentido. Ni tienes su dinero, ni su tiempo. Yuste lo subraya con rotundidad: «No existen dietas universales que funcionen para todo el mundo porque cada persona es diferente, con sus propios horarios, rutinas, gustos, emociones, historia personal y necesidades».
Insiste en que «la dieta debe trabajarse como un traje a medida. Una pauta que no se adapta a la vida real de la persona es como intentar usar una llave que no es la tuya: puedes probar, pero simplemente no encaja», explica. “Solo cuando la alimentación se ajusta a la persona, realmente funciona y se mantiene en el tiempo».
Los fracasos pesan más que los kilos
La fuerza de voluntad influye, sí, pero ni mucho menos lo es todo. Según Yuste, «pesan mucho más las creencias que una persona tiene sobre la comida y sobre sí misma, el apoyo que recibe, lo que le han dicho durante años, su nivel de estrés, descanso y autoestima».
También influye —y mucho— el momento vital. «No es lo mismo alguien que llega agotado después de haberlo intentado muchas veces que alguien que llega con más estabilidad. La confianza y la motivación interna pesan más que la fuerza de voluntad», afirma.
No te exijas perder peso
Los procesos de pérdida de peso o cambio de hábitos no siempre dan los resultados esperados. Y surge la culpa. «Genera frustración, baja autoestima, sensación de fracaso y una desconexión con el propio cuerpo», advierte la experta.
«Muchas personas llegan a la consulta diciendo: ‘Necesito que me regañes», reconoce. «Pero eso no funciona a largo plazo». Desde su experiencia, lo que sí funciona es «acompañar a la persona para que pueda reflexionar, comprender qué está ocurriendo y asumir su proceso desde la responsabilidad. Siempre desde la amabilidad y el autocuidado. Jamás desde desde la exigencia o el reproche».
Porque, como señala, “la relación con la comida suele ser un reflejo de la relación que tenemos con nosotros mismos: cuanto más respeto y comprensión hay, más sostenible es el cambio”.
Superar la idea de estar a dieta
Una parte fundamental del trabajo del nutricionista es acompañar y reeducar. Cuando el estilo de vida deja de vivirse como una imposición y se convierte en algo positivo, los cambios se mantienen y la salud mejora de verdad. «Para que una pauta funcione debe encajar en el día a día de la persona. No se trata de vivir para la dieta, sino de que la alimentación acompañe a la vida real», explica.
«Cuando una pauta no es realista ni flexible, tarde o temprano se deja. La clave está en construir hábitos que puedan mantenerse en el tiempo sin sentirse atrapado ni en constante lucha”, añade.
Bienestar psicológico vs objetivos estéticos
Para que perder peso no nos cueste la salud mental, «debe existir un equilibrio. Comer bien y verse bien tiene un impacto positivo en el bienestar psicológico. Y la parte estética no es superficial: sentirse cómodo con la ropa y con el propio cuerpo es importante para muchas personas. Pero nunca debería lograrse a costa de la salud mental. La estética debe ser una consecuencia de la salud, no de un sacrificio constante», concluye la experta.
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