
En lo que edad se refiere, es hora de replantearnos los referentes. Foto de Cottonbro Studio (Pexels).
Los 75 son los nuevos 65
Envejecer bien no se improvisa: ¿cómo quieres llegar a mayor?
No somos la edad que pone el DNI, sino la que nosotros decidimos tener. Y eso no se hace de un día para otro.
Por Paka Díaz
1 DE JULIO DE 2026 / 07:30
Durante décadas, dibujamos la frontera en la que nos hacíamos personas mayores a los 65 años. Pero en nuestra cabeza también teníamos una casa en propiedad a los 20 o hijos con 30. Era una línea administrativa, más que biológica. Este patrón sobre la edad era nuestra forma de ver el mundo y de autopercibirnos. En los 65 tocaba la jubilación, los relojes grabados y la fiesta de los compañeros de toda la vida. Es decir, una idea antigua de vejez.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, la esperanza de vida en España es de 84,01 años al nacer. Pormenorizando por sexos, los hombres llegarán a unos 81,38 años y las mujeres, que ya sabemos que somos más longevas, a los 86,53 años. Si miramos cuántos de esos los viviremos en plenitud, las cifras de healthspan o esperanza de vida saludable nos sitúan en unos generosos 70-72 años.
Con estas cifras en la mano, pensar que una persona con 65 años es un anciano no es un insulto, sino una afirmación que no se sostiene.
De la ancianidad a la edad prospectiva
Cumplir cada vez más años y con moderada salud hace que sea preciso revisar dónde se sitúa la frontera entre la madurez y la ancianidad, entendido como ese punto de inflexión donde la salud se resiente y nos acercamos a la dependencia.
El doctor José Viña, catedrático de Fisiología en la Universidad de Valencia y uno de los mayores expertos internacionales en longevidad, explica que ese declive se produce en tres etapas. «Primero está la etapa en la que cumples años en una forma vigorosa. Luego empieza a llegar la fragilidad, que es cuando pierdes el equilibrio, te cuesta abrir botes… Finalmente, llega la dependencia», explicaba en un reciente evento para Solgar.
La tercera edad se redefine
Ese tercer estadío al que alude el profesor Viña es lo que siempre se ha considerado la ancianidad o tercera edad. En la actualidad suele llegar bien entrados los 70. Los expertos en demografía han acuñado para esto un nuevo concepto: la edad prospectiva, el indicador demográfico que mide la edad en función de los años que le quedan de vida a una persona de forma hipotética.
Se mira la edad desde el futuro probable. Ya no solo cuenta el pasado vivido, sino cuántos años quedan y con qué calidad se van a vivir.
Para que ese momento sea lo más tarde posible, hay que trabajar, como recalcaba el investigador Manel Esteller en WeLife Longevidad, la epigenética para la longevidad.
Tu horizonte vital
El bioquímico y divulgador Pere Estupinyà, autor del libro ¿Qué quieres ser de mayor? (Ed. Debate), lo explica desde una visión motivacional: «La edad prospectiva es el cálculo aproximado de los años que tenemos por delante. Si nos cuidamos, estadísticamente podemos confiar en una edad prospectiva mucho más larga y con mejor salud de la imaginada. Eso hace que nos planteemos qué queremos hacer con todo este tiempo extra de calidad».
¿Qué vas a hacer a los 70?
El médico internista y geriatra Ignasi Coll apunta que «la edad prospectiva cambia la pregunta. Ya no solo se trata de cuántos años tienes, sino qué horizonte vital tienes por delante».
Hoy una persona de 75 no siempre se parece a una de esa edad de hace décadas. Muchas llegan con mejor salud, más autonomía y más proyectos. La consecuencia práctica es que hay que tomar nuevas decisiones de prevención, actividad, vivienda, vínculos o incluso trabajo. Porque es distinto cuando se asume que quedan 20 o más años por delante con visos de tener buena salud.
La frontera de los 65

A día de hoy, la frontera rígida de los 65 tiene poco sentido clínico. «Hay personas de 65 con fragilidad importante y personas de 80 plenamente autónomas», recuerda Coll. En geriatría manda la valoración funcional: fuerza, movilidad, equilibrio, cognición, fragilidad, medicación, audición y visión, entorno y objetivos de vida.
Tu edad la decides tú
La prevención se personaliza: importa menos la fecha del DNI (la edad cronológica a la que siempre alude la catedrática Mónica de la Fuente) que la reserva disponible y las metas del paciente. Pere Estupinyà indica lo que supone cambiar hábitos. «En personas con genética normal, el 80% de su longevidad depende de los hábitos de vida, y solo el 20% de aspectos genéticos», afirma. Por eso hay que ser conscientes de que hay un amplio margen para decidir.
Con una esperanza de vida de más de 84 años en España, los expertos estiman que alguien es considerado viejo solo cuando le restan 15 años o menos de vida. Esto eleva el umbral de envejecimiento formal en España a los 76 años.
Esto vendría a ser algo así como que los 75 son los nuevos 65.
Los tiempos cambian, la ‘vejez’ también
La pregunta que surge es dónde empieza la vejez hoy. No en los 65, ni siquiera necesariamente en los 70. «De ningunísima manera. Nadie es viejo a los 65 ni a los 70″, zanja Estupinyà. «Quizá a partir de los 75, algunos, en función de su estado físico, actitud vital y autopercepción, pueden considerarse viejos. Pero siguen siendo minoría. La vejez no la marcan los años, sino el estado físico y mental», añade. Coll coincide: menos número, más función.
La planificación, teniendo en cuenta la edad prospectiva, evita sustos y abre posibilidades. Adaptar la vivienda antes de necesitarlo, decidir dónde y con quién vivir, entrenar el músculo como un órgano de supervivencia —perderlo multiplica caídas, miedo y dependencia—, cuidar audición y visión para mantener interacción social, hablar de voluntades anticipadas con calma.
«Envejecer bien no se improvisa a los 85. Se empieza mucho antes», recuerda Coll. Y Estupinyà redondea: «La tercera edad no es la última, es la penúltima, antes de la cuarta, que empieza cuando llega la fragilidad y la pérdida de autonomía».
Reescribir el guion
El margen que propone la edad prospectiva invita a pensar en hacer varios movimientos simultáneos. Cuidar la base con ejercicio de fuerza 2 o 3 días por semana, dieta antiinflamatoria, sueño razonable, manejo del estrés, chequeos preventivos, vida social activa y un propósito que nos levante de la silla. Toca reescribir el guion de tu propia vida.
«Debemos sentirnos más empoderados e ilusionados en tener objetivos más amplios. Y reinventarnos, si queremos», propone Estupinyà.
Ante todo, evitar el autoedadismo
El autoedadismo, recuerdan los expertos, además de injusto, es biológicamente antieconómico. La inactividad y el aislamiento acortan horizonte y calidad. Por contra, el cambio de mirada trae beneficios inmediatos. Quien se siente con futuro sale más, inicia proyectos, cuida vínculos y, paradójicamente, se cuida mejor. También conviene ahorrar para tranquilidad económica, aprender a regular emociones, conocerse mejor para elegir mejor y apostar por entornos verdes y redes de apoyo que sostengan el día a día.
La edad prospectiva no vende juventud eterna. Lo que hace es actualizar tu brújula. Si el horizonte se alarga, el presente por necesidad se debe ordenar. Y sin duda, cambiar paradigmas. Porque entrenar el músculo es proteger tu autonomía. También cultivar el propósito para sostener las ganas de vivir. Lo urgente, esta vez, coincide con lo importante.
La edad ya no es solo lo que marca el DNI. Es, también, lo que queda por vivir. O sea, mirar hacia el horizonte, no solo al retrovisor.
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