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NO TE PIERDAS Antes, el hialurónico o los retinoides; ahora, los exosomas. ¿Funcionan también los ingredientes cosméticos por modas?
Antes de dejarnos fascinar por el último hallazgo de la industria cosmética conviene preguntarnos si aporta más que los productos que ya tenemos en casa. FOTO: Lance Reis (Pexels).
En busca del activo milagroso
Cada año hay un ingrediente de moda. Antes, el hialurónico o los retinoides. Ahora, los exosomas. Y acabamos acumulando botes en casa.
Por Isa Espín
15 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / 07:30
Ácido hialurónico, vitamina C, retinol, niacinamida... Existen tantos activos como necesidades de la piel. Cada ingrediente cumple una función dentro de nuestra rutina de cuidado facial, pero, si bien es cierto que la evidencia científica, la calidad de los productos y las opiniones de los expertos son los que deben predominar, no podemos negar que el marketing tiene un papel importante en la industria.
A nadie se le escapa que los péptidos, la ectoína y el PDRN son los activos del momento, seguidos muy de cerca por los retinoides. Pero antes de eso fue la vitamina C y, antes, todo el mundo hablaba del ácido hialurónico. ¿Funcionan también los ingredientes cosméticos por modas?
¿Por qué parece que cada cierto tiempo hay un ingrediente cosmético que se convierte en el 'activo estrella'? "Cada vez hay más investigaciones, sobre todo a nivel de buscar un activo 'antiedad' que solucione a nivel global lo más temido por las mujeres: las arrugas", explica la farmacéutica Cynthia Gil. "Con esta tendencia van descubriendo activos que puedan funcionar en diferentes pieles", asegura.
La consumidora, cada vez más exigente, no para de buscar fórmulas innovadoras. Los laboratorios lo saben y van buscando 'el activo del año'. "La publicidad de ese activo y de la marca que lo saque influye mucho, y a partir de ahí otras marcas lo van incorporando a sus productos", sostiene la experta.
El problema que tenemos es que la novedad dura poco y queremos cada vez más. ¿Quién decide qué activo estará de moda: la ciencia, las marcas, las redes sociales o los consumidores? "Todos a la vez: la ciencia lo propone, las marcas lo encuentran en las diferentes ferias de activos que se hacen a lo largo del año y, luego, a través de las redes sociales, se hace viral para la consumidora".
Isabel Santos, farmacéutica y directora de Marketing y Marca Propia de Hefame (Interapothek) está de acuerdo y añade: "El consumidor busca respuestas sencillas a necesidades complejas. Resulta más fácil comunicar un ingrediente concreto que explicar una fórmula completa. Las marcas también necesitan diferenciar sus lanzamientos y las redes sociales favorecen mensajes muy directos: un activo, un beneficio y una promesa. Sin embargo, la eficacia de un cosmético no depende únicamente de su ingrediente protagonista, sino de su concentración, su formulación, su estabilidad y su adecuación a cada piel. Como farmacéutica, creo que es importante trasladar esa visión más completa".
Aunque es un proceso en el que todos participan —la ciencia puede identificar el potencial de un ingrediente; la industria lo transforma en un producto; las marcas y las redes sociales lo convierten en tendencia, y el consumidor determina finalmente si permanece en el mercado—, "los profesionales sanitarios tenemos un papel importante al contextualizar sus beneficios, sus límites y su idoneidad; la popularidad y la eficacia no siempre avanzan al mismo ritmo", añade.
Es habitual que un mismo activo se 'redescubra' con un nuevo nombre o un nuevo enfoque comercial. "Más que cambiarle el nombre al activo, lo que buscan los laboratorios es darle un nuevo enfoque comercial en función de los beneficios obtenidos después de un tiempo en el mercado. Un ejemplo: la niacinamida, empezó siendo un activo que mejoraba la función barrera. Ahora lo encontramos como antimanchas, potenciador de la luminosidad, para el sebo, los poros… Vamos, es la Virgen de Lourdes de la cosmética", explica Gil.
Otro claro ejemplo lo tenemos con el retinal. Al principio, debido a sus formulaciones, era agresivo en ciertas pieles; ahora las fórmulas son mucho más estables y ya tienen mucho más recorrido en la industria.
La tendencia se consolida cuando el consumidor lo reconoce, lo busca y empieza a asociarlo con un beneficio concreto. ¿El reto? Distinguir entre una innovación real y una narrativa comercial bien construida. "Por eso conviene revisar siempre qué ingrediente contiene realmente el producto, en qué concentración se encuentra y qué evidencia respalda las promesas asociadas", puntualiza Santos.
"Más que de aparición, hablaría de momentos de popularización porque muchos de estos activos se conocían mucho antes de convertirse en tendencia. El ácido hialurónico comenzó a tener una gran presencia cosmética antes que la niacinamida, los péptidos o el bakuchiol, que han ganado protagonismo de forma más reciente. Los exosomas representan una etapa todavía más nueva, muy vinculada a la biotecnología y a la investigación regenerativa. En cualquier caso, que un activo se popularice ahora no significa necesariamente que sea nuevo ni que supere a los anteriores", insiste Santos.
Todos estos activos responden a la necesidad de innovar y renovar el interés del consumidor, pero también muestran que la cosmética avanza por ciclos. "Hay activos que dejan de ser tendencia y, sin embargo, siguen siendo fundamentales por su eficacia contrastada. Es el caso de los retinoides, la vitamina C, la niacinamida, los alfa-hidroxiácidos o el ácido hialurónico. En dermocosmética, la novedad puede ser interesante, pero la evidencia científica acumulada debe ser el criterio de elección", añade.
La consumidora ha sabido hacer una correcta lectura de estos clásicos, ya que, como asegura la farmacéutica Cynthia Gil, "el retinol, junto a la vitamina C y el ácido hialurónico, son los más buscados en nuestra parafarmacia; luego, bajo nuestro consejo, dirigimos a un activo u otro en función de las necesidades de cada piel".
Eso sí, la experta lo tiene claro: "Muchas veces asociamos que lo nuevo es lo mejor y nada más lejos de la realidad. Si nos vamos a estudios de eficacia, la ciencia siempre habla y muchos activos que estuvieron de moda ya no están en las formulaciones de ahora".
Entonces, ¿tiene sentido cambiar la rutina cada vez que aparece un nuevo ingrediente? Ambas expertas coinciden: "No, y además rotundo. Hay que valorar cada piel y cada persona en función de sus necesidades. Estamos en un punto de consumismo que asusta y vemos día a día mujeres que tienen más de 20 cosméticos en sus casas".
Esta acumulación —insiste Santos— "puede ser contraproducente. La piel necesita tiempo para adaptarse y para mostrar resultados, por lo que modificar varios productos a la vez puede generar irritación o dificultar la identificación de lo que realmente funciona. Una buena rutina debe construirse a partir de las necesidades de la piel, no de la sucesión de tendencias".
Esto no significa que no podamos probar cosas nuevas, pero debemos respetar las necesidades de nuestra piel, consultando los ingredientes, las evidencias y haciendo caso a los expertos. "Cuando se incorpora un nuevo activo, lo razonable es hacerlo de forma progresiva y valorar su compatibilidad con el resto de la rutina", puntualiza la titular de la farmacia Gil Vela.
Santos explica que la innovación en cosmética en los próximos años avanzará hacia fórmulas más precisas, personalizadas y respaldadas por datos: "Veremos un mayor desarrollo de la biotecnología, del estudio del microbioma, de la longevidad cutánea y de los sistemas de liberación de activos. También crecerá la exigencia en materia de sostenibilidad, tolerancia y demostración clínica de resultados".
"La pregunta que debe hacerse todo el mundo antes de comprar: ¿Lo necesito? ¿Resuelve mi problema? ¿Es el activo que va a llevar mi piel al siguiente nivel? Si las 3 son un sí, ya tienes un nuevo producto en tu neceser", destaca Cynthia Gil.
Lo mejor siempre es consultar a un experto antes de incorporar algo a tu rutina. Un ingrediente puede ser innovador y eficaz, pero no necesariamente adecuado para todas las pieles ni compatible con todos los productos. El farmacéutico o experto en dermocosmética puede ayudar a valorar si responde a una necesidad real, cómo introducirlo y qué precauciones tener en cuenta. "Creo que el verdadero avance en cosmética no será formular con más ingredientes, sino hacerlo mejor y recomendar de una manera más individualizada", sentencia la farmacéutica Isabel Santos.