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Hay mil posibles maneras de disfrutar del kéfir. FOTO: Freepik.
ALIMENTACIÓN
El kéfir está de moda, y con razón: mejora la digestión, fortalece las defensas y se adapta a cualquier dieta. Descubre cómo este aliado de la microbiota puede revolucionar tu salud desde el intestino.
Por María Corisco
3 DE ABRIL DE 2025 / 16:34
Hasta hace poco, el kéfir era una rareza, una especie de yogur de nombre extraño que se asociaba vagamente a nichos de alimentación saludable, dietas hípster o tiendas ecológicas. Pero este fermentado ancestral, originario de las montañas del Cáucaso y consumido en Asia Central desde hace siglos, ha pasado en los últimos años a convertirse en un básico en el carrito de la compra de cada vez más españoles. La clave, sus múltiples propiedades saludables que, incluso, favorecen la longevidad.
Así, lo que en un primer momento pudo empezar como curiosidad - ¿qué será esa bebida ácida que tantas influencers recomiendan?- ha terminado por convertirse en un hábito para muchos españoles: un vaso de kéfir por la mañana, un smoothie fermentado después del entrenamiento o un aliado para aligerar digestiones pesadas. Y no es solo su textura cremosa o su sabor ligeramente ácido y burbujeante: lo que realmente ha colocado al kéfir en el podio de los superalimentos son sus beneficios: hoy, la ciencia respalda lo que las culturas tradicionales ya sabían, que sus probióticos refuerzan la microbiota intestinal, ayudan a regular el tránsito y pueden incluso contribuir a mejorar la absorción de nutrientes.
La idea clave es que el kéfir es un lácteo fermentado. Podrías pensar entonces que es como un yogur, pero lo cierto es que, aunque comparten algunas similitudes, sus procesos, texturas y beneficios para la salud presentan diferencias clave.
En tiempos remotos, los pastores del Cáucaso descubrieron que la leche almacenada en bolsas de cuero fermentaba de manera natural y producía una bebida con propiedades nutritivas excepcionales. A esta bebida la llamaron keyif, término que hace referencia a la sensación de bienestar que produce al ingerirlo, y, a lo largo de los siglos, las sucesivas generaciones le atribuyeron propiedades curativas y lo consideraron un elixir de longevidad.
En el siglo XIX, el microbiólogo ruso Elie Metchnikoff, premio Nobel de Medicina, estudió el kéfir y su impacto en la salud intestinal, relacionando su consumo con una mayor esperanza de vida en ciertas poblaciones del Cáucaso. A partir de entonces, el interés científico en sus beneficios creció, y hoy se reconoce como un alimento probiótico, es decir, una fuente de microorganismos vivos que pueden mejorar la salud digestiva y fortalecer el sistema inmunológico.
Aun así, el kéfir seguía siendo desconocido fuera de comunidades tradicionales o círculos de alimentación alternativa. Hoy, sin embargo, aparece en supermercados, recetas de influencers y listas de superfoods. ¿Cómo pasó de ser un secreto de las montañas del Cáucaso a un must en las neveras saludables?
Ha habido varias tendencias que han favorecido este mayor conocimiento del kéfir, explica la nutricionista Carmen de Miguel: "Por una parte, el hecho de que en los últimos años la ciencia haya confirmado la importancia para la salud de una microbiota diversa, lo que disparó el interés por alimentos fermentados ricos en probióticos, como el kéfir. Asimismo, protocolos como la dieta antiinflamatoria, la low FODMAP o la cetogénica promueven alimentos que mejoren la salud digestiva. El kéfir, al ser bajo en lactosa, rico en enzimas y fácil de digerir, se convirtió en un aliado para quienes sufren hinchazón, intolerancias o síndrome de intestino irritable".
Según la experta, "aunque también haya influido en su popularidad el marketing de lo saludable, a su favor tiene que sus beneficios cuentan con una sólida base científica, así como su versatilidad para adaptarse a dietas variadas, ya que también se puede hacer kéfir de agua, apto para veganos". Así pues, no es sólo una moda, sino "el redescubrimiento de un alimento ancestral en un momento donde la salud intestinal está en el centro", señala, y apunta los siguientes beneficios:
Si nunca has tomado kéfir y no estás acostumbrado a los probióticos, la primera recomendación es comenzar con cantidades pequeñas para que tu intestino se adapte. Por ejemplo, con medio vaso al día durante una semana.