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Los probióticos puedes tomarlos en los alimentos fermentados o como complementos alimenticios./ Imagen: Unsplash.

Alimentación

Qué probióticos tomar y cómo hacerlo para aprovechar todos sus beneficios

Se han hecho un hueco en nuestra vida aunque no sepamos bien cómo actúan. Una experta explica qué son y cómo tomarlos para lograr todos sus beneficios.

Por Paka Díaz

24 de abril de 2023 / 06:00

Los probióticos empezaron por aparecer en los envases de las marcas de yogures más avispadas y acabaron por aparecer en casi todas. En paralelo, los médicos comenzaron a decirnos que los pidiéramos en la farmacia cuando nos recetaban antibióticos. Así han conseguido que en la calle ya esté el runrún. Ya nos suena que los probióticos nos ayudan y que debemos incorporarlos a nuestra dieta. Pero, ¿valen todos para lo mismo? ¿Cómo funcionan? Preguntamos a una experta, Ana Ortiz, gerente del área de Salud de Farmasierra, para que nos explique bien.

Doctora en Bioquímica y Biología Molecular, Ana Ortiz comienza por aclarar que “el término probiótico fue utilizado por primera vez en 1985 con el significado de «a favor de la vida», como opuesto al término antibiótico”. Por eso, aclara que “se trataría de factores de origen microbiano, estimulantes de la proliferación de otros organismos”. Con todo, el significado del término fue evolucionando hasta 1989. “Entonces, se estableció que los probióticos no eran sustancias, sino organismos propiamente dichos y que estos debían de llegar vivos al lugar de acción y producir un efecto beneficioso sobre quien los consumía”, apunta.

Qué son los probióticos

Después de tantas vueltas y a partir de todas esas premisas científicas, al final, un grupo de expertos internacionales fueron convocados por la OMS y la FAO en 2002. Entonces, definieron a los probióticos como “microorganismos vivos que, cuando son administrados en la cantidad adecuada, confieren un efecto beneficioso para la salud del sujeto que los recibe”.

“Esta definición de lo que es un probiótico implica varias cosas”, explica Ortiz, “que los microorganismos probióticos estén y se mantengan vivos en los productos en los que se suministran. Que sigan activos cuando interaccionan con el hospedador y que su dosificación debe ser aquella con la que se ha demostrado el efecto beneficioso. También que reproduzcan los efectos positivos de la microbiota autóctona. Por eso, en principio, cualquier componente de ella puede ser candidato a convertirse en probiótico”.

Por todo ello, recalca que “no pueden considerarse probióticos ni los microorganismos no viables (inactivados, muertos), ni las fracciones celulares de los microorganismos. Tampoco las sustancias o metabolitos producidos por los microorganismos, a pesar de que tengan efectos biológicamente beneficiosos para la salud humana y/o animal”.

Beneficios de los probióticos

Los probióticos ejercen su acción beneficiosa en nuestro organismo a través de diferentes mecanismos que, básicamente, pueden englobarse en tres categorías: «efectos antimicrobianos, efectos sobre la función de la barrera intestinal, efectos sobre el cerebro, por ejemplo, sobre el estado de ánimo, y efectos inmunomoduladores”, cuenta Ortiz. La farmacéutica señala que “por este motivo, muchas las personas incluyen probióticos en su dieta. Ya sea mediante el consumo de alimentos que los contienen, como a través de la suplementación”.

Entre los beneficios que destaca la experta están fortalecer el sistema inmune, al equilibrio de la microbiota intestinal. También proteger contra enfermedades respiratorias y en  enfermedades digestivas. Otros incluyen estimular la producción de vitaminas, mejorar la digestión y prevenir y tratar cuadros diarreicos. La lista sigue porque pueden ayudar con intolerancia a la lactosa, alergias y diarrea del viajero. Otros servirían para aliviar el estreñimiento e, incluso, para favorecer la estabilidad emocional.

Pero, además, Ortiz explica que la lista podría crecer mucho ya que “actualmente se están realizando muchos estudios sobre los beneficios y usos de los probióticos en patologías relacionadas con problemas gastrointestinales. Y en diversos tipos de enfermedad, como colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn, hígado graso, diabetes, dislipemias, obesidad, síndrome metabólicos o dermatitis”. La bioquímica destaca que “algunos de ellos con resultados muy notorios y otros muy esperanzadores”.

Probióticos de moda

Lo cierto es que la popularidad de los probióticos cotiza al alza, y cada vez es más habitual que te lo recomienden hasta tus amigos. “Muchos están implicados en la promoción de la salud, ya que ayudan a prevenir y evitar recaídas y curar algunas alteraciones, síntomas y enfermedades”, analiza Ortiz. También apunta esa razón como base de la buena fama  de la que gozan. “Y no sólo entre la población en general, sino que también entre los profesionales sanitarios”, puntualiza.

La experta señala que la mayor parte de los productos probióticos se encuadran en el marco de los complementos alimenticios. Pero hay algunos que están considerados y etiquetados como medicamentos y están incluidos en el Catálogo de especialidades farmacéuticas. “En este último caso, se trata de los que han demostrado su eficacia en tratar o curar alguna enfermedad”, dice. Por eso, considera que “si el probiótico tiene una eficacia demostrada sobre una patología, debería estar subvencionado por la Seguridad Social. Porque, en definitiva, estaríamos hablando de un medicamento”.

No todos los probióticos sirven para lo mismo

Con todo, la profesional recomienda prudencia y consultar siempre con expertos antes de consumir probióticos a la ligera. “Debemos ser cautos porque ni todos los productos comercializados como probióticos son igual de efectivos. Ni todos sirven para lo mismo, ni todos sirven para todo”, afirma. Por eso, recuerda que “es fundamental avalar científicamente el mecanismo de acción de los probióticos. Para que puedan ser acreditados como tales”.

Para saber cuál es tu necesidad y si hay un probiótico que te pueda ayudar, lo primero es comprender que “los efectos beneficiosos sólo pueden atribuirse a la cepa, es decir, que son cepa-dependientes. Por ello, el efecto beneficioso demostrado para una cepa microbiana no puede extrapolarse a la especie. Y menos aún a todo un grupo de probióticos”. O sea, no todos sirven para lo mismo.

Busca la cepa y pregunta a profesionales

“A cada probiótico debemos pedirle qué tipo de cepa/cepas contiene, cuál es el efecto beneficioso que produce, en qué estudios ha mostrado ese efecto y en qué cantidad ha mostrado ser beneficiosa”, explica Ortiz.

“En este sentido, podemos citar por ejemplo la cepa específica 35624® de Bifidobacterium longum. En diversos estudios clínicos ha demostrado su efecto beneficioso sobre el manejo y mejora de los síntomas asociados al Síndrome del Intestino Irritable”, cuenta la experta. Sin embargo, al mismo tiempo destaca que “este efecto no puede extrapolarse a toda la especie Bifidobacterium longum. Ni a los productos probióticos que incluyan en su formulación otras cepas de B. longum diferentes».

Otra cepa probiótica interesante es la Bifidobacterium longum PB-VIRTM. Se ha probado que ayuda en la prevención de infecciones respiratorias, al generar una respuesta inmunitaria y activar la respuesta antiinflamatoria. Pero no hay que olvidar que siempre hay que preguntar antes a los profesionales: médico, nutricionista o farmacéutico.

“Existe una cierta creencia de que los probióticos sirven para todo y no es así. Porque el que sea efectivo o no, depende de la cepa bacteriana probiótica, de la dosis y de las condiciones en las que se encuentra esa persona”, advierte Ortiz.

Cómo tomar los probióticos

La experta recuerda que tenemos dos posibilidades de tomar probióticos. Por un lado, “aumentando el consumo de alimentos que son considerados como probióticos naturales. Como los productos lácteos fermentados (yogures, leches y quesos), vegetales, carnes y pescados fermentados, con cantidades bajas de microorganismos . Sin duda contribuyen a una microbiota saludable”.

Otra opción sería decantarse por tomarlos “mediante el uso de complementos alimenticios o medicamentos con probióticos, que contienen concentraciones altas de microorganismos con eficacia demostrada”. Ambas opciones ayudan a fortalecer el sistema inmune, protegerte contra enfermedades respiratorias y equilibrar tu microbiota intestinal, entre otros beneficios.

No los consumas por tu cuenta

“En el mercado disponemos actualmente de un enorme número de probióticos tanto para la prevención como para el tratamiento de diversos síntomas”, explica Ana Ortiz, pero alerta: “Si no tomamos el probiótico adecuado, el que necesitamos en un momento y por una causa determinada, no sólo no obtendremos los efectos esperados. Además, podremos tener alguno inesperado, como molestias digestivas, entre otros. Por eso, lo más importante es acudir a fuentes fiables de información o consultar con un profesional médico, farmacéutico o nutricionista”.

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